Sucre

Mons. Jesús Pérez: Reino de Amor

Hoy cerramos el año litúrgico, o sea, el año del culto oficial  de la Iglesia entera  a Dios por medio de Jesucristo. Esto lo expresa siempre la liturgia al finalizar la plegaria eucarística cuando el que preside la misa dice: “Por Cristo, con él y por él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos”. El pueblo responde: AMÉN. Que quiere decir, así es, así creo. Todo lo dicho por el celebrante en la plegaria lo creo y lo hago mío. Amén, amén, amén.

La Fiesta de Cristo Rey nos ayuda a resumir todo lo celebrado y vivido a lo largo del año que hoy terminamos. Las oraciones, lecturas y cantos nos ayudan a penetrar en lo profundo del misterio del reinado de Cristo y seguir trabajando por este reino que no tiene que ver con el reinado de poder político, o social, pues el mismo Cristo matiza cómo es su reino: “mi reino no es de este mundo” (Jn 18,36).

El evangelista que se oye en nuestras celebraciones litúrgicas de la eucaristía es San Juan 18,33e-37. Este evangelio nos presenta a Pilato intrigado por la perversa acusación de los jefes religiosos, acusándole  de hacerse llamar “rey de los judíos”, los mismos acusadores para congraciarse con Pilato dirán que “no tienen otro rey más que el Cesar” (Jn 19,15).  De ahí aparece el sentido de la pregunta de Pilato: “¿eres tú el rey de los judíos?” (Jn 18,33). Sabiamente en ese momento tan crítico Jesús responde: “tú lo dices, soy rey”(Jn 18,37).

Pero para que no se ponga susceptible Pilato, como ya lo fue para Herodes cuando aparecieron los Magos buscando al rey de los Judíos, Jesús matiza la clase de su reinado: “mi reino no es de este mundo” (Jn 18,36), y aclarando más añade, “he venido para ser testigo de la verdad” (Jn 18, 37).
Los cristianos nos alegramos de que Cristo haya sido constituido Rey de la historia, él es la Cabeza de la Iglesia. Nosotros, los bautizados, participamos de su reino pues a todos nos ha convertido a su reino y hecho sacerdotes de Dios, su Padre. La señal de la consagración real y sacerdotal está en la oración que se reza después de haber recibido el agua bautismal y en la unción  con el santo crisma en la coronilla de nuestra cabeza. En la confirmación también recibimos la unción en la frente. Por ello, el cristiano es un consagrado para ser sacerdote, profeta y rey.
Cuando se instituyó esta fiesta de Cristo Rey del universo, por el Papa Pio XI, en el año de 1925, tenía una incidencia en lo socio-político, se vivía en el mundo un fuerte socialismo secante que trabajaba por echar a Cristo del mundo. En la reforma de Paulo VI en 1969, fruto del Vaticano II, se traslada la fiesta del último domingo de octubre, al domingo 34 del tiempo ordinario, con el cual termina el año litúrgico. La fiesta ha adquirido desde este cambio de la reforma postconciliar, un sentido más escatológico, cristológico y espiritual.

El reino de Jesús va a madurar al fin de la historia humana. El Reino de Cristo no es de este mundo, no es un reino de poder humano. Jesús no es un competidor con los reyes de la tierra. Pretender poner el reinado de Cristo al nivel de los reyes de la tierra, sería achicar su reino. El reino de Cristo es eterno. Los reyes de la tierra acaban, el reinado de Cristo sigue en el cielo. En el prefacio de la misa de hoy se dice: “Porque consagraste  sacerdote eterno y Rey del Universo a tu Hijo Único, nuestro Señor Jesucristo y sometiste  a su poder la creación entera, entregará a tu majestad infinita un reino eterno y universal: el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz”.

Cuando Jesús afirma que su reino no es de este mundo no quiere decir que no tenga que ver nada con las cosas de este  mundo, al contrario, el reino de Dios quiere hacer mejor este mundo,  sinapoyarse en los mismos principios y realidades de este mundo. El Reino de Dios no es el producto  de una democracia, de una votación, no depende del veredicto popular, menos del uso de la fuerza para conquistar adeptos. La fuerza del Reino de Dios es el amor. El amor, sólo el amor, hará que pertenezcamos al Reino de Dios.

Sin rey no se puede vivir.De una manera u otra, cada cual, sin darse cuenta, va poniendo reyes en su vida. Si Cristo no reina en nosotros, va estar alguien como rey de nuestra vida. Por ello, es muy conveniente que cada uno vea quién reina, en su familia, en su vida laboral, social… Este domingo es el DÍA NACIONAL DEL LAICO, una fecha propicia para que cada bautizado valorice su vocación en la Iglesia y en el mundo. Un día para volver a tomar la decisión de trabajar por el Reino de Cristo.

Reconocer a Cristo como Rey exige crecer más y más en el amor a él y a la Iglesia, pues ésta es el Cuerpo de Cristo. Somos “Pueblo de reyes, asamblea santa, pueblo sacerdotal”.Reconocer a Cristo como rey es trabajar por la justicia, siendo instrumentos de paz. La paz es un don de Dios, y exige el perdón de las ofensas, la comprensión, la tolerancia, la justicia…  Por ello, todo cristiano, cada día está llamado a construir el reino de Cristo viviendo el amor a Cristo en el servicio a los hermanos.

 

Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.
ARZOBISPO DE SUCRE

Sucre, 25 de noviembre de 2012