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MONS. JESÚS PÉREZ: MENSAJE EN EL DÍA DEL DOMUND

“La fe crece compartiéndola”. 

Queridos hermanos y hermanas: Paz y Bien.

El tercer domingo de octubre celebramos, cada año, la Jornada Mundial de la Misiones, en la Iglesia universal y en cada una de las iglesias particulares. Jornada llamada Pontificia, porque viene siempre determinada por el Papa. Benedicto XVI, al igual que los antecesores, acompaña con un mensaje la celebración del DOMUND. Sería muy provechoso no sólo conocer el mensaje de este año, sino desempolvar la colección de mensajes que han ayudado a formar la conciencia misionera en los cristianos.

El Santo Padre nos señala al inicio de su mensaje el marco, en que este año celebramos la Jornada: “La celebración de la Jornada Misionera Mundial de este año adquiere un significado especial. La celebración del 50 aniversario del comienzo del Concilio Vaticano II, la apertura del Año de la Fe y el Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización, contribuyen a reafirmar la voluntad de la Iglesia de comprometerse con más valor y celo en la misión ad gentes, para que el Evangelio llegue hasta los confines de la tierra” (Mensaje de Benedicto XVI).

El Papa, en su mensaje, retoma de su carta “Porta fidei” el lema de esta Jornada del DOMUND, “llamados a hacer resplandecer la ‘palabra de verdad” (Porta fidei, 6). Reafirma la urgente y principal tarea de la Iglesia, la evangelización. La nueva evangelización es el tema del Sínodo de obispos que se celebra en Roma a partir del 11 de octubre. El Papa, da razón de esta urgencia y necesidad “ya que ha aumentado enormemente el número de aquellos que aún no conocen a Cristo” (Mensaje de Benedicto XVI). Y nos recuerda una expresión bellísima del Beato Juan Pablo II, “los hombres que esperan a Cristo son todavía un número inmenso” (Redemptoris Missio 86).

Nuestra iglesia de Bolivia a través de la Conferencia Episcopal viene impulsando el espíritu misionero a través de los congresos misioneros, de los congresos nacionales y congresos regionales misioneros y, ha señalado, con la Obras Misionales Pontificias, un lema que nos ilumine en la Jornada de este año: “LA FE CRECE COMPARTIÉNDOLA”. Esto lo hace para que haya una continuidad con el caminar de la Misión Permanente que vive Bolivia en comunión con las otras iglesias de América Latina.

La Jornada Mundial de la Misiones siempre ha ayudado a renovar el espíritu misionero. Así, también Aparecida nos ha llamado a ser discípulos misioneros. El Papa nos ha dicho: “el afán de predicar a Cristo nos lleva a leer la historia para escudriñar los problemas, las aspiraciones y las esperanzas de la humanidad, que Cristo debe curar, purificar y llenar de su presencia” (Mensaje de Benedicto XVI).

Nuestra realidad nos está impulsando a través del Espíritu Santo a trabajar en esta nuestra Iglesia de Sucre de acuerdo al Plan Pastoral. Hay, sin duda, una mayoría que vive en pobreza material, sobre todo en el campo, pero “mayor compasión merecen los que se apartaron de la fe o del recto proceder, o los que se sumergieron voluntariamente en el pecado; éstos precisan más del pan celestial de los ángeles, el dulce Jesús; dénselo con ardientes súplicas, con gemidos, con los ardores la caridad. Igualmente, quienes recibieron el alimento de la Palabra de Dios…” (San Buenaventura, Vitis mýstica).

Esta Jornada, ojalá llegue a inquietar a tantos cristianos indiferentes ante el mandato de Cristo, “vayan por el mundo y anuncien la Buena Noticia…” (Mc 16,15). “Es necesario renovar el entusiasmo de comunicar la fe para promover una nueva evangelización… La preocupación de evangelizar nunca debe quedar al margen de la actividad eclesial y de la vida personal del cristiano…” (Mensaje de Benedicto XVI).

La misión ad gentes, o sea, a países o lugares donde no se conoce a Cristo, deben preocupar a todas las iglesias, es parte de su ser, pues la Iglesia es universal, católico, quiere decir, universal. Por ello, en nuestra Arquidiócesis existe esta preocupación y, en el Plana pastoral, hay objetivos y estrategias para el trabajo misionero. Pero todos debemos entusiasmarnos para llevar la luz del Evangelio o la Buena Noticia a nuestros amigos.

Todos nos relacionamos con los demás y cultivamos la amistad auténtica. El amigo auténtico quiere lo mejor para su amigo, ahora bien, no hay mayor bien que llevar a los otros a Cristo, él es el camino, la verdad y la vida (cf. Jn 14,6). Y, no existe mayor amor que dar esa misma vida por los amigos (cf. Jn 15,13). Fruto de este Año de la Fe, que iniciamos el 11 de octubre, debiera ser la renovación del compromiso de ser misionero, llevar a otros a Jesús. Tenemos, de manera especial en este año, el desafío de trabajar para que nuestros amigos conozcan a Dios, que así le puedan seguir y beneficiarse de la luz de la fe.

Jesús dijo y nos dice a todos los cristianos: “como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes” (Jn 20,21). Este mandato de Cristo, a los largo de la historia se ha encontrado con muchísimos obstáculos para ser realizado. Los cristianos de hoy tenemos también que sortear un sin número de dificultades, por ello, conscientes que el mandamiento misionero de Cristo sigue en pie, confiemos en el poder del que nos envía y nos ha dicho: “yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). Sigamos trabajando en la tarea misionera de la Iglesia con la fuerza de Jesucristo.

Hermanos y hermanas, reavivemos nuestra fe y comprometámonos en propagarla, lamentablemente vivimos un ambiente donde el que no hace ruido no es tomado en cuenta. Aunque parezca que es nada o casi nada, oremos para que “haya más operarios” (Mt 9,38; Lc 10,2) colaboremos económicamente con generosidad a la obra de la evangelización. Todos podemos y debemos comprometernos en estos dos aspectos al menos. También oremos al Señor por nosotros mismos para que nos conceda la gracia de ser testigos de Él, siendo discípulos misioneros.

Que el Señor les conceda, hermanos y hermanas, la gracia de perseverar en la fe y en anunciarla.

Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.
ARZOBISPO DE SUCRE