Análisis

La joya misionera de Curahuara

Curahuara de Carangas, ubicado en el extremo noreste del departamento de Oruro, figura en la historia de Bolivia como uno de los sitios tristemente célebres por los  campos de concentración, recintos destinados a enclaustrar a prisioneros políticos opositores al gobierno de turno en la década de los 50. Pero también alberga  un tesoro invaluable  del patrimonio de la humanidad , un testigo de piedra y adobe que  aún la sencillez arquitectónica resguarda en su interior como verdaderas obras de arte pictórico cargadas de historia, evangelización y testimonios de fe.

El territorio tiene una extensión de 2.823km2 y poco más de 6000 mil habitantes que descienden  de la cultura prehispánica de los Carangas que se desarrolló entre el 100 y el 1460 DC. Cuenta con 14 ayllus y es una población eminentemente rural.  La crianza de camélidos ha sido a lo largo de su historia la principal economía de sus habitantes. Presenta un paisaje singular poco común para  sitios que se encuentran entre los 3.800 y 4.100 de altura y una temperatura entre los 10º  y menos 30º en el invierno.

La Sixtina de América

La iglesia de Curahuara de Carangas inicia su construcción de 1587  y concluye en 1608 por  el español Juan Ortiz Vitasol y la orden de los agustinos que misionaron en esta región.  Este templo, uno de los más antiguos de Sudamérica declarado “Monumento Nacional” por la ley del 17 de noviembre de 1960,  alberga la imagen del apóstol Santiago, patrono del pueblo.

La iglesia fue construida por materiales de lugar adobe, piedra, cal,  techo de paja; tiene una nave central que es larga y angosta pero es lo que lleva en su interior lo que la hace merecedora del apelativo de la “Sixtina de América”.

Toda la superficie de paredes y bóvedas están cubiertas por pinturas que narran escenas bíblicas, pinturas que en su técnica denota colores ocres y cierta desproporción de los cuerpos humanos y presencia de símbolos de la cultura originaria como el sol y la luna, flora y fauna que demuestran fueron realizadas por indígenas adoctrinados por  los misioneros pero que no dejaron de lado sus creencias.  

Las pinturas de Curahuara de Carangas son otra clara muestra del sincretismo religioso fruto de la evangelización a los pueblos del nuevo mundo.

Según la historiadora Teresa Gisbert las pinturas del templo de autores desconocidos fueron elaboradas en dos fases en espacio de dos siglos, la primera en la época renacentista que cubren dos de los cinco retablos de la nave central y la segunda en el período del barroco mestizo.

El templo tiene 405 años de vida con toda esa riqueza catequética que ha sido posible conservar hasta nuestro tiempo.

El párroco de Curahuara explica que  los sacerdotes y misioneros tuvieron un gran problema con el idioma para evangelizar y  también se tenía la dificultad  del acceso a ese lugar;  el misionero necesitaba trasmitir la novedad de Cristo de manera fácil sencilla y que la gente lo comprenda y asimile. Es a partir de ello que se empieza a pintar la iglesia con temas que van desde el Génesis hasta el Apocalipsis.

Se aprecia en las pinturas episodios como “la expulsión de Adán y Eva del paraíso” “el arca de Noé” “el aro del pecado”  y episodios del Nuevo Testamento como “la última cena”  “Exaltación de María” “El juicio final”. Estas pinturas realizadas por los indígenas son entremezcladas con símbolos de las deidades de la cultura da Carangas.

Se puede apreciar  una diferencia abismal entre la primera etapa de pinturas donde se ve una proporción adecuada de tamaños y colores y la segunda etapa que ya fue realizada por los indígenas. Lo que no queda en duda es que las  pinturas fueron creadas  con un fin netamente evangelizador. Una vez que los  indígenas recibían la catequesis se bautizaban en la pila bautismal donde se aprecian pinturas con referencia a este tema.

Testimonio de fe imperecedero en el tiempo

El año 2009 se celebraron 400 años de evangelización y de catequización. En la celebración de este momento el obispo de Oruro recordaba: “Es necesario renovar la fe y mostrarla para acercarnos más al camino de Dios, la Capilla Sixtina del Altiplano se muestra como un atractivo turístico no sólo para el departamento de Oruro sino para Bolivia entera y el mundo, por lo que esperamos que a partir de ahora la capilla sea más concurrida no sólo por los fieles sino también por los turistas, ya que goza de un exquisitez única en todo aspecto”, afirmó.

Si duda impulsor de esta restauración del templo es el párroco de la zona, Padre Gabriel Antequera que llegó el 2007 e impulsó la restauración del las pinturas y la iluminación del templo, después se logro la restauración del altar mayor.

“Hoy podemos decir que esta situación ha provocado un giro de 180 grados en la comunidad que se siente identificada con la parroquia y que se siente corresponsable de velar por esta joya artística que es el templo”, señala Antequera.

La Sixtina de América es conocida en todo el mundo, son pocas las iglesias en el altiplano que ofrecen un legitimo testimonio  claro de la cultura indígena fruto de la evangelización y el sincretismo religioso.