Análisis

LA HORA DE LA VERDAD

Técnicos de la General Electric (GE) estuvieron la semana pasada en el país, convocados por la Jindal Bolivia (JB), empresa que les ha pedido diseñar una planta termoeléctrica capaz de generar 500 MW.

Dicha así, la noticia parece un detalle burocrático sin mucho relieve, como lo demuestra el hecho de que no recibió tratamiento especial del periodismo. Es una noticia de efecto retardado.

Cuando la GE entregue el informe solicitado por la JB, se conocerá cuánto gas natural hace falta para que opere la mencionada planta termoeléctrica, que deberá producir el equivalente a la mitad de la electricidad que se produce ahora en el país.
Y habrá llegado el momento en que Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos tenga que admitir que no cuenta con el gas necesario para semejante emprendimiento, y ni pensar en el gas que requerirá la planta siderúrgica para producir calor, en un volumen similar.
Será el momento de la verdad. Entonces nos enteraremos los bolivianos de si los gobiernos han sido previsores o no, y si han dejado, o no, el gas que necesita el país para su propio desarrollo interno.

Este hecho vendrá, con toda seguridad, a dar la razón a los bolivianos que en los años 70 cuestionaban los proyectos de exportación de gas con el argumento de que ese mismo gas sería necesario para los proyectos nacionales, comenzando por el desarrollo de Mutún.
Marcelo Quiroga Santa Cruz, Guido Capra y otros expertos decían en aquella época que con los 5 TCF de reserva de gas que tenía el país no se podía pensar en exportarlo, sobre todo si se quería avanzar en el proyecto Mutún, en otros proyectos industriales y en la termoeléctrica.
Yo seguí el debate aquel con mucho detalle. Y ahora me toca comprobar que el temor de aquellos expertos era acertado. ¡Si supieran esos amigos que ahora no hay gas ni siquiera para el consumo doméstico!

Entonces, quienes querían exportar el gas, decían, como el gobernante de ahora, aunque aquellos eran militares: ¿de qué vamos a vivir si no exportamos gas?

Vamos a vivir de exportar hierro, acero, productos petroquímicos, es decir, de valor agregado, replicaban aquellos amigos.
No los escucharon.