Análisis

NUEVA TENSA SEMANA

La ciudadanía, la principal perjudicada, va perdiendo la paciencia porque, en definitiva, nadie se preocupa de ella aunque todos dicen hacerlo

Comenzamos una nueva semana en la que la tónica es que se mantendrán los conflictos con crecientes niveles de violencia, y el acoso perverso a una ciudadanía que quiere cada vez más tranquilidad, paz y posibilidades de organizar su rutina sin que elementos externos puedan alterarla.

Consultado por Los Tiempos, el Vicepresidente del Estado, si bien consideró que es necesario recuperar la paz social, afirmó que este tipo de tensiones son la savia del proceso de cambio que dirige junto al Primer Mandatario. A su criterio, en la medida en que lo que exigen estos movimientos no es la transformación del Estado, la economía ni la sociedad, hay que entenderlos como naturales disputas por alcanzar la satisfacción de demandas sectoriales.

Esta situación, dentro los márgenes señalados, obliga a que las autoridades se esfuercen, con elevados grados de crítica, a mejorar la gestión del Estado y de esa manera aporten a la construcción de la nueva sociedad y el nuevo Estado que tienen sus bases en la nueva Constitución Política del Estado.

Sin embargo, revisando la historia del país, no se debe olvidar que circunstancias de permanente movilización desgastan a sus actores y abren puertas a la deslegitimación de las autoridades el orden prevaleciente. Es que, hay que insistir, la gente está cansada de tener que soportar en forma diaria excesos de convulsión social, sin que haya autoridad con la capacidad de enfrentarlos por la vía del diálogo y la concertación. Peor todavía, cuando hay la percepción –sea cierta o errada– de que por intereses político ideológicos habría en algunos sectores del Estado, expresa voluntad de incentivarlos si van en contra de eventuales adversarios.

En ese marco, es posible creer que se está llegando a límites extremos, pasados los cuales la administración de los conflictos puede salir de control. Se sabe que cuando estos salen del control político sobreviene la violencia cruda ejercitada por los estamentos encargados de ello como son la Policía y las Fuerzas Armadas. Y si se revisa la historia del país, también se podrá coincidir en que cuando se llega a estos extremos se pone en peligro el sistema democrático que, por donde se analice, es uno de los cambios más importantes registrados en el país.

Desde este lunes –y salvo que se imponga el diálogo y la razón—continuarán, en el plano nacional, las movilizaciones de los médicos y trabajadores de salud, y de varias federaciones de maestros sindicalizados, a los que se sumarán la Central Obrera Boliviana, que incluso ha amenazado con un paro general si el Gobierno no da respuestas puntuales a su pliego petitorio, y las universidades, en contra de presuntos recortes presupuestarios. En el plano regional, en La Paz y Cochabamba habrá problemas con los transportistas que se resisten a acatar la autoridad municipal y probablemente en Tarija se propondrán acciones en contra de compartir las regalías por el gas.

En el medio, hay que insistir, habrá una ciudadanía perjudicada que, por lo que se conoce, va perdiendo la paciencia porque, en definitiva, nadie se preocupa de ella aunque todos dicen actuar en su defensa.