Internacional

Mons. Müller reitera el valor del matrimonio indisoluble

(Ciudad del Vaticano / Roma) L’Osservatore Romano publica hoy, miércoles 23 de octubre, un extenso artículo del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, monseñor Gerhard Ludwig Müller, que lleva por título “La fuerza de la gracia”, donde reitera la doctrina tradicional de la Iglesia sobre el valor del matrimonio indisoluble, y también se refiere al tema de los sacramentos a los divorciados, o separados y vueltos a casar.

“El estudio de la problemática de los fieles que contrajeron una nueva relación civil después del divorcio no es nueva y fue siempre conducido con gran seriedad por la Iglesia”, inicia así el prelado el artículo y recuerda que se trata de un problema muy amplio en los países de antigua tradición cristiana. Y que “los creyentes hoy se preguntan con seriedad si la Iglesia no podría consentir en determinadas circunstancias el acceso a los sacramentos para los fieles divorciados y vueltos a casar”. O si “la Iglesia tiene las manos atadas para siempre”, o si los teólogos han considerado todas las implicaciones posibles.

Asimismo recuerda monseñor Müller que “la Iglesia reconoce que sólo el matrimonio entre un hombre y una mujer bautizados es un sacramento en sentido real que toca la realidad personal, social e histórica del hombre, que sólo a éstos se aplica la indisolubilidad en modo incondicional y seguidamente recuerda de manera detallada los principales documentos de la Iglesia sobre el tema.

El texto, exhaustivamente argumentado, pasa revista al magisterio tradicional de la Iglesia para justificar su posición en “la doctrina católica del matrimonio”.

Comienza por enumerar todos los pasajes de las Sagradas Escrituras que hacen referencia a la unidad e indisolubilidad del matrimonio y al adulterio, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, y concluye que “la Iglesia católica, en su enseñanza y en su praxis, se ha referido constantemente a las palabras de Jesús sobre la indisolubilidad del matrimonio. El pacto que une íntima y recíprocamente a los dos cónyuges ha sido instituido por Dios mismo. Se trata por tanto de una realidad que viene dada por Dios y ya no queda a disposición de los hombres”.

Seguidamente estudia la Tradición de la Iglesia, desde los Padres de la Iglesia (“en la época patrística los creyentes separados que se habían vuelto a casar civilmente no eran readmitidos a los sacramentos ni siquiera tras un periodo de penitencia”) hasta la constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II. Puesto que el matrimonio es imagen “del amor de Dios por su pueblo y de la fidelidad irrevocable de Cristo a su Iglesia”, entonces “sólo es posible comprender y vivir el matrimonio como sacramento en el ámbito del misterio de Cristo”: “Si se seculariza el matrimonio o se lo considera como una realidad puramente natural, queda impedido el acceso a su sacramentalidad. El matrimonio sacramental pertenece al orden de la gracia y se inserta en la definitiva comunión de amor de Cristo con su Iglesia”, señala el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Finalmente, el Magisterio reciente, desde la exhortación apostólica Familiaris Consortio de 1981 posterior al sínodo sobre la familia, hasta la carta del mismo dicasterio de Müller (en aquel momento dirigido por el cardenal Joseph Ratzinger) de 1994 precisamente sobre la admisión a la eucaristía de los divorciados vueltos a casar, es unívoco. “La admisión a la eucaristía no se puede conceder”, estableció el primer documento, y esa decisión “no puede ser modificada en función de las circunstancias”, estableció el segundo.

Por su parte, el mismo cardenal Ratzinger, ya como Benedicto XVI, en la exhortación post-sinodal Sacramentum caritatis de 2007, reitera esa “praxis de la Iglesia” en cuanto “fundada sobre las Sagradas Escrituras” (Mc 10, 2-12).

Todos estos documentos, señala el prelado, ponen en evidencia la necesidad real que existe de dar un acompañamiento pastoral de los divorciados y vueltos a casar, para que se entienda que no se trata de una discriminación sino de una fidelidad absoluta a la voluntad de Cristo.

“Banalizar la imagen de Dios”
Seguidamente monseñor Müller rebate los principales argumentos con los que se quiere arrancar de la Iglesia una cesión en ese punto, pues “la doctrina sobre la indisolubilidad del matrimonio encuentra a menudo incomprensión en un ambiente secularizado”, el cual en consecuencia pretende que “la decisión de comulgar o no debe dejarse a la conciencia personal de los divorciados vueltos a casar”.

El prelado recuerda que “la existencia de un pecado grave no confesado se opone a la posibilidad de recibir la comunión”, y que “los fieles tienen la obligación de formar su propia conciencia y de tender a la verdad”.

El obispo alemán rechaza también “el argumento de la misericordia”, precisamente porque “todo el orden sacramental es obra de la misericordia divina y no puede revocarse apelando al principio que lo sostiene”.

“Por medio de lo que objetivamente suena a ser un falso reclamo a la misericordia, se incurre en el riesgo de banalizar la imagen misma de Dios, según la cual Dios no podría hacer otra cosa que perdonar. Al misterio de Dios pertenecen, además de la misericordia, también la santidad y la justicia. Si se esconden estos atributos de Dios y no se toma en serio la realidad del pecado, ni siquiera se puede aplicar a las personas su misericordia”.

La solicitud pastoral

El Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe escribe que “aunque por su propia naturaleza no sea posible admitir a los sacramentos a las personas divorciadas y vueltas a casar, tanto más son necesarios los esfuerzos pastorales hacia estos fieles. Pero se debe tener en cuenta que tales esfuerzos tienen que mantenerse dentro del marco de la Revelación y de los presupuestos de la doctrina de la Iglesia”.

“El camino señalado por la Iglesia para estas personas no es simple. Sin embargo, ellas deben saber y sentir que la Iglesia, como comunidad de salvación, les acompaña en su camino. Cuando los cónyuges se esfuerzan por comprender la praxis de la Iglesia y se abstienen de la comunión, ellos ofrecen a su modo un testimonio a favor de la indisolubilidad del matrimonio”.

La solicitud por los divorciados en nueva unión “no se debe reducir a la cuestión sobre la posibilidad de recibir la comunión sacramental. Se trata de una pastoral global que procura estar a la altura de las diversas situaciones. Es importante al respecto señalar que además de la comunión sacramental existen otras formas de comunión con Dios”.

La unión con Dios explica el Arzobispo, “se alcanza cuando el creyente se dirige a Él con fe, esperanza y amor, en el arrepentimiento y la oración. Dios puede conceder su cercanía y su salvación a los hombres por diversos caminos, aún cuando se encuentran en una situación de vida contradictoria”.

“Como ininterrumpidamente subrayan los recientes documentos del Magisterio, los pastores y las comunidades cristianas están llamados a acoger abierta y cordialmente a los hombres en situaciones irregulares, a permanecer a su lado con empatía, procurando ayudarles, y dejándoles sentir el amor del Buen Pastor. Una pastoral fundada en la verdad y en el amor encontrará siempre y de nuevo los caminos legítimos por recorrer y formas más justa para actuar”, concluyó.