Análisis

Ostreicher se hizo gas

Al conocer la noticia de la fuga del señor Jacob Ostreicher y su llegada a los Estados Unidos no pude menos que sonreír, algo que llamó la atención de mi pariente espiritual quien me preguntó el motivo de mi sonrisa a lo que respondí: Es que fugar de Bolivia y llegar a Estados Unidos podría ser la figura más simétrica que huir de una cárcel y llegar a una pradera y gozar del aire libre a pleno pulmón.

Mi comadre cochabambina se unió a mi manera de pensar explicándome detalladamente que hace tres años se solidarizó con los sufrimientos del súbdito norteamericano quien tuvo la audacia casi demencial de invertir su cuantiosa fortuna en una empresa agropecuaria en tierras de Santa Cruz, las que comenzaron a progresar con esfuerzos humanos y maquinaria agrícola e industrial, lo cual despertó la envidia y la codicia de elementos nativos y de algunos personajes ligados al Gobierno del Estado Plurinacional y todopoderoso. La cholita cochabambina, que con algo de usura y esfuerzo permanente ha logrado amasar cierta fortuna, se estremeció al relatarme que algunos personajes codiciosos del bien ajeno acusaron al judío norteamericano de “ganancias ilícitas” que el Estado debería investigar y sancionar.

A esta altura de su relato, la cholita de Quillacollo comenzó a lagrimear y lloró sobre mis hombros al revivir los momentos cuando los investigadores de la fortuna de Ostreicher se apoderaron de varias toneladas de arroz que produjo la empresa del norteamericano, vendieron el producto y se apoderaron de la maquinaria agrícola, mientras el incauto inversionista era encerrado en las celdas de la cárcel de Palmasola.

Cuando mis hombros ya se hallaban mojados por las lágrimas de mi comadre, pues nuestras cholas bolivianas lloran tanto o mejor que las mujeres que intervienen en las tragedias griegas, mi comadre –entre hipos–  me describió a continuación las exacciones que sufrió el gringo por parte de funcionarios del Ministerio de Gobierno prometiéndole mejor trato judicial, su libertad y hasta la recuperación de sus bienes arrebatados. Ese drama duró largos años de reclusión en medio de la tragicomedia judicial representada por jueces y fiscales que sirven al Gobierno del Estado Plurinacional, Multicolor y Folklórico.

El drama que vivió Jacob Ostreicher parece haber llegado al final pues solidarios con las lágrimas de la cholita de Cochabamba, traté de abrazarla pero ella no se dejó; a una prudente distancia le rogué que cesaran sus llantos pues el gringo ya se encontraba en su país después de haber comprendido  que siendo Bolivia un país gasífero y petrolero lo mejor que podía hacer era hacerse gas y lo hizo. Ostreicher se hizo gas con la colaboración de muchos bolivianos que hoy y mañana se llamarán patriotas.

Macacha sonrió y me dijo con su mirada chaskañawi: Pediremos la extradición del gringo para disimular el papelón de “guardia fronterizo y de otros guardianes de nuestro territorio”.