Análisis

P. Humberto Lira. “María, Madre de Dios y Madre Nuestra”

El Congreso Eucarístico Arquidiocesano de Santa Cruz con el lema “Pan partido para la vida del mundo” es una convocatoria al Pueblo de Dios a un tiempo intenso de reflexión, compromiso y celebración para profundizar su fe en Cristo Eucaristía donde la contemplación a María, Madre de Dios y Madre Nuestra nos acompaña en la fidelidad al Evangelio.

 En nuestra celebración eucarística con especial frecuencia nosotros recordamos a la Madre de Jesús y Madre nuestra. Sabemos que ella tiene un especial afecto por nosotros, como nosotros lo sentimos hacia ella. Desde los inicios de nuestra fe, María ha estado presente. Ella acompaña a la primera Iglesia que suplicaba el cumplimiento de la promesa de Jesús: la venida del Espíritu. Y durante siglos ella ha estado en la mirada y en el corazón de los cristianos.

 Lo que pasa es que María es modelo que nosotros, como Iglesia de Jesucristo, queremos imitar. Nosotros queremos estar atentos a la Palabra de Dios tal como ella estuvo desde joven. Queremos que la Palabra se encarne en nuestro seno y que seamos capaces de entregarla al mundo, así como María lo hizo nacer en Belén y lo mostró a los pastores y a los reyes magos.

Queremos subir por las montañas, llevando al Cristo, para visitar a un anciana que necesita compañía. Queremos vivir entonando siempre el cántico que agradece las maravillas que Dios hace por nosotros, a pesar de la humildad de sus esclavos. Proclamamos con toda el alma que el pan lo deben tener los hambrientos y que los ricos se pueden ir con las manos vacías. Que Dios derriba de su trono a los poderosos y levanta a los humilides.

Vivimos intercediendo. Nos acercamos a Jesús, con temor y con confianza, cuando unos novios no pueden vivir con alegría su fiesta, y al oído le decimos: “No tienen vino”, “No tienen esperanza”, “No tienen ilusiones”, “No tienen energía”. Y a todos los que nos escuchan, una y otra vez les decimos sin cansarnos nunca: “Hagan todo lo que él les diga”.

De una manera especial acompañamos al Cristo doliente sobre el monte. ¡Esa es nuestra tarea más querida y nuestra misión más urgente! Permanecemos de pie junto a todos los que sufren: a los que están postrados en un hospital, a los niños discapacitados, a los drogadictos que no saben a quién recurrir, a los pobladores que necesitan una vivienda, a los jóvenes que buscan forjar con alegría su futuro, a los desempleados que buscan un trabajo para sustentar a sus familias, a los ancianos que se sienten abandonados y solitarios. Estamos de pie junto a todos los crucificados de este mundo, de cualquier raza, clase o condición.

  Y, desde luego, como María, somos los testigos primeros del triunfo del resucitado y de la fuerza extraordinaria del Dios de la vida. ¡Si! Dios deja vacías las tumbas y levanta con fuerza a los que murieron, para que gocen todos los días y todas las horas de la gloriosa resurrección. María sabe enjugar las lágrimas de nuestros ojos y sabe animar en nosotros las fuerzas de la vida. María nos acompaña en nuestra fiesta cotidiana y de una manera particular en el Congreso Eucarístico Arquidiocesano.

 Por eso, en la Eucaristía, afirmamos nuestra fe en Jesucristo, “que nació de Santa María Virgen”, “veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor”. Damos gracias al Padre por enviarnos a su Hijo, “nacido de María la Virgen, para que fuera nuestro Señor y Redentor”. Pedimos “que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, los apóstoles y los mártires…”. Y no podemos olvidar jamás que Jesús “se encarnó por obra del Espíritu Santo, nació de María la Virgen, y así compartió en todo nuestra condición humana menos en el pecado”.

 En muchas de nuestras reuniones celebramos las distintas fiestas de María: la Anunciación, la Visitación a Isabel, la Asunción al cielo y cuerpo y alma, el nombre de María, su Inmaculada Concepción, el Nacimiento de su Hijo Jesucristo.

 Recordamos a María de Nazaret también con diversos títulos o nombres: Virgen del Carmen, Virgen de Cotoca, Virgen de Urkupiña, María Auxiliadora, Virgen de Fatima, Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de América.

P. Humberto Lira Ramos, Sacerdote Diocesano, Licenciado en Teología Dogmática.