Sucre

Monseñor Jesús Pérez Rodríguez: “La Iglesia boliviana es valiente

Monseñor Jesús Pérez Rodríguez, que próximamente abandonará la Arquidiócesis de Sucre, tras haber cumplido más de veintitrés años en esa misión, afirma que uno de los distintivos de la Iglesia ha sido siempre su “valentía” para defender los derechos de las personas frente a los embates de quienes detentan el poder.

En una entrevista con este diario, el prelado nacido en Canarias, España, que pasará a retiro al haber cumplido la edad límite de 75 años, se refirió a varios tópicos que le tocaron vivir tanto en su condición de sacerdote como de autoridad eclesiástica, adonde supo llegar en el más de medio siglo desde que vino a nuestro país como miembro de la Orden Franciscana.

HISTORIA

“Recordamos la historia de Bolivia, las problemáticas, unas más unas menos, pero realmente ha habido siempre complicaciones. Pero hay algo que aparece siempre, que la Iglesia ha sido valiente en decir la verdad, defender los derechos humanos, defender la dignidad de la persona en todos los aspectos, porque a los cristianos todavía nos falta mucha fe”, resalta.

Desde su despacho ubicado en el segundo piso del silencioso Palacio Arzobispal, aislado del ruido callejero de una ciudad cada vez más acelerada, monseñor Pérez reflexiona sobre su vida pastoral, en la que la situación política y social del país no puede estar ausente.

“Todo aquello que rompe con la ética es tarea grave en el accionar de la Iglesia, que tiene que estar defendiendo la justicia, la verdad, el bien de la persona y si esto no lo hace, es infiel a su misión. ¿Cómo hacerlo? Es ahí donde entra la problemática. Unos aceptan más, otros aceptan menos”, declara.

Recuerda que las tensiones entre la Iglesia y el Poder existieron siempre, aunque se dieron de formas diferentes tanto en períodos de dictadura militar como en otros tiempos.

“Por ejemplo estaba viendo y recordando lo que le pasó a radio Fides, ¿cuántos gobiernos la cerraron o atacaron? que si esto o lo otro; podrá verse más prudente o menos prudente pero va a ser el signo que acompañe” reconoce.

Desde aquella noche del día de Santa Ana del año 1960, cuando un joven sacerdote llegaba al Convento de la Recoleta como parte de la misión franciscana ha pasado mucha agua bajo el río; una Sucre por entonces pequeña y apacible, donde casi todos o una mayoría de sus habitantes se conocían mejor, ha dado paso a una ciudad en plena expansión más fría y vertiginosa, cambiada.

“El pueblo creyente sigue, la familia cristiano-católica podemos decir que tiene una hondura grande, pero Sucre ha cambiado porque antes se conocía en la calle, en el barrio, sobre todo en el centro y eso también iba unido a lo religioso, hoy el crecimiento demográfico hace que hayan muchas personas que no tienen punto de relación en las parroquias”, admite con cierta nostalgia.

Monseñor Pérez atribuye ese comportamiento a un fenómeno social muy particular de la época, relacionado con la expansión casi explosiva de los medios masivos de comunicación.

“El cristianismo tiene, como todos los grupos humanos y religiosos, la influencia de los medios de comunicación. Los medios que son un invento fantástico, una maravilla, la capacidad que Dios puso en el hombre, nos es sumamente beneficioso y a la vez, sumamente malicioso; nos puede hacer daño, somos objeto de todo aquello que se dice, hoy se puede decir a la verdad mentira, a la mentira verdad”, reflexiona.

“Somos presa de los medios de comunicación, ojala que sepamos reaccionar y por eso necesitamos medios que contrarresten esta avalancha anticristiana anti-fe. El bombardeo internacional es igual en todos los países”, agrega el prelado, quien recuerda el llamado del Papa Benedicto XVI para “redescubrir” la fe entre los cristianos.

Una creciente tendencia a olvidar la palabra de Dios o a relegarla frente a la vorágine de información y de nuevas corrientes contrarias a la religión tampoco deja de preocupar a la autoridad eclesiástica, fenómeno que, reconoce, también parece haber llegado a nuestra sociedad.

“Esto es producto de la globalización religiosa, económica, filosófica que la gente va llevando a través de los medios, lo que lee, escribe y sobre todo lo que oye en la televisión, por ese lado creo que viene el ataque principal”, advierte.

“Lo laico es bueno, es algo muy positivo, pero lo que el laico cristiano tiene que hacer es que su vida y los valores del orden temporal no estén al margen de su fe, sino que los sepa unir, que el Dios que lleva en el corazón lo llevemos también en los labios y en la vida para manifestarlo en nuestro actuar”, añade.

VIDA RELIGOSA
Mucho tiempo ha pasado ya desde aquel enero de 1990 cuando Jesús Pérez Rodríguez asumía la misión pastoral hasta ahora más importante de su vida religiosa: El Arzobispado de Sucre, el más antiguo del territorio boliviano.

Ahora, poco antes de dejar el Palacio Arzobispal vuelve su mirada hacia el Convento de La Recoleta, a donde piensa retornar una vez se establezca su sucesor, monseñor Jesús Juárez, quien viene de dirigir la diócesis paceña de El Alto.
Con la misma humildad y con la obediencia a sus principios humanos y religiosos, monseñor Pérez no ve muchos cambios en lo que a su vida pastoral se refiere. “Como ha sido hasta ahora, compartir mi vida y seguir a Jesucristo, el sacerdote no se jubila, el obispo no se jubila” concluye

Redescubrir

“En canales internacionales vemos programas dirigidos con una clara intención de destruir la religión, no solo la católica, por eso el Papa ha insistido en redescubrir la fe, porque muchas personas aminoraron su fe, perdieron su fe y eso también pasa en nuestro ambiente”
Jesús Pérez
ARZOBISPO

Una misión pastoral que comenzó hace más de 50 años

Su llegada a Bolivia y a Sucre comenzó a gestarse en 1959, cuando un sacerdote de La Recoleta de La Paz fue a España a buscar sacerdotes en la provincia bética, a donde pertenecía por entonces Bolivia, país señalado para el trabajo misionero.

“Llegó donde estábamos los estudiantes de teología, nos anotamos unos treinta, luego quedamos doce voluntarios y después de unos meses dijeron que iban sólo seis”, recuerda, al evocar todavía su llegada casi casual al país. “Por la suerte, entonces he venido con esa propuesta de Bolivia y deseoso de vivir mi vida franciscana y mi vida sacerdotal”, evoca.
Monseñor Pérez aún recuerda entrañablemente a su numerosa familia de España, donde fue madurando desde muy pequeño la semilla de la fe y su vocación de servicio a los demás.

“La familia siempre va a ser inolvidable, he tenido hermanos mayores, yo soy el octavo y he recibido junto al hermano que me sigue, la última murió a los seis meses, fuimos diez los hermanos. Y realmente los recuerdos de la vida familiar los lleva uno hasta la tumba; porque la familia es la cuna de la vida y para mí ha sido la cuna de la fe, mis abuelos, mis padres como mis hermanos mayores nos han preparado para ir a la escuela, para que fuéramos verdaderos cristianos y nos han ayudado con su cariño.

Nacido el 19 de junio de 1936, Fiesta del Sagrado Corazón, en Las Palmas de Gran Canaria, España, monseñor Pérez ingresó en 1954 al noviciado en el Convento de Nuestra Señora de Loreto Sevilla.

El 9 de octubre de 1958 es ordenado sacerdote en Cáceres, España. En 1960 llega a Sucre (26 de julio), donde continúa sus estudios de teología en el Seminario San Cristóbal. En agosto de 1968 es nombrado Superior del Convento de San Francisco y Párroco.
El 14 de junio de 1985, es nombrado Obispo Titular de Lilibeo y Auxiliar de Sucre.

El 6 de noviembre de 1989 es nombrado Arzobispo de Sucre, y el 12 de enero de 1990 toma posesión de la Arquidiócesis de Sucre, la más antigua de Bolivia, otrora, La Plata.

Una misión pastoral que comenzó hace más de 50 años

Su llegada a Bolivia y a Sucre comenzó a gestarse en 1959, cuando un sacerdote de La Recoleta de La Paz fue a España a buscar sacerdotes en la provincia bética, a donde pertenecía por entonces Bolivia, país señalado para el trabajo misionero.

“Llegó donde estábamos los estudiantes de teología, nos anotamos unos treinta, luego quedamos doce voluntarios y después de unos meses dijeron que iban sólo seis”, recuerda, al evocar todavía su llegada casi casual al país. “Por la suerte, entonces he venido con esa propuesta de Bolivia y deseoso de vivir mi vida franciscana y mi vida sacerdotal”, evoca.

Monseñor Pérez aún recuerda entrañablemente a su numerosa familia de España, donde fue madurando desde muy pequeño la semilla de la fe y su vocación de servicio a los demás.

“La familia siempre va a ser inolvidable, he tenido hermanos mayores, yo soy el octavo y he recibido junto al hermano que me sigue, la última murió a los seis meses, fuimos diez los hermanos. Y realmente los recuerdos de la vida familiar los lleva uno hasta la tumba; porque la familia es la cuna de la vida y para mí ha sido la cuna de la fe, mis abuelos, mis padres como mis hermanos mayores nos han preparado para ir a la escuela, para que fuéramos verdaderos cristianos y nos han ayudado con su cariño.

Nacido el 19 de junio de 1936, Fiesta del Sagrado Corazón, en Las Palmas de Gran Canaria, España, monseñor Pérez ingresó en 1954 al noviciado en el Convento de Nuestra Señora de Loreto Sevilla.

El 9 de octubre de 1958 es ordenado sacerdote en Cáceres, España. En 1960 llega a Sucre (26 de julio), donde continúa sus estudios de teología en el Seminario San Cristóbal. En agosto de 1968 es nombrado Superior del Convento de San Francisco y Párroco.

El 14 de junio de 1985, es nombrado Obispo Titular Titular de Lilibeo y Auxiliar de Sucre.
El 6 de noviembre de 1989 es nombrado Arzobispo de Sucre, y el 12 de enero de 1990 toma posesión de la Arquidiócesis de Sucre, la más antigua de Bolivia, otrora, La Plata.