Santa Cruz

Joven boliviano llevó la antorcha olímpica en Brasil

Aún no sale de su asombro por lo que le tocó vivir hace seis días. El cruceño Max Parada tuvo la posibilidad de transportar la llama olímpica en Gramado, una de las 83 ciudades de Brasil por donde hace su recorrido, allí hizo una posta de 200 metros. Este hecho se ha convertido en uno de sus mejores recuerdos y en un hecho histórico para Bolivia.

Max nació en Santa Cruz el 18 de agosto de 1982, tiene 33 años y es hijo del cruceño Gustavo Parada y de la brasileña Andrea Hammes, además cuenta con ciudadanía estadounidense debido a que radica en ese país desde hace 10 años.

Se graduará a fin de año como ingeniero de sistemas en Washington, donde trabaja al mismo tiempo en Visa, que es patrocinadora de los Juegos Olímpicos Río 2016. Precisamente la empresa en la que presta sus servicios anunció hace un año a sus trabajadores que enviaría a cinco de ellos para transportar la llama olímpica en Brasil, pero sería solo uno por continente.

Max cuenta que se postuló entre 140 aspirantes en EEUU, los que tenían que cumplir algunos requisitos como trabajar en equipo, brindar paz en el ambiente laboral y hacer deporte. 

Nuestro compatriota comentó que siempre trata de crear un buen ambiente en el trabajo, y que el hecho de ser cristiano y de asistir a una iglesia le ayudó bastante para ser el elegido pues realiza una labor comunitaria al hacer de traductor en su iglesia.

En el plano deportivo también cumplió con el requisito, pues le gusta correr, y aunque no lo hace a nivel competitivo participó en cuatro maratones en la capital estadounidense.

Después de postularse hace un año, en septiembre recibió la noticia de que había sido el elegido para portar la antorcha para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. El viaje de EEUU a Brasil se llevó a cabo el 6 de julio y dos días después le hicieron entrega de una mochila con una polera, un pantalón corto y la antorcha, todo codificado con el número 069. 

El 8 de julio, poco antes de las 13:00, Max Parada estaba listo con su antorcha esperando hacer el relevo en una de las calles de Gramado, que es un municipio brasileño del estado de Río Grande del Sur, situado a 115 kilómetros al norte de Porto Alegre. 

Una dominicana llegó con la llama olímpica y encendió la antorcha de Max, ante la atenta mirada de los ciudadanos, de periodistas, de gente del comité organizador y, sobre todo, de la gran cantidad de personeros de seguridad que no descuidaban detalle alguno.
 

Cuando todos pensaban que el boliviano iba a emprender el recorrido de los 200 metros, que le tocaba transportar el fuego olímpico, se arrodilló y dio gracias a Dios por ser bendecido con semejante privilegio.
Alguien se le acercó y lo amonestó verbalmente, pero le restó importancia y comenzó a trotar lo más lento posible, porque esos 200 metros quería que sean eternos.

Y vaya que se tomó su tiempo, pues empleó 4 minutos y 15 segundos desde que recibió la llama olímpica, recorrió los 200 metros y luego pasó el fuego a la antorcha de una nominada de Singapur. Ahí terminó su recorrido olímpico, pero al mismo tiempo comenzó a ver de una forma diferente la importancia de los Juegos Olímpicos.