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MONS. ANTONIO FE + CARIDAD = MISIÓN

“Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la Bue-na Nueva del Evangelio […]: la evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana” (Benedicto XVI – Domund 2013).

Estimadas Hermanas y Hermanos

Nuestro Señor Jesucristo nos permite nuevamente celebrar y vivir en el mes de Octubre la Jornada Mundial de las Misiones, enmarcada en el Año de la Fe, para que se cumplan las palabras del Señor: “… y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tie-rra” (Hch 1,8).

En este año el día sábado, 26 de octubre, celebramos ya el cuarto aniversario del lanzamiento de la Misión Permanente en el Vicariato (3.10.2009). Hace cuatro años, la delegación de cada parroquia, encabezada por el párroco, ha recibido el Tríptico de la Misión Permanente. Recordemos que en el cen-tro de este tríptico está él Señor resucitado, subiendo al cielo y enviando a los discípulos a todo el mun-do (cf. Mt 28, 16-20). En las partes laterales del tríptico encontramos las siguientes escenas bíblicas: Boda de Cana (Jn 2,5); la llamada a los primeros discípulos (Lc 5,11); multiplicación de los panes (Mt 14,16). Y en la parte derecha (mirando de frente al tríptico) encontramos: Jesús con los discípulos de Emaús (Lc 24,32); la venida del Espíritu Santo en Pentecostés (Hch 2,4), y la última escena, San Juan Diego y otros discípulos evangelizando (Lc 24, 48). En la parte superior del tríptico está el Padre Eter-no enviando al Espíritu Santo. A ambos lados, santo Toribio de Mogrovejo (1538-1606) patrono de los obispos de América Latina, y Santa Rosa de Lima (1586-1617), primera santa latinoamericana.

El tríptico de Aparecida se podría denominar “El Evangelio de Aparecida”. El papa Benedicto XVI lo regaló a los Obispos que participaron el V Conferencia General del Episcopado Latinoamerica-no y del Caribe. Nos quiere recordar los puntos cardinales de la Nueva Evangelización: la escucha y el cumplimiento de la Palabra que desemboca en el seguimiento al Señor; sólo los que lo siguen saben compartir el pan material, el pan de la palabra, y el pan eucarístico; finalmente, la docilidad al Espíritu del Señor que nos impulsa hoy a la misión.

Contemplando este tríptico vale la pena preguntarnos: ¿Ocupa el tríptico de Aparecida un lugar visible en nuestro templo? ¿Hacemos la referencia a este acontecimiento de Aparecida, reflejado en el tríptico: en las homilías, en la catequesis, en los encuentros pastorales? ¿Con cuál de las escenas bíbli-cas nos identificamos más, si evaluamos los cuatro años de la Misión Permanente?

Hoy he querido fijarme atentamente en este icono de Aparecida. Sentía que la riqueza del con-junto nos podía desbordar y que bastaba, una sola escena, para situarse en la realidad y agradecer los pasos que se van dando en nuestro Vicariato y en cada parroquia.

Y al mirar la boda de Caná recordé la meta que se nos ofrecía, como objetivo general, de la mi-sión permanente. Era muy concreta y renovadora a la vez; y usaba palabras que evocan el ambiente propio de una fiesta: “alegría, entusiasmo, fascinación…”. Podemos hacer memoria juntos:

“En fidelidad y obedien-cia al Espíritu Santo, animar y acompañar a cada bautizado y comunidad a retomar con alegr-ía, entusiasmo y fascinación su encuentro con Jesucristo vivo pa-ra que, a través de un proceso de conversión personal y eclesial, vivan como discípulos misioneros al servicio del Reino de la Vida”.
Y después de recordar la meta, volvamos a nuestra realidad para preguntarnos ¿dónde esta-mos? Es un ejercicio que siempre ayuda a vivir con gratitud los do-nes y a ser humildes ante nuestra fragilidad. Podríamos enumerar algunos logros del presente año, seguramente hay muchos más:
La conclusión del primer nivel de la formación de los catequistas al estilo de Jesús.
 El encuentro con la Palabra de Dios en las distintas zonas y en las parroquias, con el acompaña-miento del equipo de animación bíblica.
 El proceso más prolongado, asociado sobre todo al año litúrgico, ya no tanto al escolar, en la pre-paración para el sacramento de la Eucaristía y de la confirmación …

 El buscar espacios de encuentro entre los sacerdotes y entre las religiosas…

El seguir impulsando desde las distintas comisiones las tareas programadas…

Estamos en la escena de Caná. Por un lado experimentamos la alegría de la presencia del Señor en nuestra vida; y por otro lado, el hecho de la falta de vino nuevo, el vino de entusiasmo por el Re-ino de Dios que está en medio de nosotros. Hay tantas vasijas vacías a nuestro alrededor… Sentimos en tantas ocasiones que no tenemos vino que ofrecer y que los invitados están lejos de percibir el sufri-miento callado que transcurre en medio del banquete. ¡Qué miste-riosas resultan a veces las palabras que Jesús dirige a su Madre!: “¿Qué quieres de mí, mujer? Todavía no ha llegado mi Hora”.

Vigilantes siempre del paso del Señor; atentos para que, al llegar su Hora nos encuentre, en la misión con el deseo de ser me-diadores entre el pueblo y su proyecto salvador; a la escucha de la Palabra que sale de su boca… No podemos dudar de que también, hoy, resuenan las palabras de María, madre de Jesús y madre nues-tra, presente en nuestra Iglesia: “Hagan lo que Él les diga”.

Esta invitación nos impulsa a renovar la fidelidad y el entusiasmo, a no cansarnos de volver a las vasijas vacías y esperar con paciencia la transformación, la conversión personal, pastoral, y eclesial. Grati-tud y renovado esfuerzo son las claves del servicio al Reino de la Vida.
Nos acompañamos en la preparación de la celebración del IV Aniversario con una oración ferviente en las parroquias, y les bendigo fraternalmente:

Mons. Antonio B. Reimann, ofm