Sucre

Mons. Pérez: “Cristo es el gran servidor de la humanidad con su muerte”

Este domingo la Iglesia Católica celebra a Cristo, Rey del Universo,pues “en Cristo se dieron plenamente todas las mejores cualidades que jamás se podrían haber soñado en un rey ideal”, asegura Mons. Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M., Arzobispo emérito de Sucre.

A continuación les presentamos la reflexión dominical completa:

LA FUERZA DE LA DEBILIDAD

Concluye el año litúrgico con una fiesta muy significativa: Cristo Rey del Universo. Esta fiesta corona el recorrido de la vida del Hijo de Dios en este mundo y nos invita a vivir como vasallos del rey de reyes, con una vida semejante a la suya. La lectura del evangelio de Lucas 23, 35-43, enmarca la realeza de Cristo en el contexto de la muerte salvadora, llevada a cabo en la cruz. Cristo muriendo nos liberó del pecado y de la muerte eterna. Gran paradoja, Cristo reina desde la cruz, “cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”.

Las personas necesitamos un rey. No es una cuestión política sino psicológica. Necesitamos protección, una autoridad que nos sirva de modelo, y eso era originariamente un rey. Era una persona que destacaba en varios aspectos en la comunidad y que era capaz de servir al pueblo, dejando su interés de lado para servir a los demás con una entrega generosa. El rey se constituía en garantía del pueblo, de la unión entre todos, era promesa de seguridad, era esperanza de conducción del bien común. Cristo es el gran servidor de la humanidad con su muerte.

Dios Padre de todos se compadeció de nosotros y “envió en la plenitud de los tiempo a su hijo nacido de María Virgen”. A él lo envió como rey de todos. En Cristo se dieron plenamente todas las mejores cualidades que jamás se podrían haber soñado en un rey ideal. Cristo enfrentó y venció al enemigo común, aseguró la paz y la concordia y la unión de todos en él. Cristo fue el pontífice, el puente entre el Padre y los humanos, haciendo la reconciliación. Cristo no sólo es Dios, rey del universo sino nuestro Pastor y Maestro que nos conduce por las sendas de la vida. El evangelio y las otras lecturas nos ayudan a comprender cómo es ese rey y cómo debemos comportarnos para ser buenos y leales súbditos de él.

Aparentemente Cristo terminó para los judíos como un fracasado. Murió en el patíbulo de la cruz. En la cruz, Pilato puso un letrero que decía: “ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS”. En aquellos momentos en que Jesús crucificado, fue elevado en alto, tal afirmación, contenía una lacerante ironía y, a la vez, una verdad espléndida. Él era el heredero del trono de David. El pueblo miraba en silencio y desde lejos, las autoridades religiosas y militares hacen mofa sarcástica de él. Uno de los ladrones, el malo, se contagió del ambiente e increpaba a Jesús con desesperación. ¿No eres tú el Mesías? Pues sálvate a ti mismo y a nosotros”. Jesús mientras tanto callaba y sufría tremendamente. Él sabía lo que estaba realizando para toda la humanidad. Mientras tanto el “buen” ladrón llega a atisbar algo de lo que está sucediendo y se atreve a hacer una humilde petición: “Jesús acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Jesús abrió sus labios y le dijo: “Te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso”. ¡Qué bien supo el ladrón robar el cielo! En esta hora cumbre del cumplimiento de su misión, Jesús es tentado por los que le decían: “baja de la cruz y creeremos en ti”. Pero, porque es rey, no bajó. No es con la fuerza del poder político, como salvará a la humanidad, sino con la fuerza que está en la debilidad, en la cruz. La flaqueza y la debilidad de la cruz de Cristo, son la fuerza y el poder de Dios. La cruz siempre será “escándalo para unos y necedad para otros”. La fuerza liberadora de Dios viene de la cruz.