Sucre

Artículo semanal de Mons. Jesús Pérez: “Una familia en apuros”

Hoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia, Jesús, María y José. Esta familia sagrada constituye el primer núcleo de la iglesia. El nacimiento de la Iglesia en Pentecostés con la venida del Espíritu Santo estuvo germinando largos años en la familia de Nazaret.

A la familia cristiana que nació con Cristo presente en el sacramento del matrimonio se le denomina la “Iglesia doméstica”. Esto no es una exageración, ni una metáfora. Desde los primeros siglos la familia cristiana es una célula de la Iglesia, así como es en la sociedad civil. Es que en la familia se da el entrecruzarse de las líneas de relación con Dios y con el prójimo. En la familia se permite vivir y caminar hacia el encuentro con el Padre de los cielos.

La familia no es autosuficiente ni en lo espiritual ni en lo material. Necesita de la sociedad civil y de la sociedad eclesial. De ahí la necesidad de integrarse en la vida de la Iglesia, la parroquia. La familia cristiana nació de una celebración sacramental a través de la comunidad parroquial que ofrece además otros servicios. Por ello, esta fiesta ofrece a los cristianos católicos la oportunidad de revisar la fe familiar. ¿Qué cosas obstaculizan la presencia de Cristo en la familia?

La familia decimos repetidamente en nuestros días está en crisis. Había que sopesar serenamente qué valores y contravalores habían que aceptar o rechazar en esta nueva realidad social que nos toca vivir. Hay valores eternos en la familia que no podremos rechazar nunca. Hay aspectos básicos y perennes que no podremos borrar y, esto tanto en el aspecto social como eclesial.

La Iglesia nos propone hoy de manera festiva y modélica a la Sagrada Familia, la familia humana de Dios en este mundo. En la oración de la misa de esta fiesta nos señala como “maravilloso ejemplo” de todos los cristianos, de todas las familias, el ejemplo de la familia de Nazaret, a pesar de tantos e inevitables problemas que acompañan a nuestras familias.

La Iglesia no ha dejado de enseñar y alentar a las familias a fin de que en y a través de la familia ayuden a la misión salvadora de Cristo. El Papa, beato Juan Pablo II, en la Familiarisconsortio nos decía: “la familia cristiana edifica el reino de Dios en la historia, mediante las realidades cotidianas que tocan y distinguen su condición de vida. Por ello, en el amor conyugal y familiar –vivido en su extraordinaria riqueza de valores y exigencias de totalidad, unidad, fidelidad y fecundidad– se expresa y realiza la participación de la familia cristiana en la misión profética, sacerdotal y real de Jesucristo y de su iglesia”. El amor y la vida constituyen por lo tanto el núcleo de la misión salvífica de la familia cristiana en la Iglesia y para la Iglesia”.

Mateo, en el evangelio de esta fiesta capítulo 2,13-15.19-23, nos cuenta el episodio de la familia de Nazaret huyendo  Egipto. Los detalles que nos da el evangelista son muy pobres, sin embargo en los evangelios apócrifos encontramos muchos más. Este pasaje evangélico ha servido mucho a la imaginación de escritores y pintores.

Mateo tiene un objetivo al escribir su evangelio: mostrar o subrayar que ha Jesús de Nazaret se cumplen las profecías del Antiguo Testamento dice para que se cumpla lo que dijo el profeta: “llamé mi hijo para que saliera de Egipto”. Como este otro texto de que el Mesías en cumplimiento de las profecías será llamado “nazareno” y por eso va a vivir a Nazaret al volver de Egipto.

El evangelio de esta fiesta nos presenta a la Sagrada Familia en apuros. Por ello, está lejos de darnos una imagen idílica de la vida familiar. Jesús, María y José tuvieron que enfrentar las dificultades familiares de la fuga, el exilio, el peligro. Aparece esta familia como un modelo maravilloso de virtudes. La fe en la presencia de Dios en medio de ellos hacen que sean obedientes a los planes de Dios.

La celebración y recuerdo de la Sagrada Familia no nos da soluciones técnicas para la vida en familia, pues sí que nos proporciona claves profundas, cristianas y humanas, del saber convivir en familia: la fortaleza ante las dificultades, la fe en Dios todopoderoso, la comunión entrañable, el cumplimiento de la ley de Dios.

La familia será verdadera y habría auténtica vida familiar cuando permanezca en ella el amor. La gran dicha o fortuna familiar será siempre “permanecer unidos, con Jesús en medio de ellos; conservar la fe, la esperanza, y la voluntad de amarse entre sí y la solicitud de amarse entre sí y de amar juntos a los demás”. Dios estaba con ellos y lo sentía la Sagrada Familia y esto le daba fuerza para superar las diferencias  y adversidades. Ojalá que todos entendiéramos que la presencia de Dios en la vida familiar es algo necesario e indispensable para conseguir la felicidad familiar.

 

Jesús Pérez Rodríguez, OFM.
ARZOBISPO EMÉRITO DE SUCRE

Sucre, 29 de diciembre de 2014.