Análisis

LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y ELECCIONES JUDICIALES

La viveza y picardía de los masistas no tiene límites. Hace poco el presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Wilfredo Ovando, dijo: “No quiero pensar que hay ciudadanos que estén convocando a realizar un voto en blanco porque cualquier pedido sobre cómo votar estaría conculcando el derecho privativo que tiene cada ciudadano de cómo votar y eso lo vamos a determinar en pleno con el conjunto del TSE”.

Según este señor, “cualquier pedido sobre cómo votar estaría conculcando el derecho privativo que tiene cada ciudadano de cómo votar”. Por supuesto, si esto fuera cierto, no existiría un solo político que no fuera culpable de conculcar el derecho privativo al voto, ya que quienes se postulan a cualquier cargo político pasan meses de campaña precisamente pidiendo a la gente que vote por ellos; y nadie sería más culpable de “conculcar el derecho al voto” que el mismo jefe del señor Ovando, Evo Morales, que gasta millones de dólares en recursos del Estado para recordarnos todos los días por qué debemos votar por él y solo por él.

Pero por supuesto la declaración de este señor no tiene como objetivo defender los derechos de nadie, ni mucho menos garantizar un proceso transparente, sino al contrario, pretende negar a quienes se oponen al proyecto totalitario del Movimiento Al Socialismo (MAS) la posibilidad de denunciar un proceso electoral destinado a posesionar a jueces tan mediocres y tan serviles como el mismo presidente del TSE.

En realidad, la intención de este señor es precisamente conculcar derechos que él dice defender. La libre expresión es siempre incómoda para las dictaduras; por ello es una de las primeras cosas que conculcan. Como el MAS tiene que aparentar llevar un gobierno democrático y republicano, no puede prohibirla, pero puede limitarla mediante leyes, amenazas, extorsiones y procesos judiciales.

Quien dirige el TSE debe ser una persona prestigiosa, de reconocida y honrada trayectoria, que tenga el consenso y la confianza de las fuerzas políticas, tanto de oficialismo como de oposición. El actual presidente del TSE no cumple estos requisitos y es solo un peón al servicio de este proyecto totalitario puesto a dedo por Evo Morales.

Quien dirige el TSE debería ser un férreo defensor de la libertad de expresión, pero no es así. Le tocará a la sociedad civil, los políticos de oposición y la prensa independiente luchar para defender ese derecho.