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Mensaje del Papa Francisco en el Domund 2015: “Misioneros de la misericordia”

En el contexto del año de la Vida Consagrada el papa Francisco ha destacado que toda la existencia de Cristo tiene un carácter misionero y por eso los hombres y las mujeres que le siguen más de cerca asumen plenamente este mismo carácter.

La dimensión misionera pertenece a la naturaleza misma de la Iglesia y es intrínseca a toda forma de vida consagrada, pues la misión es una pasión por Jesús y por su pueblo. Se pide a los consagrados que escuchen la voz del Espíritu, que los llama a ir a las grandes periferias de la misión, entre las personas a las que aún no ha llegado todavía el Evangelio.

Al conmemorarse el quincuagésimo aniversario del decreto conciliar Ad gentes el papa Francisco subraya que es urgente volver a proponer el ideal de la misión en su centro: Jesucristo, y en su exigencia: la donación total de sí mismo a la proclamación del Evangelio.

En el centro de su mensaje Francisco recuerda que los destinatarios privilegiados del anuncio evangélico son los pobres, los pequeños, los enfermos, aquellos que a menudo son despreciados y olvidados, aquellos que no tienen cómo pagarte (cf. Lc 14,13-14). La evangelización, dirigida preferentemente a ellos, es signo del Reino que Jesús ha venido a traer: “Existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solos” (Evangelii gaudium, 48). Especialmente en la vida consagrada con el voto de pobreza se escoge seguir a Cristo en esta preferencia suya, no ideológicamente, sino como él, identificándose con los pobres, viviendo como ellos en la precariedad de la vida cotidiana y en la renuncia de todo poder, para convertirse en hermanos y hermanas de los últimos, llevándoles el testimonio de la alegría del Evangelio y la expresión de la caridad de Dios.

Es preciso promover, en el servicio de la misión, la presencia de los fieles laicos. Ya el Concilio Ecuménico Vaticano II afirmaba: “Los laicos cooperan a la obra de evangelización de la Iglesia y participan de su misión salvífica a la vez como testigos y como instrumentos vivos” (Ad gentes, 41).

Las Instituciones y Obras misioneras de la Iglesia están totalmente al servicio de los que no conocen el Evangelio de Jesús. Para lograr eficazmente este objetivo, éstas necesitan los carismas y el compromiso misionero de los consagrados, pero también los consagrados necesitan una estructura de servicio, expresión de la preocupación del Obispo de Roma para asegurar la koinonía, de forma que la colaboración y la sinergia sean una parte integral del testimonio misionero.

El papa concluye su mensaje destacando que la pasión del misionero es el Evangelio. San Pablo podía afirmar: “¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!” (1 Cor 9,16). El Evangelio es fuente de alegría, de liberación y de salvación para todos los hombres. La misión de los servidores de la Palabra es la de poner a todos, sin excepción, en una relación personal con Cristo.

José Cervantes Gabarrón, sacerdote misionero y profesor de Sagrada Escritura