Análisis

Mons. Jesús Pérez: “¿Quién lo entiende?”

Jesús está camino hacia Jerusalén, lugar donde va a consumar la obra de la liberación de la humanidad, entregando su cuerpo y sangre para la salvación en la cruz. Los discípulos no acaban de entender porque tiene que morir, pero le siguen. No entienden porque han de tomar la cruz de cada día. Aún, después de la Resurrección, algunos de los apóstoles siguen pensando en un reino terrenal. Realmente, entonces y hoy, es difícil entender las exigencias tan duras del seguimiento de Jesús. Hoy pudiéramos preguntarnos, a la luz de la Palabra, ¿quién entiende a Dios?

La primera lectura de este domingo en la celebración de la eucaristía, la cual está tomada del libro de la Sabiduría, 9, 13- 18, es una oración atribuida a Salomón, en la que humildemente pide a Dios el don de alcanzar la sabiduría. La sabiduría es un atributo de Dios que se comunica a la persona, hecha a imagen y semejanza de Él. Es como una luz que ilumina nuestra inteligencia a la que da la posibilidad de mirar al mundo y a la vida con los ojos de Dios Padre.

Los griegos buscaban la razón sobre todas las cosas. El romano la ley y el orden. Hoy día se pudiera decir que buscamos ante todo la técnica y la eficiencia. El cristiano, todo creyente, busca la sabiduría de Dios. Una de las renuncias que más suele costar, en el seguimiento de Cristo, es la renuncia a entenderlo. Hay una gran paradoja, Cristo es el Maestro, la Verdad plena, la Palabra de vida, pero cuidado, Dios es y seguirá siendo un gran misterio, misterio insondable. Dios es como una fuente de grandes sorpresas. Por ello, no podemos pretender conocer a Dios. A Dios se le acepta pero no se le entiende.

Aunque nuestra inteligencia es una gran maravilla de Dios, no podemos llegar al pleno conocimiento de él, cuando no llegamos a conocernos a nosotros mismos. Acaso, ¿podemos situarnos cómo árbitros de lo que puede o no puede hacer o pedir el Señor? San Agustín oraba así: “Señor que te conozca Ti y que me conozca a mí”. No obstante esto, siempre hay una posibilidad de conocer a Dios, aunque sea un conocimiento limitado. San Jerónimo dice: “quien no conoce las Escrituras, no conoce a Cristo”. La Palabra de Dios nos lleva a ir entrando en el conocimiento de Dios, y, ésta nos lleva a la oración. Quien no ora, nunca llegará a entrar en la intimidad de Dios.

Jesús nos invita a tomar en serio su seguimiento, sabiendo renunciar a otros valores para conseguir los fundamentales, que es en lo que consiste la verdadera sabiduría. Para conseguir esta sabiduría, puede parecernos escandaloso, lo que nos propone Jesús. ¿No nos cuesta predicar esta doctrina? Esto no nos ha de extrañar, pues en tiempos de Jesús ya sucedía. No pocos al escuchar las exigencias de Jesús se marchaban. Cristo no nos quiso engañar, dijo todo muy claro: “quien no pospone a su padre y su madre, no puede ser mi discípulo”.

Si nos preguntamos por lo esencial del cristianismo, por el núcleo central y constitutivo de nuestra fe y seguimiento de Jesús, tendremos que decir que no lo son los dogmas teológicos, unas normas morales, un culto sacramental… sino la persona de Jesucristo quien murió y resucitó por nuestra salvación. Cristo es el Mesías, el Hijo de Dios, el Salvador, la piedra angular. El que se ha fascinado por Cristo, ese lo seguirá con todas y hasta las últimas consecuencias.

El salmo 89 que se proclama después de la primera lectura, lleno de sabiduría, nos hace pedir a nuestro Dios: “enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato”. Hoy nos vendría muy bien, con el autor del libro de la sabiduría, dirigir a Dios una oración para alcanzar sabiduría, sabiduría es en sentido común, sensatez y visión de fe, al estilo de María Santísima que invocamos como “Reina de la Sabiduría”. La novena y fiesta de nuestra Señora de Guadalupe nos ayuda para reflexionar sobre nuestra vida. ¿Cómo hemos aprovechado este Año del Jubileo de la Misericordia? El Señor quiere derramar su infinita misericordia a través de María, Madre de misericordia. Una señal de nuestra sabiduría cristiana es haberse acogido a la misericordia de Dios que viene sobre todos, cuando nos reconocemos pecadores y acogemos el perdón de nuestras culpas.

Sucre, 4 de septiembre de 2016.

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O. F. M.

Arzobispo emérito de Sucre