Análisis

Mons. Roberto Flock: “Digan a la hija de Sión: Ahí llega tu Salvador”

“Digan a la hija de Sión: Ahí llega tu Salvador”

(Isaías 62,11)

Queridos Hermanos,

Hoy es un día para apreciar y celebrar nuestra fe cristiana y la manera bondadosa que nuestro Señor se hace: “Dios con Nosotros” y que nos libera del mal y ofrece la salvación.

Al otro lado del orbe se vive la sangrienta guerra provocado por el Estado Islámico cuya pretensión es llegar a imponer al mundo entero su religión y forma de gobierno. Se creen enviados por Dios a matar a cualquier que no comparte su ideología y han emitido comunicados justificando la violación y esclavitud de mujeres y niñas.

Lamentablemente, frente a semejante mal y toda la amenaza del terrorismo en el mundo de hoy, los gobiernos caen también en atrocidades como las torturas recién admitidos por Estados Unidos, y todo lo que sigue siendo secreto y vergüenza de muchos otros países.

En cambio, nosotros como cristianos, celebramos hoy al Dios que envía a su Hijo al mundo respetando la virginidad de María y rechazando por completo los reinos basados en la mentira, en la imposición y en la violencia. Nuestro Salvador conquista los corazones mediante la ternura del pesebre, la verdad de su palabra y su amor misericordioso desde la cruz.

El Evangelio nos cuenta como Dios invitó a los pastorcitos a contemplar este misterio. “Vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido y lo que el Señor nos ha anunciado”. Así nos invita también a nosotros a contemplar el estilo de nuestro Dios y lo que significa para nuestra propia liberación del mal, lo que implica para la transformación del mundo y lo que revela sobre Dios mismo.

 “Los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.” Que nuestra experiencia sea similar para que podamos compartir su alegría y luchar por el cambio en este mundo como discípulos de Jesús y como hijos de María quien “conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.”

Dios quiera que se frustren todos los proyectos basados en la violencia, especialmente aquellos que invocan su nombre. Que se cumpla más bien lo dicho en el Salmo: “Los cielos proclaman su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria.”