Análisis

LOS CULTIVOS DE COCA

Lo sucedido con el Gral. René Sanabria refleja que algo grave estaba pasando en las mismas estructuras de la lucha contra el narcotráfico, y si de esto no tomamos conciencia los bolivianos, en particular el Gobierno, más temprano que tarde tendremos que lamentarnos, y muy seriamente, puesto que el pueblo recién está empezando a sentir en carne propia lo que significa tener el narcotráfico en las calles, aunque representantes del Ejecutivo afirman que tienen planes bien concebidos para hacerle frente.

No obstante, la penetración a Bolivia de organizaciones criminales o mafias ligadas a este flagelo de lesa humanidad, llamados cárteles, provenientes de Colombia, México, Brasil y otros países, demuestra que no se está haciendo lo suficiente para frenar su expansión.
A raíz de la escalada de violencia que últimamente se ha registrado en el país, especialmente en nuestro departamento, es conveniente discutir si se ha realizado más o menos operativos para combatir el mal o si existen realmente cárteles de droga en Bolivia, puesto que ingresan de forma secreta y sin instalar una oficina con su letrero; lo hacen financiando líneas de rescate de droga a través de canales de exportación o de rutas del narcotráfico, al parecer con la anuencia de agentes que precisamente tienen la misión de reprimirla.

Lo cierto es que el actual Gobierno tiene una responsabilidad que no puede eludir, ya que hoy por hoy existen 10.000 hectáreas nuevas de cultivos de coca en el país (este es un dato objetivo de la ONU y de la propia Felcn). Hay producción de clorhidrato y de pasta base de cocaína que prácticamente ha duplicado lo que producía el país en los últimos cinco años, que aproximadamente eran 70 toneladas métricas, y hoy se calcula que son 140.

Consideramos que esto ocurre como consecuencia de políticas erradas del Gobierno y como fruto de la flexibilización del control de los cultivos de coca, que si bien no es cocaína, sin aquella no puede elaborarse. Alguien dijo: “De milenaria ha pasado a millonaria” (esta planta), que abusivamente es cultivada en parques y reservas ecológicas protegidas como Choré, Amboró y otros.

El hecho de haber expulsado a la DEA y no haberla remplazado con otro organismo similar ha dado paso a todas estas falencias.
Lo dicho: la lucha contra el narcotráfico debe empezar por ejercer un mayor control de los cultivos de coca, de modo que se reduzca a cero la hoja excedentaria que tiene como destino la producción de cocaína. Esperamos que el presidente no se cierre en su política antidroga y realice las enmiendas que hay que hacer. ¡Hasta la próxima!