Análisis

LA OEA QUIERE BAILAR EN EL GRAN PODER

Eso de tener una comadre joven tiene sus bemoles y uno de ellos es que a veces te quiere hacer bailar al ritmo de ella, algo muy difícil para mí porque ya no estoy para esos trotes y sólo me queda el consuelo de “bailar en la boca de la gente”.

Después de sacudir mi humanidad haciéndome bailar con todas las Heroínas de la Coronilla que fueron agasajadas merecidamente en el Naiclú “Malena” de la ciudad de El Alto, me llevó el pasado domingo a la zona de Chijini para bailar en el llamado “último convite” de la fiesta del Gran Poder que no es otra cosa que el postrer ensayo de lo que será la entrada del próximo sábado.

Quise evadir ese compromiso bailable que ya había programado mi alegre protectora cochabambina, le manifesté que esta fecha coincidía con el Día de la Madre y que, como huerfanito que soy, debería llevar flores y oraciones al cementerio.

Ella reconoció mi argumento filial pero se dio maneras para convencerme de que deberíamos ir al Gran Poder, pues allí me esperaba el milagroso Señor para recibir mi promesa de bailar en su honor un año más y para entregarme un regalito en dinero que me ayudaría a sobrevivir el próximo mes de junio.

De esa manera llegamos al Templo de Jesús del Gran Poder para realizar mi promesa de bailar un año más en su honor y de recibir un milagroso dinerito que me sería entregado por mi comadre Macacha.

Ella cumplió religiosamente con el encargo del Señor del Gran Poder, aunque me advirtió que esos dolarcillos no venían como regalo milagroso sino como préstamo de honor de una cholita cochabambina a un caballero paceño.

Al salir del templo nos encontramos casualmente con nuestros amigos yatiris Wayruru, Calimán y Titirico que colaboran permanentemente a nuestro canciller Choquehuanca y nos contaron el natural nerviosismo de éste ante la Asamblea General de la OEA que se realizará en Tiquipaya (Cochabamba), el mismo día que comienza la entrada y los festejos del Gran Poder.

Ante esa coincidencia, varias delegaciones extranjeras le habían sugerido al Canciller anfitrión la asistencia simultánea a los dos eventos.

Los yatiris que creen saberlo todo, o casi todo, nos explicaron que todas las conclusiones de la Asamblea ya están estudiadas y aprobadas, por lo que sería factible que los delegados extranjeros bailaran en la fiesta y asistieran a la trascendental Asamblea que nunca resolvió nada importante.

Los yatiris nos revelaron a mi comadre Macacha y a este sagaz periodista que se hallaban inscribiendo a los astutos diplomáticos de la OEA en diferentes fraternidades folklóricas, como las Diabladas, las Morenadas, los Caporales sin olvidarse desde luego de los Auqui-Auquis, los Achachis Intocables y los Doctorcitos.