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Mons. Oscar Aparicio: “Si los desafíos y los problemas, son tan grandes, son macros, solo y únicamente unidos, es posible enfrentarlos”

Son las palabras del Arzobispo de Cochabamba, con las que invitó, a autoridades y población, para hacer un trabajo en beneficio del Departamento.

Ayer por la mañana, en la Catedral Metropolitana de San Sebastián, se realizó el Te Deum por el Aniversario 206 del grito libertario del departamento de Cochabamba. Celebración que fue presidida por el Arzobispo y concelebrada por los obispos de la jurisdicción y algunos sacerdotes. Participaron de la liturgia altas autoridades nacionales, departamentales y locales.

En la homilía Mons. Aparicio expresó la necesidad, de primeramente dar gracias a Dios por todo aquello que recibimos de su providencia, y en este espíritu de agradecimiento, todos unidos, buscar la solución a las problemáticas que aquejan el departamento.

Mencionó que hay muchos signos de muerte, des sufrimiento, pero solo con Cristo que venció a la muerte se puede vivir plenamente “La Cruz, por tanto, que es antítesis se convierte en una cruz gloriosa, que se levanta en el mundo entero, y se levanta aquí en Cochabamba”

Homilía de Mons. Oscar Aparicio

Celebración Eucarística por los 206 años de Cochabamba

Muy amados hermanos y hermanas.
Tiene un sentido profundo el que estemos presentes acá todos los estamentos de nuestra nación, autoridades, el pueblo de Dios, la Iglesia, todos aquellos que componemos esta nación y este departamento, porque lo que queremos hacer, a lo que hemos venido, es a dar gracias a Dios, como decía al inicio de hecho la Eucaristía es acción de gracias, es nuestro modo de reconocer que Dios está presente en nuestra vida, que la conduce, que se hace historia, la lleva hacia adelante y nosotros queremos agradecerle por eso.

Pero si ya la Eucaristía es acción de gracias, Te-Deum es casi como doblemente decir “a ti, oh Dios gracias”; de hecho ustedes saben que la metodología de la Iglesia es ésta, se hace un documento, lo publican normalmente en lengua latina, y las primeras palabras toman el nombre, o del documento o lo que sea, Te-Deum, son las primeras palabras de latín que dice: “A ti, oh Dios”.

Estamos para celebrar TEDEUM, para agradecer al Señor, para decirle “A ti, oh Dios”, aunque sea reiterativamente, te agradecemos profundamente porque estas en medio de nosotros, porque te has revelado, te has manifestado. Hemos venido a dar gracias a un Dios, que es el Dios de la vida, es el Dios, el Padre Misericordioso, es nuestro padre y el padre de Jesucristo. Es este Dios, el Dios de nuestros padres Abraham, Issac, Jacob de los profetas de Jesucristo nuestro Señor, y por tanto nosotros reconocemos esta fe desde este don que él mismo nos ha regalado le decimos “A ti, oh Dios”, Te-Deum. A tí la alabanza, a ti el honor, a ti la gloria, a ti el reconocimiento total porque nos has salvado, porque has hecho posible que nuestra historia, la historia de Cochabamba sea conducida también por la fe. Que seas tú quien nos lleve hacia adelante, nos lleve hacia el progreso, al desarrollo, la libertad. De hecho, recitaremos nosotros el Te-Deum, más tarde. Y diremos: A ti, oh Dios te alabamos, A ti Señor te reconocemos, A ti eterno Padre te venera la creación y nosotros también te veneramos por esta tierra, por este pueblo, por esta nación, porque has puesto en nuestros corazones el deseo y el ansia también de libertad.

206 años no son en vano, una historia continua, de una relación de Dios que está presente; una revelación y una intervención de parte de Dios misericordiosa, atenta también a los problemas y sufrimientos nuestros o a los anhelos de progreso que podamos tener, por eso nos alegramos, nos alegramos no solamente por los 206 años de libertad, por la festividad de nuestra efeméride cochabambina, nos alegramos porque a Dios, a él lo alabamos y bendecimos, reconocemos como hemos dicho en el Salmo: “no olvidemos nunca las hazañas del Señor”. Reconocemos que él está con nosotros, también en los momentos de mayor alegría, de mayor gloria, de mayor festividad, y en momentos de penuria, de sufrimientos, nos acompaña.

De hecho acabamos de festejar el mes de agosto centrada en la imagen de la Virgencita de Urcupiña, aquí está nuestra imagen de la Virgen de la Merced, que junto a las Heroínas a estado en la Coronilla; la Imagen de María, nuestra madre que también nos acompaña, y allí en Urcupiña muchos de nosotros que hemos estado también allá, hemos reconocido que la integración, la fe, la unidad; lo que dice propiamente el Himno cochabambino: un pueblo pujante, un pueblo generoso, un pueblo constante, un pueblo que busca la libertad, pero también que está enraizado en su fe y en su devoción, si eso decíamos de María, ahora decimos de Jesucristo. Si eso decíamos de María y lo decíamos del pueblo de Dios, lo reconocemos también en Dios Padre, nuestro padre, a él la Gloria, la alabanza, a “A ti, oh Dios” que te alabe toda la creación, y nosotros seamos capaces de reconocer; porque definitivamente hermanos si hay fuerza, si hay ánimo, si hay libertad, si hay progreso, si hay vida, es porque Dios nos lo ha regalado.

Qué bueno que coincida esta festividad, nuestra festividad cívica con la Exaltación de la Santa Cruz, estamos celebrando esta festividad a nivel universal de la Iglesia. Qué tiene que decirnos, qué nos tiene que proponer a nosotros aquí en Cochabamba, qué nos está insinuando esta festividad: yo creo que las lecturas ya lo anuncian muy fácilmente, y que saquemos una buena y grande conclusión.
La primera lectura nos anuncia este mal presente en el mundo, estas divisiones o también lo que significa la muerte, Moisés tiene que levantar en alto estas serpientes de bronce, no es otra cosa que el sentido profundo del mal en este mundo, del pecado, del rechazo a Dios, de la confrontación entre hermanos, de no reconocerse como tales, de no reconocer a Dis como único padre, “renegar de él”, así ha dicho el pueblo de Israel. Cuál era el castigo: esas pequeñas serpientitas que mordían a los israelitas y que los mataba; cuál la solución, cuál el antídoto, levantar la cabeza y mirar esta serpiente, levantar en alto como signo de que el mal, el odio, la división, la confrontación, la muerte queda destruida también en Jesús que es clavado en la cruz.

La Cruz, hermanos, es signo también de algo nefasto, la cruz es signo de la muerte, la cruz de hecho es la antítesis de la vida humana, o es mejor la manifestación del pecado del ser humano, por tanto del pecado nuestro, de ti y de mí. Es allí donde el justo es clavado, es allí donde el hijo de Dios el inocente da la vida para que nosotros tengamos vida, para que nosotros seamos salvados. La Cruz, por tanto, que es antítesis se convierte en una cruz gloriosa, que se levanta en el mundo entero, y se levanta aquí en Cochabamba. Dios es el Dios de la vida que nos salva, Jesucristo es el Señor que conocemos como tal, como Rey soberano, a él también nuestra gloria y al Espíritu Santo, aquel que ha sido clavado en la cruz, en lugar nuestro.

Hermanos míos, este hecho de celebrar la festividad de la exaltación de la Cruz y celebrar este aniversario cívico, está estrechamente ligado, por tanto nos ayuda, nos ilumina y nos indica el camino que hay que seguir. Somos testigos que hace tiempo se está haciendo todo un trabajo de unidad, que no es fácil, incluso recuerdan las autoridades nacionales que cuando en Urcupiña decíamos, tenemos que hacer un testimonio aquí en Cochabamba, que es posible enfrentar problemas comunes – grandes, unidos, es posible; porque si los desafíos y los problemas, son tan grandes, son macros, solo y únicamente unidos, es posible enfrentarlos.

Más allá de lo que pueda ser nuestro pensamiento, o más allá de lo que pueda ser nuestra postura también o lo que tengamos que hacer, es el bien de ésta nación, el bien de este departamento. Hermanos míos aquí la exaltación de la Cruz nos vuelve a decir lo mismo: hay muchos signos de muerte, hay muchas cruces, hay muchos y graves problemas que enfrentar, los hemos hasta enumerado, uno a uno. ¿Seremos capaces de enfrentarlos? si Dios nos acompaña yo creo que sí, si Dios nos mueve, el Espíritu nos da esta semillita de esta capacidad de construir un mundo nuevo, de construir un mundo donde también Dios reina, es posible. A él la gloria, a él la alabanza, por eso nos hemos reunido todos acá para celebrar Te-Deum, para decirle “A ti, oh Dios” la alabanza, la gloria y el honor; reconocemos que eres tú el que nos guía, nos acompaña y nos unirá, nos dará las fuerzas hoy día desde aquí a las autoridades que sigan en este camino , y pediría a los demás, también a los del gobierno central que ayuden este modo de salvar, de ayudar, de enfrentar estas situaciones y estos problemas. Es el camino de Dios, que seamos capaces de aquello. También al pueblo de Dios, a todas las instituciones, bien que nos hemos reunido todos aquí, entonces tengo la oportunidad de decir esto: Unamos así nuestro espíritu, nuestro esfuerzo, nuestra fe, para que sea posible un pueblo que reconoce a un Dios, que lo alaba por el bien que nos ha hecho y que podemos hacerlo entre nosotros.
Amén