Cochabamba

La Sagrada Familia

Queridos hermanos,

Hoy, como parte de la Natividad, celebramos a la Sagrada Familia de nuestro Señor Jesucristo, la Santísima Virgen María y San José. Son el modelo de la familia cristiana, donde la goza de la vida en abundancia y se vive en intimidad con Dios y en amor uno al otro. Dios no dudó en enviar a su Hijo Único al mundo en medio de pobreza y peligro y a entregarle a la crueldad de la cruz para la salvación de los hombres, pero aseguró que tuviera los mejores padres posibles para su niñez, adolescencia y juventud. Su madre es la Esclava del Señor, llena de gracia, amor y bondad. Sus cualidades naturales de mujer y madre para proteger y criar a su hijo no son disminuidos por los complejos y discapacidad que provoca el pecado; más bien son perfeccionados por la presencia del Espíritu Santo. San José es descendiente de David, un hombre justo delante del Señor. Su actitud de hombre, marido y padre es puesto a prueba por las circunstancias extraordinarias del nacimiento de Jesús: concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nacido en pleno viaje por el censo del César, y perseguido por el malévolo rey Herodes. No es más que un simple carpintero, pero sabe responder a cada situación con absoluta entrega, fidelidad y sabiduría.

La preocupación de Dios Padre, para que Jesús tuviera una familia excelente, no significa que desea menos para nosotros. Jesús explica que ha venido para que tengamos vida, y vida en abundancia, y esto significa no solamente la salvación de las almas, sino sobre todo la salvación de las familias.

Con justa razón se reconoce a la familia como célula base para la Iglesia y para la sociedad. Porque de la calidad de la vida familiar depende el bienestar de las personas y su capacidad de contribuir al bien de los demás. Del fracaso de la familia, provienen los niños de la calle, las pandillas criminales y los embarazos tempranos y toda clase de personas inadaptadas.Por otro lado, de las familias bien constituidas provienen las personas con vocación de servicio que contribuyen a solucionar los problemas. Incluso es sabida en la Iglesia que las vocaciones religiosas y sacerdotales típicamente provienen de buenas familias.

Somos conscientes de que la familia hoy sufre ataques desde varios frentes. En primer lugar está la pobreza que roba los recursos para una vida sana y atenta contra la dignidad de quien buscar proveer honestamente para su hogar. Para enfrentar eso se requiere unidad solidaria dentro y entre las familias. En vez de pelear entre familiares, hay que luchar unidos para seguir adelante. Segundo, están las ideologías que quieren redefinir la familia quitando su naturaleza esencial como unión entre marido y mujer cuyo amor engendra y cría a los hijos. Requiere desenmascarar los engaños de este mundo materialista y la convicción de caminar según la Palabra de Dios.

Finalmente, somos pecadores. Ninguno de nosotros gozamos de la perfección de la Virgen María, San José y el mismo Jesús. Por eso, con humildad reconocemos nuestras debilidades; sepamos pedir perdón y sepamos perdonar. Buscamos la ayuda de Dios para cumplir con nuestra responsabilidad y aprender a superar nuestros egoísmos y amar de veras. Recordamos que hasta María y José dependían no de sus propias fuerzas, sino de la gracia de Dios para quien nada es imposible, y cuyo poder se perfecciona en la debilidad (2 Cor 12,9).

Mons. Robert Flock
Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Cochabamba