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Mons. Flock: ” los daños y estragos en nuestra sociedad indican una gran necesidad de conversión”

En este Segundo Domingo de Adviento, Mons. Robert Flock, Obispo Auxiliar de Cochabamba y nombrado Obispo de San Ignacio de Velasco, en su homilía reflexionó sobre la conversión y los Siete Dones del Espíritu Santo, expresó que “los daños y estragos en nuestra sociedad indican una gran necesidad de conversión”.

A continuación la homilía completa:

“Preparen el camino del Señor”

Queridos Hermanos.

Hoy tenemos dos visiones del Mesías muy diferentes, pero complementarias, en el Evangelio y en la Primera Lectura. Mientras San Juan Bautista, habla de un “poderoso” que bautiza con Espíritu Santo y Fuego, identificado con la “ira de Dios que se acerca”, el Profeta Isaías habla del “retoño de Jesé”, un nuevo Rey que será guiado por el “Espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y del y de temor del Señor”. Son seis de los siete dones del Espíritu Santo que invocamos en el Sacramento de la Confirmación; no menciona explícitamente a la “piedad”, pero a continuación alude a ella al decir: “juzgará con justicia a los débiles y decidirá con rectitud para los pobres del país.” Es decir, tendrá piedad para con ellos.

Ambas visiones, la de Juan Bautista, y la del Profeta Isaías, nacieron de una profunda frustración con las injusticias existentes en sus respetivas épocas, combinadas con la esperanza en Dios, que por fiel y por amor, salvará a su pueblo. El profeta Isaías había denunciado los pecados del pueblo y especialmente de los poderosos que habían abandonado al Señor (1,4), y por consiguiente a los débiles y pobres del país (11,4). Les dice de cara: “Las manos de ustedes están llenas de sangre” (1,15). Por la infidelidad de los Reyes, descendientes de David, se considera rota su dinastía, a pesar de que Dios había prometido que sus descendientes ocuparían siempre el trono. “Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y tu trono será estable para siempre” (2Sam 7,16). Entonces, para cumplir aquella promesa, “Saldrá una rama del tronco de Jesé y un retoño brotará de sus raíces”. Y a diferencia de aquellos reyes que abandonaron al Señor, a este “lo inspirará el temor del Señor”. Por consiguiente, habrá justicia a los anteriormente oprimidos, los débiles y pobres, “pero herirá al violento con la vara de su boca y con el soplo de sus labios hará morir al malvado.” También como fruto del reinado de este Mesías, habrá una armonía ecológica como existía en el jardín de Edén antes del pecado de Adán y Eva: “El lobo habitará con el cordero.” “El niño de pecho jugará sobre el agujero de la cobra”. “No se hará daño ni estragos en toda mi Montaña santa, porque el conocimiento del Señor llenará la tierra como las aguas cubren el mar.”

Las frustraciones en tiempos de Juan Bautista son muy evidentes, al llamar a los fariseos y saduceos una “raza de víboras”, pidiendo de ellos una sincera conversión, si quieren escapar el juicio que se acerca. Y explica que su bautismo, no es una magia, sino un esfuerzo para provocar una conversión.

Quizás hoy, frente a tantas injusticias, violencias, pecados ecológicos y pecados políticos, deberíamos tomar el ejemplo de Juan Bautista y bautizar a la gente en el Río Rocha y en la Laguna Alalay, para así provocar una sincera conversión. Pues, los daños y estragos de estas aguas tan contaminadas, los daños y estragos en nuestra montaña con casi 50 incendios provocados en el Parque Tunari este año, los daños y estragos en nuestra sociedad con los altos índices de feminicidio y otras formas de violencia, indican una gran necesidad de conversión, que no se logra con nuevas leyes, mucho menos con bloqueos de caminos, mientras peleamos por la tierra, el aire y el agua.

En todo caso, además de la llamada a la conversión, Juan Bautista y el Profeta Isaías proclamaron el juicio de Dios y también la venida del Salvador. Sus palabras apuntan a Cristo Jesús, el retoño de Jesé que juzgará con justicia porque reposa sobre él el Espíritu de Dios con sus dones de Sabiduría e inteligencia, de Consejo y Fortaleza, de Ciencia y Piedad y del Santo Temor de Dios. El bautizará con Espíritu Santo y Fuego, precisamente para facilitar la venida del Reino de Dios, en lugar del poder de las razas de víboras. La venida de Jesús es lo que llenará la tierra del auténtico conocimiento del Señor, y por consiguiente de una nueva armonía ecológica, de una nueva convivencia humana sana, y de un mundo donde hasta los “paganos glorifiquen a Dios por su misericordia.”

Al tomar consciencia de esta revelación divina, debemos llegar a la conclusión de que sin Cristo los proyectos para lograr la justicia están destinados al fracaso. Sin una verdadera acogida de Jesús, no lograremos un equilibrio con la naturaleza. Sin recibir nosotros el Espíritu Santo y sus dones, no vamos a reducir los índices de feminicidio y violencia. Sin el santo temor de Dios Padre, no conoceremos la misericordia que necesitamos para escapar la ira que se acerca, a causa de nuestros propios pecados.

Gracias a Dios, que a pesar de nuestras frustraciones en la búsqueda de un vivir bien con la naturaleza y un convivir bien unos con otros, existen expresiones que son fruto del conocimiento y acogida del Señor. Por ejemplo, la inauguración del Pabellón Oncofeliz Telemaratón, fruto de la generosidad sostenida de los Cochabambinos, es una forma muy concreta de “juzgar con justicia a los débiles y decidir con rectitud para los pobres del país.”.

En estos días, miles de jóvenes y muchos adultos están recibiendo el Sacramento de la Confirmación, invocando al Señor, para recibir los siete dones del Espíritu Santo. Significa que lo soñado por el Profeta Isaías para el rey, y lo señalado por Juan Bautista referente al más poderoso que él, pasan a ser cualidades que podemos poseer todos nosotros, si acogemos su mensaje: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca”; “Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos.”