Análisis

Nostridad como fundamento de la bioética

Del 16 al 18 de mayo de 2013 tuve ocasión de participar junto con prestigiosos profesionales de la medicina, del derecho, de la antropología, de la filosofía y de la teología, en el IX Congreso Internacional de la FIBIP (Federación de Institutos de Bioética de Inspiración Personalista), organizado por el Centro de Bioética “Juan Pablo II” en La Habana, Cuba. Unas 380 personas provenientes de varios países de América y Europa, se congregaron para escuchar y comentar las diversas ponencias en relación con el tema central “Bioética, Ciencia y Sociedad en defensa de la persona humana”. Como invitado, representando al Instituto de Bioética de la Universidad Católica Boliviana, presenté el tema filosófico “Nostridad como fundamento de la bioética”, del cual presento aquí un resumen.

En EEUU. en 1971 el oncólogo Van Resslaer Potter planteó la bioética como una nueva ciencia interdisciplinar para la supervivencia la humanidad. Esta iniciativa concitó un gran interés a nivel mundial. Desde entonces ha habido un boom sobre la bioética en congresos, cursos académicos y publicaciones. Al principio la bioética se centró más en el ámbito de la investigación médica y de la atención clínica. Dada la premura con la que se desarrolló esa nueva ciencia en EEUU. se conformó una comisión federal que la fundamentó en tres principios básicos: 1. Autonomía o respeto a la libertad de los sujetos que se ofrecen a colaborar en la investigación, 2. Justicia en la selección equitativa de los participantes en la investigación, evitando discriminaciones, y 3. Beneficencia en el sentido de que en la experimentación los previsibles resultados positivos deben superar a los negativos. Poco después este último principio se desglosó en el 4. principio de No-maleficencia que descarta las investigaciones previsiblemente peligrosas con daños irreversibles para los sujetos de la investigación.
 
La fundamentación principista permitió un consenso para dialogar los cultores de la bioética, procedentes de diversas cosmovisiones. Sin embargo, al carecer de una correcta fundamentación antropológica y teológica, se ha producido a nuestro juicio un excesivo pluralismo en la bioética. Hay bioeticistas que justifican acciones que a nuestro juicio son claramente contrarias a la dignidad de la persona humana tanto en el inicio de la vida (aborto, manipulación de células embrionarias) como en su terminación (eutanasia).
 
Para evitar esa adulteración de la bioética ha habido un meritorio esfuerzo para fundamentarla en una filosofía personalista que reconoce la dignidad de todo ser humano desde el primer momento de su existencia hasta su muerte, rechazando claramente acciones que directamente destruyen la vida humana.
 
Profundizando esa posición en el Congreso de La Habana presentamos la propuesta de la filosofía de la “nostridad”. En su esencia la persona es el “ente nóstrico” (en latín: “ens ad nos”) orientado a realizarse en la “nostrificación” o sea en la tarea de construir los diversos nosotros legítimos – familiares, culturales, sociales, políticos y religiosos – orientados hacia el horizonte del nosotros universal y más allá en el Nosotros Antropoteologal. La “querencia” de la nostridad permite comprender al hombre como el ser que tiende al nosotros, rechazando el egoísmo tanto individual como colectivo (nostrismo), que constituye una grave amenaza para el futuro de la humanidad.

Esta filosofía de la nostridad, que estamos desarrollando desde 1990, ofrece una fundamentación real de la dignidad natural de todo ser humano en cuanto persona. Los creyentes cristianos sabemos que estamos llamados a formar parte del Nos Divino Trinitario, Padre, Hijo y Espíritu, donde encontraremos la felicidad plena y eterna. Esta felicidad puede describirse como la plenitud personal en la Verdad, la Bondad y la Beldad tendientes a la Unidad, que debe realizarse en la Libertad, la Justicia / Equidad y la Solidaridad / Fraternidad, constituyendo así la verdadera Paz (Shalom).