Análisis

Javier Gómez: Juzgar a la ligera

El padre Pier Focconeti me dio un consejo basado en su propia experiencia: el día que te toque escuchar a alguien en consejería espiritual o confesión, ora diciendo al Señor: “Señor, que no sea yo quien hable sino Tú”. Cierta vez hice consejería espiritual a una persona sin estar debidamente preparado en la oración y fallé miserablemente. Es un error por el cual no he dejado de rezar hasta la actualidad, y que me ha permitido desde ahí orar, (como ya he mencionado en una columna anterior) por todas las personas a quienes he hecho pecar, he sido partícipe de su pecado, he escandalizado, he hecho daño, y he alejado Dios en vez de haberlas acercado.

Hay un viejo chiste de una madre que llamó a su esposo, preocupadísima porque su hijo estaba pintando todo de negro, absolutamente todo, en sus dibujos. El padre, alarmado, llamó a una psicóloga infantil, la cual se apresuró a ir a la casa de los padres y, al ver los dibujos, les dijo, “sí, evidentemente es un caso de revisión, así han comenzado personas peligrosas a lo largo de la historia, psicópatas, grandes dictadores, y demás… este niño podría estar teniendo una visión muy aterradora de la vida”. Enseguida llamaron a un equipo de expertos, y llevaron al niño a un panel de especialistas. Todos ellos se mostraron igual de alarmados, hasta que uno de ellos tuvo un momento de iluminación, y le preguntó directamente al niño “¿por qué estás pintando todo de negro?”, y el niño respondió “pues no tengo ningún otro color”.

El verdadero arte de escuchar está, no en presuponer nada acerca de aquel quien emite una conducta que a ti te parece inusual o que no calza con lo que tú crees que debería ser, está también en escuchar a la otra persona, en preguntarle “¿Por qué haces eso?”, y podrías encontrarte con realidades de fondo que hay que resolver y que están manifestándose en una conducta diferente.

Desde mi mala experiencia pasada, cuando me toca escuchar, hago oración, tanto para que el Espíritu Santo me ilumine para escuchar verdaderamente, no según mis propios criterios, y también porque intento hacer mías las palabras del padre Pier: “que no sea yo quien hable, sino Tú, Señor”.

Ya lo dijo san Francisco: “muchas personas no verán otro Evangelio que tu vida”. Cuando alguien decide abrir su corazón está haciéndose vulnerable a esa persona a quien lo abre. El cómo maneja esa persona que escucha, la información que recibe, puede hacer un gran bien o un gran daño, y aún más si se juzga a la ligera, o menosprecia lo que para el otro es importante, solo porque para nosotros no lo es. No todos tenemos la misma escala de valores y prioridades u obramos ni razonamos por las mismas razones. Si no escuchas bien, y luego quieres aconsejar, podrías hacer un enorme daño. Lo digo por experiencia. Dios con nosotros.

Autor: Javier Gómez Graterol, religioso / periodista

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