Análisis

Mons. Tito Solari: Para que nuestra Patria Bolivia sea una casa digna, fraterna, solidaria

Estamos aquí para el “Te Deum”, celebrando el 189 aniversario de la independencia de nuestra Patria Bolivia.

Te Deum laudamus: A ti, Dios, te alabamos y te reconocemos.

Te reconocemos como fuente de nuestra vida y de todos los Bolivianos y Bolivianas, que formamos nuestra Patria Bolivia.

Estamos aquí para darte gracias, Padre. ¡Cuántas razones tenemos para agradecer a Dios!

Estamos aquí para suplicarte, Señor, para que nuestra Patria Bolivia sea una casa digna, fraterna, solidaria.

Es bueno que crezcamos en leyes, en sistemas de seguridad, en economía, en proyectos, pero es necesario que cultivemos más las relaciones fraternas, la compasión, la confianza mutua, el perdón, la alegría, el optimismo.

Además, Señor, nosotros tenemos que tener un deseo sincero de los bienes que tú nos ofreces y que nos dan nueva vida y creer que Tú quieres estar siempre con nosotros.

La Palabra de hoy nos presenta tres cuadros muy especiales:

El primero es la figura de un Anciano sentado en un trono de fuego con una vestidura blanca como la nieve. Miles de millares lo sirven estando de pie delante de Él.

Y he aquí que en las nubes del cielo viene como un Hijo del hombre. Se dirige hacia el Anciano. A él se le da imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirven.

El segundo cuadro representa a Jesús en un monte alto. Ahí se transfigura delante de Pedro, Santiago y Juan. Su rostro se pone brillante como el sol y sus vestidos se vuelven blancos como la luz.

El tercer cuadro — poco usual para nosotros — nos hace entrever el resplandor de todo el cuerpo de la Iglesia, que reconoce a Jesús como su cabeza.

Observamos en estos tres cuadros como la luz es tomada como signo de la divinidad.

El Anciano, sentado en un trono de fuego, es Dios.

Jesús, que vive como hombre en todo igual a nosotros, en la montaña alta manifiesta su divinidad, mostrando un rostro brillante como el sol y unas vestiduras resplandecientes de luz.

La Iglesia, es decir, nosotros los que tenemos fe, y que por lo tanto participamos de la divinidad, deberíamos manifestar nuestra realidad interior a través de los signos luminosos del Evangelio: la alegría, la misericordia, la fraternidad, el servicio, la solidaridad, la esperanza, la reconciliación, el perdón, el amor verdadero.

Los fieles, que vivimos esparcidos en medio de la gente común, deberíamos ser esa luz que ilumina los pueblos, que les da esperanza, que les muestra las realidades trascendentes, que une a las naciones, que levanta de la miseria física y moral, que reconcilia las partes en conflicto, que siembra amor y se solidariza con todos los necesitados, sobre todo con los niños, los pequeños, los marginados.

Semejante desafío, en este día de la Patria!

Pero no se trata de una utopía. Ahí está el Papa Francisco, una luz que resplandece en las tinieblas de un mundo en permanente conflicto. Ahí están los santos modernos, Juan Pablo II, la Madre Teresa de Calcuta, Padre Pio, como estrellas que brillan en el firmamento. Ahí están tantos servidores de las miserias humanas: en los hogares, en los hospitales, en las cárceles.

El desafío queda para cada uno de nosotros y en todas las condiciones de vida. No es necesario ser un consagrado.

Así construimos Patria.

Construyen Patria los que trabajan, que estudian, que sirven, que sufren, que esperan, que gobiernan, que educan.

Y le dan esplendor a la Patria todos ellos, si además lo hace con fe y amor, iluminados por el Evangelio.

Nuestra Iglesia de Cochabamba quiere aportar este año a la Patria común con su empeño de cultivar la humildad en un mundo dominado por la soberbia, con su empeño de extender la solidaridad en un mundo que busca sus propios intereses.

Nuestra Iglesia va camino hacia el Primer Congreso Eucarístico Nacional del año 2.015 en Tanja, aprendiendo a partir y compartir el pan con todos los miembros de la casa y todos los vecinos del barrio, sin distinción.

Ahora estamos preparándonos a la Festividad de la Virgen de Urcupiña aprendiendo de nuestra Madre y con su ayuda a anunciar al mundo el gozo del Evangelio.

La Virgen de Urcupiña este año nos lleva un mensaje de alegría. El anhelo de todo ser humano es ser feliz.

Y el Evangelio tiene escondido el secreto de la alegría; lo tiene escondido en el corazón de cada cristiano.

Descubrámoslo y anunciémoslo a todos. Así construimos Patria.

Mons. Tito Solari

      • Arzobispo de Cochabamba