Sucre

Mons. Jesús Pérez: Ellas me conocen y me siguen

Hoy es un domingo muy especial para la Iglesia, es una jornada de oración ferviente, siguiendo la exhortación del Pastor de nuestras almas, Cristo Jesús: “Oren al dueño de la mies que envíe obreros a su mies, pues los obreros son pocos y la mies mucha” (Lc 10,2). En tiempo de Jesús, como ahora, la necesidad es apremiante para llevar a cabo la tarea encomendada,“vayan por todo el mundo, anuncien la buena Noticia, enséñenles y bautícenlos…”(cfr. Mt 28,19). Celebramos la Jornada Mundial de Oración por las vocaciones sacerdotales y religiosas.

Es costumbre en las diversas liturgias diferenciar algunos domingos con un título que alude a sus contenidos. En el ambiente nuestro se llamaba al 5º domingo de Cuaresma con el nombre de Lázaro al domingo siguiente a Pascua “in albis”. Hoy cuarto domingo de pascua, se le ha denominado domingo del Buen Pastor. Un domingo para dirigir la atención de la Iglesia universal y particular a Cristo como el Pastor de toda la Iglesia, el Pastor que nos conoce y por ello sabe muy bien lo que cada cual necesita.

Estamos celebrando en este tiempo pascual, de manera especial, la nueva vida de Cristo que ha vencido la muerte con su Resurrección. Jesús al resucitar de entre los muertos, vive, es el Viviente que habita en la persona de todo aquel que por la fe lo haya aceptado como su Señor. Está en el cielo junto al Padre, pero habita en el alma que está en gracia, que se ha dejado liberar de la esclavitud del pecado. Él está en medio de la comunidad creyente cuando se reúnen en su nombre, aunque sean dos o tres. Todo esto lo sabemos por la fe, pero el saberlo no basta, hay que redescubrirlo, es un desafío a nuestra imaginación, es un misterio denso y provocador, por ello Benedicto XVI nos ha dicho que en este Año de la Fe, debemos trabajar para redescubrir la fe, la fe en lo que decimos creer, en lo que celebramos, en la forma como vivimos y como rezamos.

La fe nos enseña que Dios oye nuestras súplicas.Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento encontramos que a través de la oración nos relacionamos con Dios. Jesucristo con su ejemplo nos ha enseñado a orar, a estar a solas con Dios, y a orar en comunidad. Es muy importante saber relacionarnos con Dios, saber escucharlo, darnos tiempo para estar con el Señor. Nuestra relación con Dios es a través de la fe, que nos lleva a oír su voz. Este domingo, en Juan 10,27-28, nos dice: “Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco, y ellas me siguen y yo les doy la vida eterna”. ¡Qué palabras más hermosas y consoladoras para todos los que creemos en Cristo y recurrimos a Él!

El Papa nos ha dicho: “Profesar con la boca indica a su vez, que la fe implica un testimonio y mi compromiso público. El cristiano no puede pensar nunca que creer es un hecho privado. La fe es decidirse a estar con el Señor para vivir con Él. Y este estar con él nos lleva a comprender las razones por las que se cree”. (Porta fidei, 10). Toda la Pascua, que seguimos celebrando en la cincuentena pascual, nos viene pidiendo que vivamos el triunfo de Jesús resucitado en nuestro corazón y ser testigos de Jesús que ha resucitado entre los muertos.

Este domingo del Buen Pastor es como una oportunidad que nos da el Señor para ahondar con fe en el nacimiento a la vida nueva de hijos de Dios. El Papa, en su libro la “Infancia de Jesús”, nos dice: “en el nuevo nacimiento de la Resurrección, Jesús ya no es solamente el primero en dignidad, sino el que inaugura una nueva humanidad. Una vez que la puerta férrea de la muerte ha sido abatida, ahora son muchos los que pueden pasar por ella, junto a él: todos aquellos que en el bautismo han muerto y resucitado con él”.

“Ellas me conocen y me siguen” estas palabras de Jesús nos pide una actitud receptiva y acogedora. El mismo Jesús expresa como debemos ser: “mis ovejas escuchan mi voz y me siguen” (Jn 10,27). Por ello en este domingo del “Buen Pastor” debemos examinarnos si somos buenas ovejas del rebaño de Cristo, o sea, buenos discípulos de él, si buscamos conocerlo más, si le escuchamos, si le seguimos.

La vocación comenzó por el primer llamado a la fe, en el sacramento del bautismo. Pero Dios respeta nuestra libertad, nuestra dignidad, podríamos decir, y está siempre esperando una libre respuesta por parte de cada uno. La oración cristiana es una urgencia de fidelidad al amigo, al Pastor de nuestras almas, Cristo Jesús. Aún después de haber escuchado la voz de Cristo, es necesario estar atentos para escuchar la voz del Buen Pastor que sigue hablándonos en el corazón con su palabra y por la palabra de los pastores de su Iglesia. Por ello, en esta Jornada de Oración por las Vocaciones oremos fervientemente para que el Señor nos conceda más pastores y mejores pastores que nos guíen hacia Cristo, el “Buen Pastor”.

 

Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Sucre, 21 de Abril 2013