Internacional

Octubre: Mes del Rosario

Estamos por iniciar el mes de octubre, que viene marcado por una serie de celebraciones y acontecimientos. El día 7 celebraremos a la Virgen María bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario; el día 11 culminará la gran Peregrinación de Hombres a Pie al Tepeyac, el 14 tendremos la reunión plenaria del Presbiterio en preparación de la Asamblea Diocesana, y el día 20, con motivo del Domingo Mundial de las Misiones, tendremos un Rosario Viviente en la Ciudad de Morelia.

Quiero invitar con este motivo a que apreciemos la profundidad y la belleza del Rosario, plegaria tan antigua y popular, últimamente un tanto olvidada. Traigo a la memoria algunos pensamientos que nos ofreció el Beato Juan Pablo II en su Carta Apostólica titulada “El Rosario de la Virgen María” del año 2002.

Siendo una oración mariana, tiene un contenido cristológico; la figura de Cristo es central, el Rosario es como el perenne Magníficat que sigue cantando la grandeza de la obra redentora iniciada en las entrañas de María por la Encarnación del Verbo. Los Misterios del Rosario son como un compendio del mensaje evangélico en su totalidad. Entrando en la escuela de María, el pueblo cristiano descubre la belleza del rostro de Cristo y vive la experiencia de su amor profundo.

Teniendo como trasfondo las palabras del Avemaría, van pasando delante de nuestros ojos las principales escenas de la vida de Cristo que componen los Misterios de Gozo, de la Luz, de Dolor y de Gloria. Así entramos en comunión viva con Jesús a través del corazón de su Madre. Al mismo tiempo, podemos incluir en esta plegaria todos los hechos que forman parte de nuestra historia personal, familiar, social y eclesial; lo que acontece a cada uno, a nuestros prójimos, en particular a los más cercanos, a los que amamos. Así, con esta oración vibramos al ritmo de la existencia humana.

Tristemente, debemos reconocerlo, hemos descuidado el Rosario, no hemos sabido inculcarlo a las nuevas generaciones, quizá hasta lo hemos considerado como una práctica anticuada y poco litúrgica. Sin embargo, sigue siendo un medio muy eficaz para favorecer el espíritu contemplativo, educándonos en la meditación del misterio cristiano, introduciéndonos en la “pedagogía de la santidad”.

Entre las intenciones que considero urgentes para tenerlas presentes en el Mes del Rosario, está en primer lugar la paz social, la unidad de las familias y la transmisión de la fe a las nuevas generaciones. La situación de violencia e inseguridad que vivimos es tan grave, que sólo podemos esperar de la ayuda divina la conversión de los corazones, la actuación sabia y justa de los gobernantes, la reconciliación de los adversarios. La Novena Asamblea Diocesana que está en puerta sólo tendrá éxito si nos preparamos a conciencia con una oración insistente.

A través de la historia de la Iglesia siempre se ha recurrido al Rosario para implorar de Dios el remedio de las necesidades más grandes. María, a quien invocamos como Reina de la Paz, nos alcance este precioso don de su Hijo Jesucristo quien es “Nuestra Paz”.

Los invito a que en este Mes de la Patria y en la preparación de nuestra IX Asamblea Diocesana, renovemos nuestros compromisos de evangelizar con mayor seriedad y hacer de nuestras familias verdaderas escuelas de amor, perdón y reconciliación.

Alberto Suárez Inda
Arzobispo de Morelia