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Mons. Jorge Saldías: ¡Señor mío y Dios mío! – Primero la vida. Sí, a la vida.

Como en toda la Iglesia universal, también hoy la diócesis de Tarija celebró la fiesta de la Divina Misericordia. Una de las eucaristías principales fue presidida por Mons. Jorge Saldías, desde la parroquia San Martín de Porres. El Obispo de Tarija, expuso en su homilía temas concernientes a la realidad social y apuntó a una fe auténtica, a vivir una alegría superior a los miedos y a priorizar la vida.

Muchos fieles que seguían la transmisión en vivo, vieron y oyeron la homilía que sigue a continuación:

 ¡Señor mío y Dios mío! (Jn 20,19-31).

Agradecer a Dios que nos permite celebrar esta Eucaristía del II Domingo de Resurrección, aquí desde la Parroquia San Martin de Porres, ciudad de Tarija.

Mi atención al Medio radial “Radio La Mega” 89.8; Radio Libertad; por su gentileza de transmitir esta Eucaristía y llegar a los diferentes hogares. Los Templos están serrados pero no el corazón de los fieles.

Un saludo a las familias, y a todas las personas de buena voluntad que se unen a esta Celebración través de los Medios de Comunicación y Plataformas Digitales.

El II Domingo de Pascua es conocido, también, como el «Domingo de la Divina Misericordia», por expreso deseo del Papa San Juan Pablo II. Asimismo, el II Domingo de Pascua se le conoce popularmente en la liturgia por el domingo de Santo Tomás, que nos muestra la grandeza de Dios al exclamar: “¡Señor mío y Dios mío!”.

Lectura (Hch 2,42-47).

El texto de Hechos 2,42-47,  nos presenta una síntesis del estilo de vida de las primeras comunidades cristinas, fundamentada en cuatro elementos principales: aceptar la enseñanza de los apóstoles, la comunión fraterna, el compartir la fracción del pan y oración; son todo un itinerario de vida.

Subrayar algo especial es la afirmación que no había pobres entre ellos. Es la consecuencia de la comunión fraterna, que no es solamente algo espiritual, sino también social y práctico. Se trata de solidaridad como consecuencia de la comunión y la renuncia a los bienes de algunos en favor de los desprotegidos.

Lectura (1Pe 1,3-9).

La primera Carta de Pedro proclama, ante todo, la resurrección de Jesús. La columna vertebral de la fe y esperanza es la Resurrección. No puede ser de otra forma, ya que es la Resurrección el acontecimiento que hace posible vencer a la muerte y vencer toda dificultad en la vida de los que han aceptado a Cristo.

 

Lectura (Jn 20,19-31).

El Evangelio de hoy, es toda una invitación a vencer nuestros miedos. Jesús vive y está de nuevo en medio de los Apóstoles. No es un fantasma, no hay por qué tener miedo. Al contrario, Jesús les hace experimentar una paz intensa y verdadera junto a una alegría incontenible. Sienten que Jesús, sí, el Resucitado, con su soplo, el soplo del Espíritu, aviva en ellos alegría y paz: “La paz esté con ustedes”.

Sin embargo, el Evangelio de hoy también nos muestra la incredulidad fruto de las seguridades humanas. Tomás, el apóstol incrédulo, quiere ver, quiere tocar; exige pruebas. Jesús quiere que Tomás venza sus miedos y que también sea partícipe de la paz y la alegría que trae la resurrección. El Resucitado así se lo hace sentir, y Tomás nos ha dejado la confesión de fe más bella que podamos leer y proclamar del Evangelio: “Señor mío y Dios mío”.

Con el Espíritu del Resucitado, los Apóstoles y los hermanos daban testimonio de la alegría del Señor Jesús, realizando signos y prodigios y generando ese nuevo estilo de vida que sirve como referencia de la Iglesia de todos los tiempos: la comunión de bienes, las relaciones de gratuidad y de servicio, la vida agradecida, el espíritu permanente de perdón, la atención solícita a las necesidades de los otros, especialmente de los pobres y de los que sufren, la acción de gracias a Dios y la Eucaristía. Este estilo de vida es eminentemente misionero y comunica paz, alegría y esperanza.

Hermanas y Hermanos. Esta difícil situación causada por el Covid-19, nos expone a diversos sufrimientos y dolor. Ante esta confrontación, es donde, con la fuerza del Espíritu, se puede mostrar la incomparable fe auténtica, la alegría inefable libre de todo miedo, y priorizar la vida humana como valor supremo. Primero la vida. Sí, la vida. Como afirma el Señor: “Yo he venido para que tengan vida, y vida en abundancia” (Jn 10, 10).

Ruego a Dios, alivie el dolor, sane a los enfermos, consuele los corazones afligidos; proteja al Personal Médico, y demás Instituciones públicas y privadas que están trabajando por el bien común de nuestra ciudadanía.

Encomiendo a cada uno de Ustedes, al cuidado y protección de Dios, bajo la intercesión de la Mamita de Chaguaya y del Patrón San Roque.

+Jorge Saldías Pedraza, O.P.