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MONS. JESÚS PÉREZ: NUTRIRSE DE LA PALABRA

 (Sucre) Mensaje por el mes de la Biblia 

“Comunidad: Testigo de Amor y Esperanza en Nuestro Pueblo”

Hermanas y hermanos: Paz y Bien

El último domingo de agosto, desde hace años, en las jurisdicciones eclesiásticas de Bolivia iniciamos el mes de la Biblia, para concluirlo el último domingo de septiembre con el DIA DE LA BIBLIA.

Los cristianos hemos recibido de “nuestros hermanos mayores en la fe”, los israelitas, el valor y la importancia de la palabra de Dios. Así pues, encontramos en el Deuteronomio: “la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la pongas en práctica” (Dt 30,14). Y, en otro texto: “Hijo del hombre, todas las palabras que yo te dirija, guárdalas en tu corazón y escúchalas atentamente” (Ez 3,10).

Cristo nos enseñó a orar con la palabra de Dios, el rezaba los Salmos. “Los Salmos, de hecho, enseñan a orar. En ellos la Palabra de Dios se convierte en Palabra de oración –y son las palabras del salmista inspirado– que se convierte también en palabra del orante que reza los Salmos”. (Benedicto XVI, 22– VI –2011).

La Exhortación Apostólica postsinodal, Verbum Domini, publicada por Benedicto XVI, el 30 de septiembre de 2010, hace un llamado para reflexionar sobre la importancia de la Palabra de Dios en nuestras vidas como discípulos de la “Palabra hecha carne”, Cristo Jesús. En esta Exhortación se nos enseña a ponernos a la escucha de la Palabra, a hacer silencio en este mundo donde, sin duda, hay muchas palabras. El Papa nos recuerda que, de acuerdo a las normas litúrgicas debemos hacer silencio después de escuchar la palabra y nos enseña a hacerlo con su ejemplo. El silencio permite que la Palabra entre dentro de nosotros. Hay que dejar que la palabra geste en nosotros, penetre en el corazón y haga morada en cada uno. No basta escuchar la palabra, hay que darle hospitalidad en el corazón interior.

El momento privilegiado de la proclamación de la Palabra se tiene en la Eucaristía. No se pueden introducir otras lecturas, aunque sean textos de santos. En la celebración de la Eucaristía tenemos dos mesas: la mesa de la Palabra y la mesa del Cuerpo de Cristo, Pan de vida, nos enseña el Vaticano II.

Hay mucho por hacer aún en nuestras celebraciones, para lograr que la proclamación de la Palabra tenga el protagonismo que le corresponde. No cualquier persona, aunque sea capaz de leer, puede proclamar la Palabra de Dios en la Eucaristía. No se debiera pasar al ambón a proclamar la palabra, sin haber leído antes, por lo menos una vez, el texto sagrado. Benedicto XVI nos dice: “es necesario que los lectores encargados de este servicio, aunque no hayan sido instituidos, sean realmente idóneos y estén seriamente preparados”.

Este mes de la Biblia tiende a que todos demos la importancia a las Sagradas Escrituras que le corresponde como nos enseña la tradición de la Iglesia, para que cada día, como discípulos nos pongamos a su escucha y la veneremos profundamente. Orígenes decía a los cristianos de su tiempo: “ustedes que están acostumbrados a tomar parte en los divinos misterios, cuando reciben el Cuerpo del Señor lo conservan con todo cuidado y toda veneración para que ni una partícula caiga al suelo, para que nada se pierda del don consagrado. Estan convencidos, justamente, de que es una culpa dejar caer sus fragmentos por descuido. Si por conservar su Cuerpo son tan cautos –y es justo que lo sean–, sepan que descuidar la Palabra de Dios no es culpa menor que descuidar su Cuerpo”. (Orígenes, In Exod. hom. 13,3).

La Conferencia Episcopal Boliviana nos ofrece cada año un subsidio para este mes de la Biblia. Nos invita a reunirse en grupos y reflexionar sobre el tema: COMUNIDAD: TESTIGO DE AMOR Y ESPERANZA EN NUESTRO PUEBLO. Este tema parte del texto evangélico, “en esto conocerán todos que son discípulos míos: si se tienen amor los unos a los otros” (Jn 13,35). Son 5 los aspectos a reflexionar:

    1. Jesús, Camino, verdad y Vida (Jn 14,1-14).

    2. “Jesús luz del mundo” (Jn 9,1-17).

    3. Amar y servir: “hagan ustedes lo mismo” (Jn 13,1-15).

    4. “Permanezcan unidos a mi” (Jn 15,1-11).

    5. “Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes” (Jn 20,19-23).

Próximamente el día 30 de septiembre se cumplirá un año de la publicación de la Exhortación Apostólica Sinodal, Verbum Domini, de Benedicto XVI. Este documento del Santo Padre es de una gran riqueza, el desconocerlo significa una gran pérdida en el conocimiento del tesoro de los cristianos, la Palabra de Dios, la Sagrada Biblia.

Siguiendo el llamado del Santo Padre, les invito a vivir este mes de la Biblia en comunión eclesial y no reducirla al ámbito de lo personal o privado. El dice: “la Biblia es el libro de la Iglesia, y su verdadera hermenéutica brota de su inminencia en la vida eclesial. San Gerónimo recuerda que nunca podemos leer solos las Escrituras” (VD 29 y 30).

Aparecida nos invita a ser “discípulos misioneros”, o sea, a anunciar la Palabra de Dios, la Buena Noticia. La fidelidad al mandato de Cristo, de anunciar el evangelio, de ser misioneros, se alimenta cada día en la meditación orante de la Palabra de Dios. Solamente la acogida de la Palabra nos puede impulsar a vivir y trabajar en la Misión Permanente.

Les propongo hacer en sus casas, en este mes, un pequeño altar donde esté la Sagrada Biblia y el tríptico de la Misión Permanente. Servirá para unirse en los cultos que venimos haciendo a la Virgen de Guadalupe.

Entrañables hermanos, termino esta pequeña reflexión con las palabras de Benedicto XVI: “que cada jornada nuestra esté marcada por el encuentro renovado con Cristo, Verbo del Padre hecho carne… Hagamos silencio para escuchar la Palabra de Dios y meditarla, para que ella, por la acción eficaz del Espíritu Santo siga morando, viviendo y hablándonos a lo largo de todos los días de nuestra vida” (VD 124).

Con afecto hacia todos, imploro la bendición de Dios Padre, a  través de Cristo, Palabra eterna.

 

    Jesús Pérez Rodríguez O.F.M.

    ARZOBISPO DE SUCRE
 

    Sucre, 27 de agosto de 2011