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Mons. Sergio Gualberti expresa solidaridad y pide orar por las miles de víctimas que dejó el tifón en Filipinas

Luego de hacer un análisis de las enseñanzas dejadas por Jesucristo y sus apóstoles sobre las profecías del fin del mundo, Monseñor Sergio Gualberti, reflexionó a la masiva población católica en torno a estas tragedias y catástrofes naturales, que son atribuibles a las acciones de la humanidad, a las políticas consumistas y extractivas de los recursos naturales.

El Arzobispo de la Arquidiócesis de Santa Cruz, Monseñor Sergio Alfredo Gualberti, oró en su homilía de este domingo, por las víctimas del tifón ‘Haiyan’ que dejó 3.681 muertos en Filipinas y pidió a todos los fieles católicos hacer lo mismo en señal de solidaridad con ese país, situado al Sudeste Asiático del océano Pacífico.

“Como cristianos no podemos, en primer lugar, absolutamente pensar que es un castigo de Dios; cuidado digamos esto. Por el contrario el Señor nos llama a mirar estas tragedias desde su perspectiva y la perspectiva de las víctimas, lo que corresponde es nuestra solidaridad con nuestras hermanos a través de nuestras oraciones y de nuestra ayuda”, dijo monseñor Gualberti desde la Catedral de Santa Cruz.

Con ese fin, dijo que el próximo domingo 24 en todas nuestras parroquias cruceñas los fieles católicos harán una colecta para solidarizarse con las víctimas de esa tragedia en Filipinas.

Luego de hacer un análisis de las enseñanzas dejadas por Jesucristo y sus apóstoles sobre las profecías del fin del mundo, Monseñor Gualberti reflexionó a la masiva población católica en torno a estas tragedias y catástrofes naturales, que son atribuibles a las acciones de la humanidad, a las políticas consumistas y extractivas de los recursos naturales.

“Una lógica de mercado donde prima la economía por encima del ser humano y del medio ambiente, estos hechos provocan el calentamiento global, el efecto invernadero, fenómenos climáticos extremos que causan catástrofes siempre más frecuentes en distintos lugares del mundo, como hemos visto con el tifón en Filipinas”, sostuvo.

En ese sentido, exhortó a los fieles católicos y a los gobernantes buscar “con todos los medios a nuestro alcance” cambiar la conducta en las relaciones sociales y de una vez dejar de lado la lógica de la violencia, de la fuerza y de las guerras.

Monseñor Gualberti recordó la Carta Pastoral de 2011, documento en el que la Iglesia advirtió sobre la necesidad de preservar el medio ambiente y la ecología. En ese contexto, exhortó a cada persona, cada comunidad, a la sociedad en general y el Estado a tomar conciencia de la responsabilidad de ser colaboradores y administradores de la creación, “como obra de día guardando y cuidando lo que nos ha encomendado”.

“En otras palabras estos hechos (fenómenos naturales, guerras y catástrofes), son un llamado a cambiar nuestra estilo de vida, un estilo de vida más sobrio, mas humanos, más respetuoso del medio ambiente, desde nuestra realidad de cada día en esta óptica la referencia de Jesús al fin del mundo los eventos finales no es prioritariamente una advertencia para que nos preparemos al futuro, sino una exhortación a poner toda nuestra atención al presente a lo que vivimos hoy atención a nuestra vida personal a la situación de la humanidad tan desorientada”, manifestó.

MÁS DE 1.000 DESAPARECIDOS EN FILIPINAS: La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima las existencia de 4.460 fallecidos por el tifón en Filipinas, por lo que el Gobierno filipino prevé que ascienda el número de víctimas en los próximos días cuando se retiren los cadáveres de entre los escombros y las casas derruidas.

Según el último informe del Consejo Nacional de Gestión Reducción de Riesgo de Desastres, hay más de 10 millones de damnificados, mientras que el número de heridos asciende a 12.544 y el de desaparecidos a 1.186 tras el tifón, que golpeó el pasado 8 de noviembre.

Más de 3.9 millones de personas fueron desplazadas por el tifón “Haiyan”, de las que sólo 348.870 se encuentran en centros de evacuación, al tiempo que las casas destruidas fueron 543.127, principalmente en las islas de Leyte y Samar.