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Mons. Jesús Pérez: Mensaje de NAVIDAD

CELEBREMOS LA NAVIDAD CON SABOR CRISTIANO. 

Queridos hermanos y hermanas: Paz y bien.

La Navidad ya se siente desde los primeros días del mes de diciembre y, mientras se acerca el 24 y 25, ya el calor y el sabor de la Navidad nos llenaron de la alegría del Salvador, que nació para toda la humanidad. Los cristianos sabemos que en la Navidad celebramos el hecho maravilloso e incomprensible de un Dios que abraza a la vida humana con todas las deficiencias.

En medio de la noche aparecen unos ángeles a los pastores y les dan una Buena Noticia: “¡Les anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo; hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador que es el Cristo Señor!” (Lc 2,10-11). Este hecho histórico, es a la vez, una verdad de fe. La Navidad sin fe carece de la alegría profunda y auténtica. Se queda en una fiesta más, sin hondura, y, en un hecho histórico, sin duda, pero la Navidad es mucho más.

San León Magno, Papa, decía en una de sus homilías de Navidad: “Hoy, el Hacedor del mundo ha nacido del seno virginal. El que ha creado todas las cosas se ha hecho hijo de aquella que él mismo ha creado. Hoy, el Verbo de Dios se ha manifestado revestido de carne: la naturaleza divina que nunca había sido visible a ojos humanos, ha empezado incluso a poder ser tocada por nosotros. Hoy, los pastores han sabido por las palabras de los ángeles que el Salvador ha sido engendrado en la naturaleza humana con su carne y con su alma. Hoy, a los pastores de la grey del Señor ha sido dado el modelo de la evangelización, de manera que también nosotros, unidos a la multitud del celestial ejército, aclamemos diciendo: ¡Gloria a Dios en lo alto del cielo y paz en la tierra a los hombres que él ama!”.

La fiesta de Navidad que se extiende más allá de los cristianos, es ante todo, una fiesta de fe, por ello hay que celebrarla con sabor cristiano. Los pastores eran creyentes, conocían las promesas de Dios a su pueblo, por ello el anuncio gozoso, la noticia de una alegría tenía un gran sentido para ellos. La aparición de los ángeles llenos de luz en medio de la noche les recordaría las palabras de Isaías que se leen en las misas de Navidad: “el pueblo que camina en tinieblas vio una luz grande… porque un Hijo se nos ha dado” (Is 9, 1-2.5).

Para el no creyente, la Navidad es una fiesta más, una fiesta con sabor de familia y de mayor cercanía a los amigos, para los niños es la fiesta de los regalos… Los cristianos, iluminados por la fe de nuestras eucaristías, somos alimentados por los textos de la celebración de Navidad. Escuchamos a lo largo de este tiempo de Navidad, que se prolonga hasta el día de Reyes, 6 de enero: “alegrémonos todos en el Señor”, “acreciste la alegría y aumentaste el gozo: se gozan en tu presencia”, “alégrense el cielo y la tierra, delante del Señor”, “les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo”. Sólo desde la fe, podemos sentir y alegrarnos con el Nacimiento del Salvador.

Siempre, pero mucho más en este Año de la Fe, debemos comunicar la fe a los demás, siendo testigos de lo que creemos. Vale la pena que, proclamemos la divinidad de Jesús de Nazaret nacido en Belén y todo lo que nos viene con el Nacimiento de Jesús: paz, justicia, salvación, liberación, victoria, vida, alegría, filiación divina. No importa que algunos no nos escuchen. Nuestro mensaje de alegría y felicidad lo debemos relacionar con el infinito amor de Dios, “tanto nos amó que nos dio a su Hijo” (Jn 3,16). Los cristianos sabemos lo que celebramos y de lo celebrado es lo que compartimos. Por ello, en estos días de celebración de la Navidad, es necesario reavivar y celebrar la fe en el Hijo de Dios, y que la luz de la fe habite con rutilante resplandor en los corazones de todos.

Al celebrar la Navidad lo hacemos con las connotaciones de las costumbres familiares y sociales. Pero no nos quedemos anclados en aquellas tradiciones que se han convertido en una rutina. Las tradiciones son enriquecedoras cuando permiten que el pasado inspire e invada el presente. Las tradiciones pueden traicionarnos. De ahí el coraje de dar forma a las tradiciones de acuerdo a lo que más nos pueda ayudar a vivir con sentido profundo la Navidad. La Navidad es fiesta de fe que nos lleva al amor auténtico.

Hay valores o principios cristianos en la Navidad, que no se pueden olvidar para que sea fiesta de fe: Dios envía a su Hijo para salvarnos de los pecados, Dios hecho hombre es nuestro Redentor, Dios es amor y por amor se ha hecho uno de nosotros. Dios nos hace sus hijos, con el Nacimiento de Cristo. En Navidad Dios nació para nosotros y en el bautismo nacimos para Dios. De aquí aquella exclamación y exhortación de San León Magno: “Oh cristiano, recuerda cuán grande es tu dignidad”. En la Navidad celebramos el hecho de que Dios abraza la vida humana con todos sus errores, luchas y limitaciones.

La celebración de la Navidad tiene su centro en la eucaristía y especialmente a medianoche. El Dios Poderoso que aparece en medio de la noche quiere iluminar nuestras noches, tinieblas, por ello dejémoslo entrar en lo profundo del corazón. Honremos la sacralidad de nuestra humanidad, de nuestro cuerpo y vivamos profundamente la vida humana. Compartamos con los seres queridos la vivencia de la fe. Revivamos todo lo celebrado, con aquellos que podamos, con aquellos que más queremos. Continuemos celebrando el acontecimiento de Navidad hasta la fiesta de Reyes.

La Navidad es un momento importante del año – ojalá que todo el año fuera Navidad – para vivir y revivir a Dios que nos abraza, nos quiere así como somos, nos habla cuán hermoso es ser humanos. “El Hijo de Dios se hizo hombre” (Jn 1,14), pertenece a la historia de la humanidad.

Hagamos un programa para celebrar espiritual y humanamente esta gran fiesta cristiana. Consideremos cada uno desde la perspectiva de la fe si los preparativos –el Adviento tiempo de preparación espiritual– sirven para vivir con fe la Navidad del Señor. Procuremos avivar la fe y crear costumbres cristianas en la familia y entre los amigos. La Navidad es más, muchísimo más, que un día de nuestro calendario cristiano y humano. Hagamos el esfuerzo que nuestras tarjetas navideñas resalten el Misterio de la Navidad y recordemos con fe, en la oración, a las personas queridas que les deseamos la felicidad de la Navidad. Que el gozo de la Navidad les haga mensajeros del Evangelio.

La Navidad es un tiempo propicio para amarnos los unos a los otros en Cristo y por Cristo. Un tiempo para más alegría, amistad, paz, tolerancia, amor. Navidad es Dios con nosotros. Mi mejor saludo y felicitación, deseándoles la más grande alegría en la Navidad del Señor. ¡Feliz Navidad del Señor Jesús!

Jesús Pérez Rodríguez O.F.M.
ARZOBISPO DE SUCRE