Análisis

Mons. Jesús Pérez: “Cristianos miedosos”

Con Pentecostés se concluyen los 50 días de la Pascua. Una fiesta, la Pascua de Jesús, celebrada con júbilo y esperanza, ella es el acontecimiento del triunfo de Cristo. No todos los cristianos llegan a percibir lo que esto significa para la vida cristiana. La Pascua trajo la victoria sobre el pecado y la muerte. Para vivir profundamente la Pascua necesitamos la fe, sin ella no se puede vivir cristianamente. La resurrección pasó a ser nuestra fiesta dominical, el Dia del Señor, el domingo, que reúne a los cristianos en la celebración de la Cena del Señor, donde Cristo se hace presente en medio de la comunidad cristiana. La mayoría de los cristianos no vive la resurrección de Jesús y, esto acarrea un mal, lo que no se celebra se olvida.

Pentecostés, originariamente, para los judíos, era la fiesta de la cosecha o de la primera siega del trigo. Así lo podemos ver en el libro del Éxodo 34, 22 y también en libro del Levítico 23, 16-22 encontramos muchos detalles sobre esta celebración. El versículo 23 indica una forma concreta de expresar la gratitud a Dios. La Iglesia celebra en Pentecostés la venida del Espíritu Santo sobre María, la Madre de Jesús, y sobre los apóstoles reunidos en oración con ella.

Después de los 50 días de celebración de la Pascua de Jesús, podemos preguntarnos qué frutos hemos dado en bien de la Iglesia a la que pertenecemos. El grano de trigo, Cristo, cayó en tierra y murió nos dice Juan 12, 24. El no ha quedado solo, pues de él ha nacido el nuevo pueblo de Dios, la Iglesia. Ella es la cosecha abundante y rica. Por eso podemos alegrarnos pues somos el fruto de la muerte y resurrección de Jesús.

Pascua, para los cristianos, es la fiesta del bautismo que, nos renueva para volvernos a sumergir en Cristo, vencedor de la muerte. Es la fiesta de la vida nueva en el Espíritu que nos transforma en sarmiento fecundo de la vid que es Cristo. Pentecostés es la fiesta de la confirmación, y ofrece nuevamente en plenitud el Espíritu Santo, recibido en el bautismo, para transformarnos en testigos de Jesús y su reino. Con Pentecostés nace la Iglesia, y llena del Espíritu nos lanza al mundo entero, llevando a todas partes el anuncio de la Buena Noticia.

La Iglesia nace anunciando, nace misionera para anunciar a Jesús como Salvador y Redentor de toda la humanidad. La misión como la santidad no es una opción libre para el cristiano, algo supeditado al gusto o la inclinación de cada uno. No es una alternativa: ser cristiano es abrir las ventanas de la casa y proclamar a todos que Jesús ha vencido la muerte y el pecado, ¿qué pasa a la mayoría de los cristianos que no se comprometen en el anuncio del Evangelio? ¿No tendremos el Espíritu Santo? Todo bautizado debe ser misionero. Es un mandato de Cristo. Sin duda que, gran número de los cristianos es miedoso e indiferente ante la misión dada por Cristo a sus discípulos: “Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Noticia”. Con la venida del Espíritu Santo en Pentecostés los discípulos superaron el miedo. Y, ¿nosotros?

Sucre, 20 de mayo de 2018

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.

Arzobispo emérito de Sucre

[Imagen: vida-nueva.com]