Oruro

Obispo de Oruro, Mons. Cristóbal: “La eucaristía no es un invento de los sacerdotes, ni de los obispos, ni del Papa, es la misión que Dios dejó a sus discípulos”

En la última cena del Señor que se rememoró ayer en la noche en la parroquia de Nuestra “Señora de la Asunta la Catedral” se recordó la institucionalización de la eucaristía para entender la necesidad de la muerte de Jesús además de ser sencillo sirviendo al prójimo.

En la homilía, el Obispo de la Diócesis de Oruro, Monseñor Cristóbal Bialasik, dio a conocer la importancia de la eucaristía, el legado que dejó Cristo manifestando “hagan esto en memoria mía”, un hecho que no fue invento de los sacerdotes, obispos o del Papa.

“La eucaristía no es un invento de los sacerdotes, ni de los obispos, ni del Papa, es la misión que Dios dejó a sus discípulos manifestándoles hagan esto en conmemoración mía, es decir para que sus discípulos celebren la misa y es por eso que se repite sus palabras cuando se celebra la misa”, explicó. 

Monseñor Bialasik recordó también cómo Jesús demostró su cariño a sus discípulos a los que les lavó los pies de la forma más humilde para demostrar que no por ser el hijo de Dios cambiaría con su poder pero el demuestra su sencillez para ser uno más del pueblo. 

El lavatorio de los pies significa algo enorme y hermoso para demostrar que estamos junto al Señor porque el deber es servir a la comunidad, servir al prójimo y poner en práctica todo lo que el señor enseñó sin poner excusas.

Este jueves es importante porque Dios por amor a la humanidad, entrega a su hijo que pasa la pasión, crucifixión y muerte.



LAVATORIO DE PIES

Durante la celebración eucarística, Monseñor Bialasik lavó los pies a jóvenes en representación de toda la población, replicando lo que Jesús hizo con sus discípulos.

Al concluir la celebración eucarística trasladó el Santísimo Sacramento por la parroquia y retornó al altar donde lo incensó para luego trasladarlo al lugar llamado Santo Sepulcro.

Posteriormente, el Obispo y sus acompañantes regresaron a la sacristía y quitaron del altar los manteles, dejando el tabernáculo abierto simbolizando que la eucaristía que representa el cuerpo de Cristo, no está en el lugar, como símbolo de los momentos más difíciles que pasó Jesús al ser detenido tras la traición de su discípulo Judas.