Análisis

MASITAS Y MASISTAS

Cuando llega el primer día de cada mes, un rayo de esperanza ilumina mi pobre vida y me pongo al lado del teléfono para responder a una dulce voz española, que me dirá invariablemente: “Hola, cholito mío, acabo de ordenar a mi banco tu remesa correspondiente al mes que comienza, porque no quiero que te prives de nada mientras yo viva…” Remesa viene y besos van, mientras mentalmente me burlo de los apuros que pasa el ministro de Economía y Finanzas, Luis Arce Catacora, para solucionar la crisis de este sexenio del siglo 21.

Después de bailar solo un pasodoble y de agradecer a Dios y a mi españolita, llegó a casa mi comadre cochabambina, y antes de que abriera la boca, le dije: “hoy le pagaré los intereses mensuales que le debo por los préstamos que me concedió estos dos últimos años”, anuncio que la hizo feliz y la obligó a poner ante mis ojos incrédulos un lote inmenso de masitas que los panaderos artesanos hornean para la festividad de Todos Santos y que anualmente saboreo con deleite porque me recuerdan a mi lejana niñez. Al contemplar sobre mi mesa tal cantidad de masitas obsequiadas por mi comadre Macacha, quise abrazarla y besarla (en la mejilla)  pero la ágil quillacolleña me burló con un juego de cintura y no logré mi agradecido propósito, diciéndome sentenciosamente: “Usted es solamente mi ‘guaga-bizcocho’ y respetos guardan dentaduras”.

Me gustó que mi pariente espiritual me dijera “guagua-bizcocho” y comenzamos a armar la mesa colocando las masitas tradicionales, y las fotografías de nuestros difuntos más queridos, creyendo firmemente en que sus espíritus vendrían a visitarnos por algunas horas y probarían las masitas que gustaron mientras vivieron.

Mi comadre me preguntó si sabía algo acerca de la festividad de Todos los Santos que hoy celebramos, por lo que recordando la historia de la Iglesia le dije: “Debe usted saber, comadritay, que nuestra Santa Madre Iglesia siempre honró a los santos y mártires designando un día para recordar los ejemplos de sus vidas y solamente en el siglo VII creó esta festividad de Todos los Santo”.

La cholita escuchó con atención y, luego, me dijo que en su pueblo, alguien le había dicho que sólo había santos en Bolivia desde la llegada del Evo al poder y que todos los anteriores habían sido ignorantes, pecadores, ladrones, dictadores y neoliberales.

Le dije que eso no era verdad y que en todos los tiempos de nuestra historia y también actualmente hay hombres virtuosos y pecadores.

Dentro de su poca formación religiosa, Macacha me preguntó si yo conocía algunos santos masistas, respondiéndole que no, aunque hace pocos años, se habló de un Santos Ramírez, presidente de YPFB, y también de un santo tiwanakota que entronizó a Evo como apu mallku y que después obró el milagro de convertir harina en cocaína, pero esos santos aún no fueron beatificados.

Macacha concluyó: “Entonces, no hay que confundir a estas masitas con santos masistas”.