Análisis

NEGOCIOS Y POLÍTICA

Nada hará detener la capacidad de los pueblos de integrarse y de buscar mejores oportunidades de negocios. Ningún país puede darse el lujo de automarginarse desoyendo las reglas del mercado y pensar que con arengas contra el modelo liberal puede imponer una visión de Estado que le sea contraria. Nadie sobrevive así.

Lula se dio cuenta de que debía ser presidente de Brasil y no del PT y le fue como le fue. Jamás interfirió con el mercado y con las reglas básicas que norman la conducta empresarial brasileña. Por algo ese país es la octava potencia del mundo y su expresidente goza de una popularidad innegable. Hizo las cosas correctamente al no caer en la muletilla del ‘cambio’ y no la utilizó como si fuera la receta que todos los gobernantes deben usarla indefectiblemente cuando ejercen la Presidencia de un país. En otras palabras, ¡no fue demagogo! Y es que pensar que todo lo pasado es malo y creer que por enarbolar el cambio todo será mejor, es tanto como mirarse en un espejo y creer que eres ¡irresistible!, cuando no es así.

Por otro lado, pareciera que con Ollanta Humala en Perú acontecerá lo mismo. Lejos de Chávez y cerca de quien sabe hacer las cosas, el presidente electo estuvo de gira con traje y corbata al fiel estilo inglés, estructurando lazos políticos en el orden internacional que sostengan la economía peruana luego del remezón de la Bolsa a raíz de su victoria. Y como a veces es bueno mirar debajo del agua, nada más reparen en el hecho de que el inefable EEUU (para los socialistas del siglo XXI) supo moverse tan bien en Perú, que jugó a ambos bandos en la perspectiva de que cualquiera de los dos candidatos en las urnas pudiera triunfar en la segunda vuelta: mandó a Vargas Llosa y a Toledo a apoyar a Ollanta y a Hernando de Soto a Keiko. Lo importante era garantizar que Chávez no tenga un aliado más que ponga en riesgo la economía peruana y desestabilice en mayor grado los pesos y contrapesos en esta parte del continente.

Como se puede observar, las cosas están planteadas de tal manera que al final lo que prima con la política y la diplomacia de por medio es la capacidad para hacer negocios. Integrarse, ser parte de acuerdos comerciales, vender más, exportar con valor agregado cuidando el consumo interno, ser hábil en el manejo de la cosa pública y no rehuir al mercado porque siempre estará ahí y jamás se irá; esta es la receta que debe mover los hilos en la conducción de un país.

Así y solo así se reducirá la pobreza. Lo entendió Lula y parece que Humala va por el mismo camino. Ya abrió la posibilidad de vender gas a Chile dejando de lado razones ideológicas, mientras en Bolivia las señales no son las adecuadas para mejorar un negocio que precisa de inversión extranjera y más mercados.

Mientras sigamos apostando a un modelo de Estado fracasado, como el cubano o venezolano, relegaremos la oportunidad de crecer y reducir la pobreza, que lastima a importantes sectores de la sociedad boliviana.