Análisis

Los límites de la libertad de expresión

Por supuesto que ser periodista no supone tener carta libre para difundir alusiones, insinuaciones, juicios de valor y adjetivos calificativos, aprovechando que tiene acceso a los medios de comunicación en lo que trabajan y que tienen posibilidades de difundir ensayos, artículos y comentarios para tomar posición respecto a un tema de interés colectivo.

La libertad de expresión de cualquier ciudadano, independientemente de su condición laboral, de raza, género, religión, partido político tiene sus propios límites y esos límites acaban cuando empieza la libertad de la otra persona que tiene dignidad, honorabilidad y derecho de ser respetado en su vida privada y social.

Por tanto, el periodista debe tener mayor cuidado cuando hace uso del artículo, de la columna, del comentario donde expresa su opinión, su forma de pensar y de percibir los hechos con respaldo y fundamento, pero otra vez, eso no le da el derecho de calumniar, difamar, injuriar, dañar el honor y la dignidad de las personas ni de las instituciones, si su trabajo es profesional responsable y por encima de intereses particulares que contribuyen a deteriorar las relaciones humanas.

Como todo derecho natural, la libertad de expresión implica la posibilidad que tiene el ciudadano para expresar sus ideas y su pensamiento, pero siempre en el marco del respeto, la responsabilidad y la honestidad periodística que deben ser los valores y principios que guíen permanentemente su trabajo.

No respetar el Código Deontológico que guía y orienta el trabajo que desarrolla el periodista es pasarse de soberbio, arrogante, irracional, irrespetuoso y que habitualmente no se da en el gremio periodístico, salvo algún desadaptado que busca protagonismo y espacios de poder para dañar a personas e instituciones en las que está involucrado y que por falta de lealtad se anima a escribir improperios que están fuera de lugar.

Insisto que la libertad de expresión no da derecho a nadie, ni siquiera al que dice ser periodista, para dañar y mellar la dignidad de las personas e instituciones. Las normas éticas constituyen principios que regulan el comportamiento de las personas para contribuir en la consolidación de las buenas costumbres que ayuden a generar espacios de bienestar y de armonía en la sociedad.

Es importante insistir que la libertad de expresión tiene sus propios límites que son naturales y que tienen vigencia en cualquier lugar del planeta, en la medida en que se respeta el honor, la dignidad y la imagen de las personas y de las instituciones que se deben a un grupo o una comunidad que respalda y avala sus actitudes, sobre la base del intercambio y la interacción permanente que se desarrolla en la vida cotidiana.

“La libertad de uno empieza cuando termina la libertad del otro” dice el adagio, eso quiere decir que el otro tiene sus propios valores, actitudes, pensamiento, percepciones y pautas de comportamiento que determinan su forma de ser y de actuar en la sociedad, enmarcado en lo que mandan las normas jurídicas y éticas y que debe ser respetado desde cualquier punto de vista, siempre en resguardo de los valores y de la dignidad de la personas con base en la Constitución Política del Estado y leyes conexas.

Aclarar que la libertad de expresión no es un derecho que corresponde solo a favor del periodista, es también un derecho natural de cada ciudadano que debe precautelar en cualquier espacio, sea público o privado, donde las personas son lo más preciado e importante en el grupo social al que frecuenta.

El autor es comunicador social y docente universitario