Análisis

OPOSICIÓN Y UNIDAD CONDICIONADA

Mientras la democracia disponga cómo deben elegirse los gobernantes, lograr el respaldo mayoritario de quienes votan será indispensable. Es cierto que las reglas de la competición política pueden ser violadas por el oficialismo, impidiendo una genuina pluralidad o minando las potestades del ciudadano; sin embargo, entretanto haya ese marco, nos incumbe su aprovechamiento. Si bien los resultados de las últimas elecciones no lo demuestran, hay todavía muchos sujetos que son reacios a soportar la imbecilidad. Ellos motivan uniones, acuerdos destinados a retomar el poder. Obviamente, ningún tipo de alianza debe ser irrestricta. Puede unirnos el propósito de obtener la victoria, pero alejarnos los medios que se usen con esa finalidad. La revisión permanente de un enlace tiene utilidad si se confía en su perfeccionamiento, es decir, en tanto no adoptemos posiciones dogmáticas.

Es insuficiente que se coincida en insultos al Gobierno, antipatías, repulsiones; necesitamos también de ideas. Contando con valores, principios y planes, no habrá dudas acerca de la orientación que tendrá el proyecto. Se sabrá la ruta que hace viable el progreso de nuestra lucha. Admito que suena ilusorio; no obstante, existen personas capaces de juzgar propuestas, ponderarlas, sopesarlas antes del respectivo apoyo o desaprobación. De acuerdo con esta óptica, lo primero que importa es el fundamento doctrinario de las acciones. Si el objeto es oponerse al poder vigente, una pregunta central demanda que reflexionemos sobre los efectos perseguidos. Vivir sin criterios que muestren por dónde seguir es deplorable. Aunque los perjuicios que causemos jamás sean superiores a las calamidades del actual Gobierno, problemas de ubicación podrían llevarnos al abismo.

Con seguridad, el ideario nos depara los propósitos que debemos alcanzar. La renovación de las esperanzas encuentra allí una fuente incesante. Pero, aun cuando esto sea indiscutible, hallamos otro elemento que debería ser determinante para nuestras alianzas: la ética. En este caso, me refiero al obrar que trasciende los ámbitos de la política. Sucede que, sin excepciones, el comportamiento de quienes nos acompañan en la lidia debe ser íntegro. No interesa vincularse a seres que tengan una conducta vomitiva, indignante, vil. Creo que conviene dejar las ruindades a los gobiernistas. El principal contraste que mostremos a los demás ciudadanos debe partir de la cuestión moral. Tiene que unirnos la rectitud, una clara inclinación por el bien de los individuos, así como un rechazo irreductible a las injusticias. No corresponde aguantar indecencias en aras de mantener afiliaciones.

Una asociación que tenga pretensiones políticas no debe tolerar la idiotez del caudillismo. Nadie es irremplazable. De hecho, según las circunstancias, más de uno tendrá que llevar a cabo el ‘suicidio altruista’ del que hablaba Durkheim. Cuando llegue la salvación, esta será el producto del esfuerzo que hagan innumerables mortales. No hay que depender de mesías alguno para concretar el sueño. Así, serán las ideas y no los individuos quienes dirijan esta causa. Encuentro razonable que, conforme a lo anterior, la infracción de los postulados se sancione con el distanciamiento. No se trata de salvaguardar credos; el propósito es respetar las bases que facilitarán nuestro acceso a la gloria.

Quienquiera contribuir al ocaso del actual régimen no puede sino tomarlas en cuenta para su defensa. Actuar de manera contraria es aportar a la prolongación del caos.