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MONS. ZECCA: ADVIENTO, UN TIEMPO DE ESPERA Y ESPERANZA

(TUCUMAN) El arzobispo de Tucumán, monseñor Alfredo Zecca, explicó que el Adviento significa “advenimiento” o “venida” y puede traducirse también como “presencia”, “llegada”, al recordar que “los cristianos adoptaron esta palabra para expresar un aspecto de su relación con Jesucristo, ‘el que es, el que era y el que vendrá’”.

“De todos los tiempos litúrgicos, tal vez sea éste el que mejor expresa la situación actual de nuestras vidas, el exacto lugar y las expectativas de nuestra existencia. Vivimos, en efecto, el tiempo que transcurre entre las dos venidas de Cristo. La primera venida, en la humildad de nuestra carne, en la que creemos, es la que celebramos en la Navidad. En la segunda venida, que esperamos, vendrá en el esplendor de su gloria para llevar a plenitud la salvación cuyo camino abrió con su nacimiento y selló definitivamente con su muerte y resurrección”, subrayó en una reflexión publicada en el diario La Gaceta.

El prelado tucumano sostuvo que “la liturgia de la Iglesia y la espiritualidad a la que nos invita oscila, en consecuencia, entre estos dos polos. Pero comienza con la espera, como es lógico, porque ella mira al futuro, a lo que tenemos por delante: ‘lo que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Vigilen!’. Se trata, en consecuencia, de una ‘espera vigilante’, atenta. No de una espera pasiva, estéril, muerta, sino activa y participativa”.

“Es por tanto  -indicó-   tiempo de espera y, más aún, de esperanza. Ésta es virtud teologal por tener por objeto a Dios y virtud de lo futuro, de lo arduo y de lo posible, como bien enseña Santo Tomás de Aquino. Ahora bien ¿qué es esto futuro, arduo y posible?: es la salvación. El Apóstol Pablo enseña que estamos justificados, pero todavía salvados sólo en esperanza, lo que significa que la salvación es algo todavía por venir”.

Tras señalar la significación de la solemnidad de Cristo Rey, se refirió al juicio final, que versa “sobre el amor, inseparable, a Dios y a los hermanos”.

Monseñor Zecca precisó que “la espiritualidad propia del Adviento es la del ‘des-asimiento’, el tomar la vida en este mundo con toda responsabilidad pero sabiendo, a la vez, que es transitoria, pasajera, que somos ciudadanos de un Reino que esperamos y que está por llegar a su plenitud en nosotros y en la creación. De ahí la invitación a la ‘espera’ y a la ‘esperanza’. A no instalarnos en nuestra comodidad. A no tomar lo que es medio por fin. A no distraernos de la meta por apegarnos a la belleza del camino”.

     “Que en este tiempo de Adviento que iniciamos y en la Navidad que se aproxima nos acompañe la Virgen María, ejemplo de obediencia a la voluntad de Dios y sostén en la oración, la acción y la auténtica y perenne renovación del cuerpo eclesial en la santidad”, concluyó.+