Santa Cruz

MONS. ANTONIO REIMANN: RECORRIENDO TIERRA SANTA

Estimadas Hermanas y Hermanos:

Reciban mi saludo fraterno desde Jerusalén. Quiero compartir con ustedes algunas de las impresiones y experiencias de esta peregrinación.

19.08. En el aeropuerto en Varsovia todos los pasajeros que viajan a Israel tienen que pasar por un estricto control. Cada pasajero es interrogado por un agente israelí acerca de su procedencia, que hace, como ha preparado el equipaje, si alguien le ayudó, donde se alojará, cuando retorna, etc.

Y me pregunto: Cuando llegue un día del transbordo definitivo de esta vida a la vida eterna, ¿de qué me preguntarán? En el evangelio del día Jesús recordaba al fariseo el mandamiento más importante: “Amarás a tu Dios con todo el corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas, y a tu prójimo como a ti mismo”. Pienso que estas palabras también las tenía presente San Juan de la Cruz cuando decía que al final de la vida nos juzgará en el amor.

En la cabina del avión que nos espera, donde se encuentra el piloto leo: NAZARETH. Un día en Nazareth aterrizó el Espíritu del Señor, y gracias al permiso de la Virgen María la Palabra se hizo carne para conducirnos al encuentro con Dios y entre nosotros.

El vuelo al aeropuerto de Tel Aviv duró cuatro horas. Ahí me esperó el Hno. Pedro, de la Provincia de Santa Elizabeth de Turingia, hace cuatro años que él está al servicio de la Custodia Franciscana de Tierra Santa. Que bien, cuando alguien te espera!!

Vamos camino a Jerusalén, que dista unos 50 km. Ahí el Hno. Francisco (de nacionalidad polaca) me llevó primeramente a Emaús, ya era un poco tarde, sin embargo por su insistencia, entramos a su casa y compartimos galletas y refresco. En el sencillo templo, bajo los vidrios y puede observar los muros antiguos de la casa de Cleofas, uno de los dos discípulos. ¡Cómo no dar gracias al Señor por su presencia en nuestro caminar y por compartir con nosotros el pan que nos da la fuerza y ánimo para anunciarlo a toda la creación!

Después de la cena en el Convento San Salvador, el Hno. Jordan, de la provincia de la Asunción de la Virgen, me lleva a la Basílica del Santo Sepulcro donde se encuentra el Calvario y el Santo Sepulcro del Señor. Por las anchas gradas subo al Monte Calvario, beso la piedra y toco con la mano el lugar donde según la tradición antigua estaba plantada la Cruz del Señor.

20.08. Retorno a la Basílica de Santo Sepulcro donde me espera el P. Antonio Dudek, de mi Provincia Franciscana de Santa Eduwigis. Vamos al Cenáculo, lugar donde el Señor antes de su muerte celebró la Cena Pascual, ofreciéndose el mismo con su cuerpo y su sangre por nuestra salvación. En este lugar, después de su Ascensión, envió al Espíritu Santo en el día de Pentecostés. Lastimosamente el lugar está en las manos de los mahometanos; al lado de la sala, los hermanos franciscanos tienen un pequeño convento en el cual los peregrinos celebran la Eucaristía.

Por la tarde participo en la celebración de la Basílica del Santo Sepulcro, recorriendo en la procesión y recordando en las oraciones la pasión del Señor. Esta celebración no termina con la muerte del Señor sino con la exposición del Santísimo Sacramento, y la bendición sacramental. Al final un canto: Cristus vincit, Cristus regnat, Cristus imperat. Desde el fondo del corazón salen las palabras: Gracias Señor por tu muerte y resurrección, por tu presencia al final de los tiempos con nosotros.

En la noche del mismo día sábado, voy con el Hno. Jordan al huerto de los Olivos. Ahí los hermanos nos invitan una cena. El responsable de la casa, Fr. Benito, de nacionalidad argentina, se acuerda de mi cuando lo acogí en el Convento de San Francisco en Cochabamba, y le di el cuarto donde se alojó el beato Juan Pablo II. Veo que vale la pena el don de la hospitalidad, porque en un momento se devuelve doblemente. Después de la Cena el Hno. me deja en el Huerto de los Olivos donde se encuentran todavía cinco árboles antiguos del tiempo de Jesús. Con el misterio del Santo Rosario recuerdo la oración de Jesús, su soledad, sus miedos, su sudor con sangre… su abandono al Padre. Luego paso a la Basílica donde se encuentra la piedra que recuerda las gotas de sangre del Señor, encuentro a un grupo de peregrinos con su sacerdote en adoración al Santísimo Sacramento. La celebración concluyó con la bendición del Santísimo Sacramento a todos los presentes.

¡Gracias Señor por tu presencia, no sólo en esta noche oscura hace tanto tiempo, sino también hoy y ahora en nuestras noches oscuras, bendiciéndonos y dándonos las fuerzas necesarias para cumplir nuestra misión!

Retornando a nuestro convento, observamos miles y miles de los mahometanos que terminaron el día de oración (mes de Ramadán: de ayuno y oración durante el día, en la noche comen). Estando ya cerca de la casa, me llama la atención un chico que nos adelanta, se acerca a una de las estaciones que recuerda la pasión del Señor, la toca con la mano, se persigna y corre rápido. Recuerdo de las palabras de Jesús: el Reino de Dios es como un grano de mostaza… Este niño cristiano es como un grano de mostaza en medio de la muchedumbre que no sabe o no quiere persignarse.

21.08. Domingo. Retorno al Cenáculo y celebro la Eucaristía en la capilla colindante con la sala grande donde tuvo lugar la primera y única Eucaristía, la cual hacemos presente en cada Misa celebrada en cualquier lugar del mundo hasta el final de la historia. En esta Eucaristía estaban presentes todos ustedes, desde los más pequeños hasta los más ancianos, con sus alegrías y sus penas; de manera especial encomiendo a todos los sacerdotes y a los que se preparan para el sacerdocio ministerial en el Vicariato. Terminada la Santa Misa pasé al comedor donde me recibieron los hermanos con un buen café y frutas. También ahí encontré a un hermano franciscano de la Provincia de Castilla, Fr. Emerito Merino Abad, compañero de nuestro hermano Jesús Galeote, quien por 138 vez guía a peregrinos por estos lugares santos.

Regreso al convento para el almuerzo. ¡Qué sorpresa! En la iglesia conventual escucho lindos cantos en lengua árabe. Es la comunidad cristiana católica que participa cada domingo en la Santa Misa con mucha fe y regocijo. Me parece que uno de los tres chicos monaguillos es el que ayer se persignó en la noche y corrió a su casa. Un niño de la familia cristiana, no puede ser otra cosa.

22.08. Un detalle más de este día. El P. Antonio Dudek consiguió un permiso de la comunidad aramea para entrar a las cavernas bajo el Monte Calvario. Según la tradición, en estas grutas Santa Helena encontró entre los escombros la cruz del Señor. En una de las piedras observamos grabadas palabras: DOMINE IVIMUS, que significa: Señor hemos venido. Esto significa que los cristianos de los primeros siglos peregrinaban a este lugar y aquí dejaron su recuerdo y su signo de fe con este escrito. Por encima de estas palabras se puede ver el dibujo de una sencilla canoa.

Me acordé del lema que el beato Juan Pablo II escogió para el Tercer Milenio del cristianismo: Remar mar adentro. Y otro pensamiento: La cruz se puede contemplar desde fuera y desde dentro. Si la miramos desde fuera entonces nos quedamos muchas veces con el sufrimiento, con las tinieblas de la muerte del Señor. Si la contemplamos desde dentro entonces se abre el espacio hacia la luz del perdón (perdónales porque nos saben lo que hacen), con la luz de la misericordia (hoy estarás conmigo en el paraíso), con la luz de la confianza (Padre en tus manos encomiendo mi espíritu)…

Y en la vida cotidiana, si nos miramos solamente desde fuera, nos quedamos muchas veces con los chismes, juicios, reproches… Pero si nos atrevemos mirar desde dentro entonces el reproche se transforma en acogida, la critica en misericordia, el odio en amor. Porque la mirada desde dentro proviene de Dios que está dentro de nosotros, que no vino para juzgar sino para salvar.

Queridas Hermanas y Hermanos:

Gracias por acompañarme en mi peregrinación, en mi descanso y en mis encuentros donde tengo presente todos estos desafíos que debemos llevar adelante. Ustedes están presentes en mi peregrinar de cada día. Espero que el mes de septiembre, mes especial de la acogida de la Palabra de Dios, nos ayude a dar testimonio del Señor en el lugar donde estemos.

Espero que el Encuentro Bíblico en San Ramón los días 8 al 10 de septiembre, produzca muchos y buenos frutos. Por intercesión de la Virgen de Nazaret, peregrina, les bendiga el Señor.

Fraternalmente: +Antonio Bonifacio Reimann, OFM

Jerusalén, 23 de Agosto del 2011