Sucre

MONS. JESÚS PÉREZ: EL LÍMITE LO PONE CADA UNO

A partir de este domingo y por espacio de cinco domingos, se escucharán en nuestras eucaristías dominicales el capítulo seis de San Juan, en lugar de San Marcos que es el evangelio del ciclo B. En este capítulo seis se lee la multiplicación de los panes y el discurso teológico sobre el “pan de vida”, Jesús se auto proclama, “Yo soy el pan de vida” (Jn 6,35).

Es conveniente conocer la estructuración de los cinco domingos en que se leerá el capítulo seis de San Juan: la narración del milagro (Domingo xvii, TO, 29 de julio), el diálogo sobre el maná dado en el desierto (Domingo xviii, TO,  5 de agosto), qué significa creer en Jesús (Domingo xix, TO, 12 de agosto), qué significa comer a Jesús (Domingo xx, TO, 19 de agosto) y las reacciones de sus oyentes y discípulos (Domingo xxi, TO, 26 de agosto).

Cristo Maestro anunció la Palabra, instruyó a sus discípulos y al pueblo, pero también multiplica el pan material. Esta forma de actuar es una lección para los discípulos, los cristianos. La Iglesia siempre se ha dedicado a los más pobres, a los enfermos, a los perseguidos, a los inmigrantes, emigrantes… Los que participan y cooperan en estas obras saben cuán grande es el servicio de la Iglesia en esta Arquidiócesis de Sucre y en todo el País. Es de lamentar que se ignore o aminore lo que hace la Iglesia.

En este domingo escuchamos las palabras de Jesús, “denles ustedes de comer” dirigidas a todos los que tenemos a Cristo como Maestro y Dios. No podemos quedarnos en la admiración del poder divino de Cristo, sino que es necesaria la colaboración eficaz y decidida por parte de cada uno. En la primera lectura, uno ofrece generosamente veinte panes de cebada. El joven del evangelio da cinco panes y dos peces. Partiendo de lo que le ofrecen, hacen el milagro, tanto el profeta Eliseo como Cristo. Esta es la enseñanza de Dios y espera nuestro aporte, Dios quiere actuar desde nuestra generosidad.

Podemos afirmar, Dios hace mucho con poco. El poco de poner nuestras cualidades humanas al servicio de los otros. Son muchos los que colaboran en esta multiplicación de los panes en esta hora actual: ¡cuántos cristianos comprometidos, voluntarios, misioneros, religiosos y religiosas que trabajan con tanta entrega a lo largo de todo el mundo!
Algunas personas apocadas creen que no pueden hacer nada. Pero no, es necesario que lo poco que tenemos lo pongamos íntegramente en las manos del Señor. Dios quiere contar con nuestra colaboración. Dios quiere seguir multiplicando el pan de cada día y no sacarlos de la nada. El cristiano tiene que sentirse llamado a colaborar con su granito de arena, a no regatear a Dios lo poco que tiene.

Cristo miró la necesidad de su pueblo e hizo que los discípulos sirvieran al pueblo como a señores. Hizo sentar a todos sobre la hierba. No les obligó a formar fila o esperar a otro día. Con sosiego, serenidad se distribuyó el pan y los peces. Cada uno comió lo que necesitaba. Dios atiende nuestras necesidades, llega a nuestra realidad. Jesús está interesado en que no nos falten las fuerzas para que podamos vivir y en que tengamos una vida plena.

Jesús manda que todos: niños, jóvenes, hombres, mujeres se sirvan cuanto quieran. No hay límites para comer. El límite lo pone cada cual, de acuerdo a lo que quiera comer. Dios no dice nunca basta a sus dones y regalos. Les mandó sentarse, aunque tenían hambre, y a esperar con calma.

Hoy viendo los detalles del milagro de los panes y las connotaciones que le acompañan debemos sacar algunas conclusiones que vayan más allá de la admiración. ¿Sabemos guardar calma y serenidad ante las dificultades de la vida? ¿Imitamos de Cristo la delicadeza con que hace sentar a la gente para hacerles llegar el pan y los peces? ¿Sé sentarme, buscando sosiego en la oración, en el diálogo con los demás?

Necesitamos muchas cosas, “no solo de pan vive el hombre”, pero, ¿me doy tiempo y tranquilidad para orar, reflexionar, comulgar y examinar lo que realizo? Si no intimo con el Señor, en la oración, si no recibo o siento su presencia en la vida, no es porque Dios no quiera, pues la medida de Dios nunca será agotada, Dios es infinito y sus dones son infinitos. San Bernardo dice que “la medida del amor es amar sin medida”.

La multitud, miles de personas estaban junto  a Jesús. Había un pueblo amado. Hoy resuena en la segunda lectura una llamada a la unidad de los creyentes en Jesús. Para el apóstol Pablo el ser bautizado tiene unas exigencias. Entre ellas señala la unidad. La unidad es la expresión del amor. Hay que trabajar por una unidad permanente, católica, universal. La unidad se hace en el servicio sencillo y humilde, en el trato amable. Jesús nos lleva a la unidad; si ponemos cuanto está de nuestra parte, vamos a ver admirados cómo él consigue tanto con tan poco.

Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.
ARZOBISPO DE SUCRE

Sucre, 29 de julio de 2012