Santa Cruz

Obispos de Bolivia convocan al Pueblo de Dios a ser testigos de vida y no de muerte

La Carta Pastoral de los Obispos de Bolivia denominada “Hoy pongo ante ti la vida o la muerte” es un documento que se concentra en el flagelo del narcotráfico y la drogadicción que afecta a la nación boliviana en la actualidad. Ponemos a consideración de nuestros amables lectores el siguiente resumen para contribuir a la lectura del documento episcopal.

El documento consta de 3 partes, la primera aborda el tema desde el punto de vista del trabajo pastoral, los Obispos expresan su preocupación por el narcotráfico y drogadicción que se vive en nuestro país y exhortan al pueblo boliviano a no evadir su atención sobre este asunto.

Asimismo los obispos alientan al pueblo a no caer en la tentación de la resignación lo que implica un llamado de atención a toda la sociedad boliviana para encarar este problema. Por otro lado los Obispos expresan su preocupación por la niñez y juventud que son las edades más vulnerables de caer tanto en las filas de los narcotraficantes o simplemente en el grupo de consumidores de la droga.

Los obispos analizan las causas de la drogadicción y denuncian como uno de los principales motivos el vacio valores humanos en la vida. En este contexto plantean el ejercicio de la solidaridad para atender a los afectados.

Ante el crecimiento del narcotráfico los Obispos entienden que es un fenómeno mundial pero proponen la búsqueda de acciones efectivas para romper las cadenas que atan a Bolivia en ese esquema como un país productor, de tránsito y consumidor.

Los Obispos reconocen y destacan el valor cultural de la hoja de coca y su consumo medicinal y tradicional pero advierten que el narcotráfico genera nuevos escenarios de violencia y corrupción de las instituciones llamadas a administrar justicia y preservar la seguridad ciudadana principalmente y por otro lado genera huellas de corrupción en las entidades comerciales que se prestan a lavar dinero proveniente del narcotráfico.

La segunda parte del documento plantea que sea la palabra de Dios la que ilumine la realidad, en ese contexto proponen entender que Dios es el Dios de la vida y es el padre misericordioso de Jesús. Por otro lado proponen entender que Jesús es el rostro misericordioso del padre y se expresa en los rostros de los drogadictos que son considerados como los leprosos de la sociedad actual que sin misericordia excluye a las víctimas del narcotráfico sin considerar que la adicción es un síntoma de una sociedad enferma.

Por otro lado los Obispos hacen un llamado a los cultivadores de la coca para que entiendan que su trabajo debe mantenerse en los márgenes del cultivo tradicional de la coca y evitar su entrada al mundo del pecado al convertirse en productores de coca excedentaria, cuyo destino único y final es la producción de cocaína. De esta manera los Obispos llaman a los hermanos cocaleros a convrtirse y atender el llamado del Dios de la vida.

En la tercera parte del documento, los Obispos hacen un llamado al pueblo boliviano a practicar una existencia comprometida con una vida sin adicciones, para el efecto instan a la realización de mayores campañas de concientización, prevención y sensibilización en los diversos ámbitos de la educación ciudadana.

Los Obispos plantean que el trabajo de vencer el flagelo de las drogas no es con más droga como sugieren quienes buscan de buena fe la aprobación del consumo “legal” de la misma. En ese contexto los Obispos hacen un llamado al Estado Boliviano a desarrollar todas las tareas necesarias e imprescindibles para luchar contra el flagelo de la droga por un lado y por otro llaman a los entidades públicas a administrar justicia de manera transparente y eficaz.

El documento cierra con un fervoroso llamado a todos los bolivianos y bolivianas que están atados a la cadena del narcotráfico reclamándoles coherencia con su condición de persona humana y ser testigos de vida y no de muerte. Asimismo hacen un pedido de mostrarse responsables frente a sus hijos, a la juventud y a la construcción de una sociedad más segura y fraterna, renunciando a esa actividad que es un delito y una grave violación a la dignidad del ser humano y al orden ético.