Sucre

MONS. JESÚS PÉREZ: BENEDICTO XVI

La Iglesia católica nos invitó a celebrar el 29 de junio las dos figuras más fundamentales del anuncio de la buena noticia, los apóstoles Pedro y Pablo, considerados desde el principio del cristianismo como columnas de la fe en Cristo, el único Salvador.

A Pedro se le encargó ser fundamento de la Iglesia: “tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia” (Mt 16,18). Se le pidió cuidar la fe de los hermanos: “confirma a tus hermanos en la fe” (Hch 22,32). Se le pide que con amor pastoree las ovejas del rebaño de Cristo: “apacienta mis ovejas” (Jn 21,16). Pedro expresa en sus dos cartas el amor grande a toda la Iglesia.

Pablo era fariseo comprometido. Jesús lo llamó cuando iba a Damasco a tomar presos a los cristianos. Oyó las palabras de Jesús: “Saulo, Saulo, ¿porque me persigues?” Él preguntó ¿Quién eres, Señor? (Hch 9,4-5). Pablo fue bautizado por Ananías en Damasco. Nos dio 14 cartas maravillosas que son parte de la Biblia.

El día 29 de Junio es para la Iglesia entera un motivo de celebración gozosa por el testimonio valiente de los Apóstoles Pedro y Pablo y, este ejemplo de fidelidad en la misión encomendada por el Señor Jesús es una requisitoria a cada uno de los discípulos de Jesús. Una llamada a ser apóstoles valientes del Evangelio como los fueron ellos.

En esta fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo hemos celebrado el día del Papa. Pedro no fue sucesor de Cristo, sino su Vicario, la piedra firme del edificio de la Iglesia, el Pastor Supremo. Por ello, el Papa, hoy Benedicto XVI, es el sucesor de Pedro, el Vicario de Cristo, pero no sucesor. Cristo sigue actuando, rigiendo a la Iglesia, Él sigue presente con su Santo Espíritu.

Al celebrar el Día del Papa, recordamos el diálogo de Jesús con Pedro. “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos?” (Jn 21,15). Jesús repite por tres veces la misma pregunta. Antes de investir a Pedro de la dignidad del Vicario, le sometió a un examen. Todo se reduce al amor, amor afectivo y efectivo. “¿Me amas? Apaciente mis ovejas”.  Es que el amor es lo máximo en las normas de la Iglesia. El Código de Derecho Canónico termina con el canon 1752 diciéndonos: “la salvación de las almas debe ser siempre la ley suprema de la Iglesia”.
El Papa Benedicto XVI, ha manifestado claramente que quiere regirse por el amor.  Su primera Encíclica, “Deus Caritas est”, pone a toda la Iglesia en la seria reflexión sobre Dios mismo: “Dios es amor” (1Jn 4,8).  El Papa habla mucho de la caridad.  Su último mensaje con motivo de la Cuaresma está centrado en el amor y la solidaridad hacia los demás.

Nuestra comunión con la Iglesia y adhesión al Papa van unidas, como no se puede separar la unidad con Cristo Cabeza y su cuerpo la Iglesia.  La unión con el Papa debe ser afectiva y efectiva.  Una de las maneras afectivas y efectivas es la oración por él.  En la Eucaristía siempre pedimos por él, por la comunión con él.

El Papa Benedicto, Pastor universal, ha pasado su vida rezando, reflexionando, estudiando.  Conoce por ello muy bien el mundo y la Iglesia.  Sabe muy bien que la misión de la Iglesia es anunciar la Buena Noticia.  Por ello, su meta es compartir el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. A pesar de su avanzada edad sigue visitando el mundo para anunciar a Cristo.

Nos haría mucho bien tomar la decisión de conocer mucho más sus enseñanzas.  Ha escrito tres encíclicas: Deus Caritas est (25-XII- 2005), Spe Salvi (30-XI-2007) y Caritas in Veritate (29-XI-2009).  Tiene dos exhortaciones: Sacramentum Caritatis (22-II-2007), Verbum Domini (30-IX-2010).  Asimismo, una serie de mensajes, homilías, catequesis, numerosos discursos. Ha escrito más de cien libros.

El día 29, Día del Papa, podría llamársele también día de la catolicidad.  La festividad de los apóstoles Pedro y Pablo, ha servido para reafirmar muchísimo más nuestra adhesión inquebrantable a Jesucristo, a Pedro, a la Iglesia y al Papa, para entusiasmarnos por nuestra fe católica y buscar hacer cada vez más afectiva y efectiva nuestra pertenencia a la Iglesia.

El Papa manifiesta la caridad de la Iglesia de una manera particular con las ayudas que hace llegar a tantos lugares, especialmente en los momentos de desastres.  Los fondos para estas ayudas provienen de los cristianos que cooperan económicamente con él.  La colecta que se hace en nuestros templos, llamada óbolo de San Pedro, nos da la posibilidad, cada año, de hacer más visible la caridad, el amor de la Iglesia a través de las ayudas del Papa.

Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.
ARZOBISPO DE SUCRE

Sucre, 1 de julio de 2012