Destacadas

«Las tiranías opuestas al Reino de Dios, pronto o tarde caerán» Mons. Robert Flock

Homilía de Mons. Robert Flock

Obispo de la Diócesis de San Ignacio de Velasco

Tercer Domingo de Adviento – 12 de diciembre del 2021

«Alégrense siempre en el Señor»

Queridos hermanos en Cristo.

Domingo de la Alegría y fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe

El Tercer Domingo de Adviento es conocido como el Domingo de la Alegría porque representa la cercanía de la venida de Jesús. Este año coincide con la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, Santa Patrona de Las Américas y de la Nueva Evangelización, motivo adicional de alegría para los creyentes.

«Alégrense siempre en el Señor»

En la segunda lectura, san Pablo nos exhorta: «Alégrense siempre en el Señor». Quiero reflexionar un poco sobre este tema de la alegría, ya que no faltan motivos para la tristeza. Observo que incluso aquí en el oriente, cuando nos acompaña una banda militar, siempre viene como aguafiestas, porque su canto favorito es: “A tus pies, Madre, llega un infeliz”. No es, por cierto, mi canto favorito a la Virgen, aunque reconozco, que a veces, para sentir un poco de alegría, hay que desahogar las tristezas, incluso con la confesión de sus pecados. Lamentablemente, a veces, confundimos la alegría con la euforia que provoca el alcohol que, a su vez, se convierte en vicio y motivo de mayor tristeza y dolor.

Alegría y agonía deportiva

Les confieso que una de mis pequeñas tristezas es que, a pesar de mis muchos años en Bolivia, soy más aficionado al Football Americano, que al balón pie, que cuando lo jugaba todavía, siendo más joven y menos gordo, de vez en cuando tuve la alegría de meter un gol, pero pague un precio muy fuerte; ojo negro, dos brazos rotos, cirugía del ligamento anterior cruzado, y tres dientes; tuve que dejar, porque en mi muy apasionado y nada fino jugar, temía que la próxima cosa a romperse sería mi cuello. Sospecho que mucha de la pasión de los aficionados del deporte, es una compensación por la juventud perdida, que se vive vicariamente mediante sus hijos o con su equipo favorito.

En cuanto al Football Americano, mi equipo son los Green Bay Packers, que esta noche les toca jugar contra los Osos de Chicago. Actualmente se considera a los Packers como el segundo mejor equipo de toda la liga, con buenas posibilidades de ganar el Superbowl. Naturalmente, espero que sea así, y tal cosa será para mi motivo de alegría. Pero como toda victoria deportiva, aquella alegría es pasajera.

Alegrías y tristezas más profundas

Si el deporte es motivo de alegría o tristeza, según las fortunas de nuestro equipo, lo que está en juego es relativamente insignificante en comparación con las victorias y derrotas en otros ámbitos de la vida. No tengo personalmente la alegría de los enamorados que consolidan su amor y su familia, ni la tristeza de los que fracasan en esto, pero lo he compartido con mis diez hermanos, y en menor grado con mis muchos sobrinos. Le doy gracia a Dios que los éxitos son mucho más que los fracasos, las alegrías mucho más que las tragedias, pero hay de todo, como en toda familia.

Para mi en cambio, fue una gran alegría ser aceptado al seminario con beca, aunque no podía explicar porque quise ser sacerdote. Similar alegría ha acompañado después de 12 años de estudio mi ordenación sacerdotal y episcopal; aunque muchas veces las responsabilidades y los problemas son grandes. He aprendido que el peso de las dificultades se desvanece cuando trabajamos en equipo con buena gente. Los fracasos se convierten en motivos de aprendizaje, más que de tristeza. Hay una sabiduría sobre esto en la saga de Star Wars, cuando Yoda le dice al ya viejo Lucas Skywalker, que el fracaso es el mayor maestro.

Alegría y decepción en las luchas políticas

Confieso que personalmente fue motivo de gran alegría cuando la revolución de las pititas logró su objetivo, como ahora motivo de mucha preocupación que el Movimiento al Socialismo vuele al poder. No se trata, como en el deporte, de que gane o pierde mi equipo. Sinceramente veo al MAS como una gran amenaza, no por representar izquierda contra derecha —para mí son iguales— sino por querer absolutizarse con el poder en contra de la democracia y en contra del Reino de Dios, y por consiguiente en perjuicio de Bolivia y en perjuicio de la Iglesia.

¿Alégrense siempre en el Señor?

¿Cómo vivir lo que aconseja san Pablo: «Alégrense siempre en el Señor», cuando parece que estamos perdiendo estas luchas? ¿Cómo alegrarse en el Señor?, cuando tenemos que lamentar la pérdida de amigos y familiares por Covid19, o por accidentes, o por violencia. ¿Cómo alegrarse en el Señor?, cuando incluso reconocemos que nosotros mismos le fallamos al Señor? En esto, lo que está en juego es mucho más grande que un campeonato deportivo.

La Santísima Virgen María nos ayuda.

La Santísima Virgen María nos ayuda. A ella le tocó sufrir aquella espada que atraviesa el corazón. Pero su cántico expresa algo más profundo: «Mi alma proclama la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador». Entre otras cosas observa: «Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes». Celebra, no una victoria propia, sino de fidelidad de Dios cuya victoria salvadora no se puede evitar. «El Señor ha hecho grandes obras por mí». Además: «Auxilia a Israel su siervo, acordándose de su santa alianza según lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».

La victoria de Dios es imparable

Aunque no soy muy optimista a corto plazo para Bolivia, dada la conjuntura actual, sé que pase lo que pase, las tiranías opuestas al Reino de Dios, pronto o tarde caerán, porque la victoria de Dios es imparable. El mismo Dios, nos señale esto. Pues, sabiendo todo lo que está por delante para su Hijo Amado, empezando con la maldad de Herodes y terminado con la Cruz, aun así, al nacer el niño Jesús, envía a los Ángeles para decir a los pastores: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo».

Queridos hermanos, no sé si va a ganar Green Bay esta noche, pero sé que va a ganar mi Dios, y que yo voy a ser parte de su victoria. «Alégrense siempre en el Señor».