Cochabamba

Mons. Robert Flock: Hay que luchar por un mundo más justo

El Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Cochabamba, durante su homilía dominical ha pedido luchar un mundo mejor y organizar la solidaridad para ayudar al más desprotegido. Así mismo destaca la labor social que cumple la Iglesia en Cochabamba.

Homilía de Mons. Robert Flock, 29-09-2013

Queridos Hermanos, comparto este sencillo canto.

Yo Soy El que Soy
Yo soy tu Dios (2-2)

 
He visto tu sufrir.
Oigo tu clamor.
Vengo a salvar.
Siento tu dolor. (2-4)

Envío mi profeta
Castigo Faraón.
Te doy esta tierra.
De leche y miel. (2-4)

Tú eres pueblo mío
Tú eres mi honor
Refleja mi grandeza
Serás mi esplendor. (2-4)
 
Queridos Hermanos,
    Las lecturas hoy, son testimonio de que Dios es muy consciente del sufrimiento de los pobres, de que opta por el pobre, y de que cuestiona y hasta condena el rico, no por su riqueza como tal, sino por la falta de sensibilidad y solidaridad para con los pobres.
    Mira como el Profeta Amós condena a los que llevaba una vida lujosa en palacios porque “pero no se afligen por la ruina de José.” Es una referencia al sufrimiento de los descendientes de José, quien, habiendo sido vendido como esclavo en Egipto, llegó a ser administrador de las cosechas y salvador de sus hermanos en época de hambruna. Ahora, siglos más tarde, “la ruina de José” era una economía piramidal, como del Faraón, quien esclavizaba a los refugiados. Entonces Dios envió a su profeta para condenar los abusos y la actitud de aquellos ricos que se creían piadosos, pero que no tenían piedad del pobre.

De manera similar, Jesús nos cuenta una parábola donde el rico acaba atormentado en el infierno. No es acusado de haber causado el sufrimiento de Lázaro, tampoco de haberse enriquecido de manera deshonesta. Se condena por su falta de compasión y solidaridad. Es condenado por su indiferencia. Debería haber sido como el Buen Samaritano que auxilió al que había sido víctima de los maleantes. Nota que, aun en el infierno, piensa que Lázaro debería servirlo y traerle agüita. ¿Por qué nunca se le ocurrió llevarle un poco de agua, sin hablar de comida o medicina, cuando estaba muriendo en su puerta.

    Los Evangelios nos cuentan que los discípulos de Jesús se sintieron escandalizados cuando Jesús comentó, después del episodio del joven rico, aquel que se fue triste porque tenía muchos bienes, que era más difícil para un rico entrar al Reino de Dios, que para un camello pasar por el ojo de una aguja. Siempre se veía la riqueza como bendición de Dios. Así fue para Abraham, para David y Salomón, y también para Job. Puede ser que la riqueza sea una bendición de Dios, y la respuesta de tus oraciones, pero esto no significa que Dios no tenga derecho de pedir una rendición de cuentas por estas bendiciones. Y la rendición de cuentas está en solidaridad con los más pobres y excluidos.

Una cosa admirable de la Iglesia en Cochabamba, y por consiguiente de los Cochabambinos, es la gran obra social que se lleva adelante. Son miles los niños y pobres acogidos en hogares, miles los atendidos en comedores populares y centros de salud, y miles de personas que reciben una mejor educación por los colegios de la Iglesia o administrados por ella. El próximo Telemaratón será nuevamente una oportunidad para ser solidarios, este año con los niños enfermos de cáncer, con ayudas directas, además mejoras en el Hospital Viedma para su atención.

Es importante organizar la solidaridad. No todo mendigo es realmente pobre. No debemos fomentar la dependencia, sino capacitar al pobre para ganarse la vida. Nuestros limitados recursos requieren de una buena administración para hacer el mayor bien posible. Por otro lado, aunque es común decir, que en vez de dar pescado al pobre, es mejor enseñar a pescar, hay que reconocer que a veces ya sabe pescar y lo que necesita es un rio sano y lleno de peces. Hay que luchar también por un mundo más justo y fraterno donde la pobreza del migrante no es amenaza para los ya asentados. Combino justicia con fraternidad, porque la justicia no es fruto del castigo de los injustos, sino de la conversión de los indiferentes.

En la parábola que nos cuenta Jesús, Abraham observó: “Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán”. Pues, alguno ha resucitado de entre los muertos, y ahora “está sentado a la derecha del Padre para juzgar a los vivos y a los muertos”. Escuchémosle a Él, y también a Moisés y a los Profetas. Dios escucha el grito del pobre. ¿La escuchemos nosotros?
Yo Soy El que Soy
Yo soy tu Dios (2-2)