Análisis Reflexión Dominical

Mons. Jesús Pérez: “Ser valiente es una virtud necesaria”

Ser valiente
Ser valiente es una virtud y para que haya una virtud, es necesario llegar a tener una serie de actos buenos repetidos que se haga hábito de muestra vida diaria.

Hoy seguimos leyendo la misma escena que empezamos en el evangelio de san Lucas, el domingo pasado, con la primera homilía de Jesús en la sinagoga de Nazaret, pero ahora con unas reacciones tremendas contra Jesús. Para escuchar bien el evangelio de este día, la liturgia nos propone antes, leer la lectura del profeta Jeremías. Lucas y Jeremías tienen en común unos rasgos semejantes: anuncian la salvación para los pueblos paganos; ambos son valientes; los dos son enviados a llevar al pueblo a la conversión, siendo obedientes a Dios; uno y otro son discutidos y perseguidos hasta la muerte.

Es posible ser valientes, aunque es sumamente difícil. Ser valiente es una virtud y para que haya una virtud, es necesario llegar a tener una serie de actos buenos repetidos que se haga hábito de muestra vida diaria. El vicio es lo contrario, es el hábito de hacer cosas contrarias a la moral o la ética, que nos convierten en viciosos. El miedo no es de suyo incompatible con la valentía. Jeremías tenía mucho miedo. Dios le quitó el miedo y tuvo la valentía de denunciar los pecados del pueblo. Jesús sintió miedo ante la muerte.

Si al recordar hoy en nuestras eucaristías la escena de Jesús en la sinagoga de Nazaret podemos con toda humildad, ubicarnos en el lugar de Jesús y disponernos así a enfrentar situaciones semejantes, también podemos, con mayor humildad, ponernos en el papel de quienes se cierran a la Palabra de Dios. ¿Cuántas veces, hoy como ayer, queremos silenciar la voz que se nos dirige con amor, para nuestro bien? Este puede ser el momento de hacer un recuento de las muchas causas que hacen que nos cerremos a escuchar a los demás. El causante del rechazo será siempre el egoísmo. Los paisanos de Jesús no se oponen a la predicación en sí.  No quieren milagros que los conviertan, que les cambien el corazón. Quieren un Señor a su servicio. No les interesa la verdad como tal, ni cambiar de vida.

Todo bautizado es sacerdote, profeta y rey. Esto debe realizarlo tanto con el ejemplo y la palabra y, así será testigo de Dios. Hoy nos ha tocado a clérigos y laicos unas circunstancias muy difíciles. Todo cristiano, Papa, o u obispo o un misionero o un simple fiel o una familia, que quieran dar testimonio claro de su fe y de su estilo evangélico de vida, que muchas veces va claramente en contra de los diversos idearios que se los predican en el mundo, ya sabe cuál puede ser su destino. Encontrará oposición o persecución, más o menos explícita, a veces en forma de indiferencia o desautorización irónica. Seguramente tampoco nosotros, a corto plazo seremos “profetas en nuestra tierra”. Jesús lo anunció a los suyos que les expulsarán de las sinagogas y que incluso alguien creería un acto de culto a Dios eliminarlos. Jesús no se desanimó en Nazaret, se abrió paso y siguió su camino continuando con valentía su misión de evangelizar.

Sucre, 3 de febrero de 2019

Fray Jesús Pérez Rodríguez, OFM.

Arzobispo emérito de Sucre

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