Análisis

LA DESAPARICIÓN DE PERSONAS

Estamos ante un fenómeno que por la magnitud que está adquiriendo en nuestra sociedad nos obliga a una muy vigorosa reacción colectiva

Tres hechos que durante los últimos días han sido abordados por los medios de comunicación de nuestro país, a pesar de lo difícil que es en circunstancias como las actuales prestar atención a cualquier tema que no esté relacionado con la vorágine de conflictos sociales, han puesto en evidencia que algo muy grave está pasando en la escala de valores que guía los actos de nuestra sociedad. Se trata de la desaparición de personas, fenómeno que pese a lo horroroso que es está relegado a un plano muy secundario de la preocupación colectiva.

Los tres hechos a los que nos referimos están relacionados con otras tantas causas de la desaparición forzada, desgracia de la que están siendo víctimas en nuestro país no sólo decenas, sino centenas de personas, con sus respectivas familias.

La primera vertiente de tan dramático fenómeno es al mismo tiempo la más espeluznante. Consiste en la desaparición de niños y adolescentes que de un momento a otro dejan de ser vistos por familiares, amigos, vecinos sin que nunca más se sepa de ellos. Según los más recientes reportes policiales, con cada año que pasa se incrementa considerablemente la cantidad de casos y es sólo una mínima parte de ellos la que de algún modo termina esclareciéndose. Lo que es aún peor, es que hay abundantes indicios que señalan que los casos reportados son sólo una parte muy pequeña de los que realmente se producen.

Una segunda causa de desaparición de personas, mucho menos grave en términos cuantitativos pero no por ello menos alarmante, está relacionada con la actividad de redes internacionales de tráfico de personas que ofrecen sus servicios de “importación” y/o “exportación” de gente con los más diversos objetos. A esta categoría pertenecen desde transacciones como las que se hacen para introducir migrantes ilegal y clandestinamente a países con leyes muy severas, hasta las relacionadas con la provisión de cuerpos para la extracción de órganos, pasando por la oferta de fuerza de trabajo en condiciones de esclavitud o, más frecuentemente, para la prestación de servicios sexuales en condiciones de abyección.

El tercer motivo que ha dado actualidad al tema está relacionado con las desapariciones de personas ocasionadas por los regímenes militares que durante los años 70 y 80 asolaron nuestro país como gran parte del continente, dejando en su camino familias que nunca supieron el destino que corrieron sus seres queridos. Se trata de una dimensión del fenómeno que felizmente y ojalá definitivamente pertenezca al pasado, pero no por eso deja de ser asunto del presente pues todavía son muchas las personas que quisieran saber qué fue de sus seres queridos o por lo menos que no se imponga la impunidad de la que gozan muchos de los autores de tanto dolor.

Como es fácil entender, cuando se hace referencia a las víctimas de las desapariciones se incluye no sólo a quienes dejan de estar presentes sin que se sepa si aún viven o no, sino también, y a veces principalmente, a sus familiares pues los sufrimientos psicológicos a los que son sometidos están sin duda entre los más difíciles de soportar.

Estamos pues, por la magnitud que el mal está adquiriendo en nuestra sociedad, por lo poco que se hace para afrontarlo y por la tendencia a verlo con creciente indiferencia, ante un desafío que demanda una muy vigorosa reacción colectiva.