Análisis

Mons. Robert Flock: Todo niño debería tener estas experiencias de encuentro con Jesús en su familia y en la Iglesia”

Homilía para el Tercer Domingo de Pascua – 19 de abril, 2015
Jornada Mundial de la Infancia Misionera

Queridos Hermanos,

Hoy, Tercer Domingo de Pascua, celebramos la Jornada Mundial de la Infancia y Adolescencia Misionera. Me hace recuerdo de mi propia niñez, porque en nuestra escuela, cada año durante la Cuaresma teníamos concursos para donar dinero a las misiones; lo poco que pudimos reunir, como niños campesinos, fue enviado a Bolivia, concretamente para ayudar a la parroquia de La Santa Cruz en Santa Cruz donde resulta que he servido durante 25 años hasta ser consagrado como Obispo Auxiliar de Cochabamba. Cuando contribuía moneditas en aquel entonces, no imaginaba que algún día yo mismo sería misionero y tampoco sabía el destino específico de nuestra contribución, pero sí, interiorizaba la importancia de las misiones y el mandato de Jesús: “Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos”, o como dice el Evangelio de hoy: «En su Nombre debe predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto».

Es realmente lindo cuando los niños y adolescentes se identifican con Jesús, como su amigo y su Señor. Me acuerdo la alegría de mi Primera Comunión a los siete años: Jesús estaba conmigo. Me gustaba escuchar y leer los relatos del Santo Evangelio que cuentan las bondades y milagros de Jesús y muestran como triunfaba sobre sus enemigos. Me impresionaban los sufrimientos de su pasión y su cruz, y sentía la alegría de su resurrección. Todo niño debería tener estas experiencias de encuentro con Jesús en su familia y en la Iglesia. Así puede crecer como Jesús mismo en gracia, sabiduría y estatura, con la confianza que es un niño valioso y bueno, que tiene como amigo y protector al Señor Jesús.

Constatamos que muchos pequeños conocen otra realidad: hogares donde domina la borrachera, la violencia y el abandono, situaciones de pobreza, hambre y enfermedad, hasta pesadillas de violación y asesinato, con una frecuencia alarmante que refleja una sociedad que se aleja cada vez más de Dios y de su bondad. Triste es la vida del niño cuya familia rara vez asiste a la Misa Dominical. Traicionero es la educación de los niños sin clases de religión cristiana y familiaridad con la Biblia. Trágica es un niño o adolescente sin Jesús, sin fe en su amistad, sin esperanza en su poder, sin participación en su amor.

Por esto, las palabras de Jesús a sus discípulos en el día de su resurrección tienen mucho valor para nosotros hoy, y para todos los pequeños y vulnerables: “Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que Yo tengo». Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies.” “Dejan que los niños vengan a mí”, dice Jesús, porque los quiere y sabe que son capaces de reflejar toda la bondad del Dios en cuya imagen y semejanza fueron creados. Ellos como nosotros todos necesitamos el abrazo y la paz de Cristo Resucitado, la inteligencia de las Escrituras, y el gozo del Evangelio compartido. Que nuestros niños y adolescentes toquen y vean a Jesús; que sean bendecidos con su abrazo de paz y de amor, y que sean como todo discípulo auténtico: “Testigos de todo esto”.