Análisis

MONSEÑOR LUIS SAINZ, EJEMPLO DIGNO DE ENCOMIO

Monseñor Luis Sainz Hinojosa es una persona respetada y querida en Bolivia, con mayor amplitud, entrega y compromiso en Cochabamba. Este mes cumple 50 años de su ordenación sacerdotal y 30 de Obispo. Pocas veces he visto tanto cariño y admiración de muchas personas provenientes de diferentes sectores y niveles de la población. Ante demostración tan vasta e intensa, la pregunta respecto del motivo o la causa, de esa hermosa manifestación humana, surge no como duda, sino como un modo de dar solidez a la gratitud, respeto y cariño que merece este sacerdote admirable.

Yo conozco su trayectoria, además, tengo el honor de ser su amigo, desde hace más de 20 años. Dada mi experiencia y lo que he escuchado de otras personas, su mayor cualidad es su bondad que se da en la lógica de la comprensión, de la solidaridad y del perdón. Siempre está dispuesto a escuchar pero, no solo eso, escuchar para descubrir con certidumbre y honestidad lo que dicen y hacen las personas. A partir de esa comprensión respalda, pide rectificaciones, coopera y en última instancia perdona. Para monseñor Sainz, la salvación está en el perfeccionamiento constante que, desde el punto de vista católico, no es más que descubrir lo que Dios nos ha dado. En este concepto, hay una afirmación del ser humano, la salvación está en él, siempre estaba en él, lo que supone que su destino tiene también esa dimensión, aparentemente exclusiva. El libre albedrío es una distancia, un margen en el que se pone a prueba a la persona respecto de su esencia. Monseñor Sainz es un filósofo, estudió en universidades nacionales y extranjeras. Tal preferencia es porque sabe que no es posible entender lo que sucede en la sociedad si no se comienza por entender al ser humano. La exigencia se da a partir de la fe, es decir, de la creencia en el origen de la humanidad.

Otra cualidad, por así decirlo, de monseñor Sainz, es su vocación por la enseñanza. Muchas generaciones recuerdan sus ideas, sus palabras, su entrega a los niños, a los adolescentes, a los jóvenes. Atribuyen, abiertamente, la felicidad de saber, de entender con mayor claridad la existencia de Dios y en esa proyección todo lo demás, a las enseñanzas que recibieron de este maestro. Lo fundamental, en la concepción de monseñor Sainz, respecto de la enseñanza, no es solo el conocimiento, sino la finalidad de esa formación humana. Yo le he oído decir, varias veces: conocer para descubrir la verdad y ante todo para amar al prójimo y vivir en armonía con la naturaleza.

Un sistema educativo sin principios ni valores convierte a la persona en un instrumento más de la ciencia y de la tecnología. Son los principios los que dan sentido humano trascendente al conocimiento de la naturaleza, de la sociedad y de cada componente en la proyección múltiple de estos dos conceptos. El amor al ser humano y en proyección infinita el amor a Dios, debe ser el resultado final de todo trabajo investigativo y de conocimiento. Muchos establecimientos de nivel primario, secundario y superior todavía escuchan la voz del maestro dando sentido final a la aptitud humana de conocer y comprender.

En estos días, monseñor Sainz ha dado conferencias magistrales a educadores, empresarios y sacerdotes. A los organizadores de los factores productivos les ha dicho: “la doctrina social de la Iglesia considera la libertad de las personas en el campo económico como un valor fundamental y un derecho inalienable que hay que promover y tutelar”. “Esa libertad personal convertida en derecho constitucional, puede traducirse en la construcción de empresas privadas, realización laboral, legítima ganancia y contribución al desarrollo nacional. No obstante, la empresa no tiene una dimensión meramente económica, sino una función social creando oportunidades de encuentro, de colaboración, de valoración de las personas. En la empresa, por tanto, la dimensión económica es condición para el logro de objetivos no solo económicos, sino también sociales y morales que deben perseguirse conjuntamente”.

“Por eso es indispensable que dentro de la empresa, la legítima búsqueda del beneficio se armonice con la irrenunciable tutela de la dignidad de las personas que a título diverso trabajan en la misma. El bien común es un deber de todos los miembros de la sociedad: ninguno está exento de colaborar, según las propias capacidades en su consecución y desarrollo. El bienestar económico de un país no se mide, exclusivamente, por la cantidad de bienes producidos, sino teniendo en cuenta el modo en que son producidos y el grado de equidad en la distribución de la renta. El aporte del empresario y de la empresa al bien común, entre otras, se expresa en la constitución de la misma empresa, en la mayor inversión, en la creación de bienes y servicios útiles, en la generación de empleo, en la sujeción a las normas y obligaciones legales, en la protección del medio ambiente y en la responsabilidad social.

En su conferencia, a los sacerdotes de Cochabamba y a propósito del rol histórico de la Iglesia, con voz convincente y pensamiento profundo, dijo: “desde fines del siglo pasado y en este siglo, la Iglesia está viviendo un complejo proceso de cambio, de adaptación a una sociedad nueva y tratando de redescubrir su lugar específico dentro de Bolivia; para de esta manera cumplir con mayor fidelidad su eterna vocación de anunciar el evangelio y servir a hombres y mujeres de nuestro tiempo. Ser presbítero en la Iglesia y en la sociedad, no es solo algo que religiosamente merece la pena, sino que además, tanto espiritual como socialmente, tiene una profunda significación en la historia de nuestras vidas. De hecho, la experiencia nos enseña que allí donde ha existido un sacerdote, plenamente entregado a su misión, allí se ha transformado la sociedad. Por ello, el sacerdote tiene que volver su mirada a su alma entera a lo que son dos claves de identificación: por una parte, su identificación con Cristo, sacerdote principal y salvador de hombres y mujeres con una vida entregada a Dios. Y por otra, el servicio a hombres y mujeres ya que el sacerdote, como el mismo Cristo, no es para sí mismo, sino para la vida del mundo. Para ayudarnos a contextualizar y fortalecer esta nuestra identidad con Cristo y el servicio a los hermanos, el papa Benedicto XVI nos ha entregado su Carta Apostólica como Motu Proprio, convocándonos al año de la fe, con el título de Porta Fidei. ¿Cuál es la puerta de la fe? Es el bautismo, por medio del cual entramos en comunión con Dios y somos Iglesia al servicio de los hermanos. Hoy nos preocupa mucho, dice el Papa, los problemas sociales, culturales y políticos siendo que vivimos en una profunda crisis de fe que afecta a muchas comunidades y personas”.

Es una realización intelectual feliz estudiar el pensamiento de este Arzobispo y mucho más alentador conocer su vida, su trabajo constante, su entrega a la gente. Los cochabambinos, tanto de la ciudad como de las provincias, cuando ven a monseñor Sainz, descubren la importancia de la solidaridad practicada sistemáticamente. Muchas obras en ámbito de la religión, de la cultura y del desarrollo, han sido realizadas mediante acciones conjuntas y cooperativas. La presencia conductora de monseñor Sainz ha servido para movilizar y coordinar ideas y esfuerzos en la proyección del bien común. Podemos decir, que la conducta del sacerdote es no solo plenamente idéntica con la teoría, sino, en muchos casos, más avanzada, más generosa, más desinteresada. Es pues grato, para nosotros, escribir estas líneas acerca de alguien que vive conforme a su discurso y poner en evidencia que, su discurso, es total y definitivamente cristiano. Que Dios bendiga a este hombre para que siempre esté entre nosotros.