Santa Cruz

IGLESIA DE SANTA CRUZ REMEMORÓ LOS 50 AÑOS DEL IV CONGRESO EUCARÍSTICO NACIONAL

Bajo el lema “Todos Somos Uno en Cristo”, el miércoles 10 de agosto la Iglesia Católica de Santa Cruz rememoró los 50 años del IV Congreso Eucarístico Nacional, realizado del 10 al 13 de agosto de 1961 en Santa Cruz de la Sierra. La Celebración inicio con la Celebración Eucarística en el atrio de la Catedral, presidida por S.E. Cardenal Julio Terrazas en Acción de Gracias por San Lorenzo Mártir, Patrono de la Arquidiócesis de Santa Cruz, del Seminario y de la Catedral y por los 50 años del IV Congreso Eucarístico Nacional.

Terminada la Misa se salió en Procesión con la imagen del Santísimo, hasta el Cristo Redentor, la misma que estuvo encabezada por el Cardenal Julio, los Obispos Auxiliares, Sacerdotes. Religiosas, Religiosos y una gran cantidad de feligreses que se dieron cita desde tempranas horas de la tarde en la Catedral.

A los pies del Cristo redentor que ayer cumplió medio siglo de su creación por el escultor Emilio Luján y que fuera promovido por la Sra. Victoria Velazo de Tejada, Presidenta de las Damas Cruceñas en agosto de 1961, el Cardenal emitió un Mensaje.

Mensaje del Cardenal a los Pies del Cristo Redentor:

Muy amados y queridos hermanos y hermanas, el Cardenal ya no tendría que hablar, acaba de hablar el Señor y nos ha recordado algo que tiene que ser el gozo y la alegría del pueblo de Dios: Él es nuestra cabeza, cabeza de la iglesia, no somos un grupo amontonado de cualquier forma, no formamos un pueblo que no sabe en quien creer. Es claro para nosotros, Cristo el Señor es nuestra cabeza, Él que nos enseña a pensar como el Padre Dios quiere que pensemos, Él que nos enseña a movernos no por puro sentimentalismos, sino utilizando ese don extraordinario de la inteligencia para poder construir lo bueno lo justo y lo necesario.

Compartiendo las opiniones entre todos, dialogando entre todos, que no perdamos nunca la racionalidad que necesitamos para construir lo que necesita el hombre de hoy, para construir un mundo mucho más humano. Ojala mucho más parecido al mundo de nuestro Dios, donde todo es amor, donde todo es verdad, donde todo es fraternidad, donde todo es reconciliación.

Lo hemos hecho con esta Eucaristía y con esta procesión. Y hemos venido cantándole y rogándole al Señor, porque nosotros creemos que Él está presente en la hostia, nos ha mirado, nos ha escuchado, nos ha bendecido, ha vuelto a caminar con su pueblo, tal como lo hiciera hace cincuenta años atrás en el Congreso Eucarístico Nacional.

Hoy recibía el testimonio de unos de los sacerdotes también que tiene mayor edad, porque no todos acá habrán estado en el Congreso. No, al menos debe haber una minoría privilegiada, pero decía que este era el trayecto, las grandes celebraciones aquí en el campo Eucarístico y las procesiones hacia la Catedral o al revés desde la Catedral hasta aquí. El Señor caminado por su pueblo, entonces sin mucho asfalto, sin muchas losetas, sin muchos edificios para poder mirarlo desde palco. El pueblo caminaba con Él.

Y hoy hemos querido que esto lo reavivemos, porque en este caminar de nuestra vida cristo está con nosotros, porque en este caminar de nuestra existencia con todos los problemas y las dificultades nosotros sabemos que Él peregrina con nosotros para darnos cada vez más mayor esperanza y mayor certeza de su salvación que nos a traído.

El Santo Padre recalca constantemente -el Papa Benedicto- la fuerza del compromiso que deben tener los cristianos en todos los ámbitos sociales, tiene que partir para los hombres y mujeres de fe: De la Eucaristía. Allí está el Señor, sin gritos, sin amenazas, con sencillez y humildad propia de un Dios, que está llamándonos, convocándonos y dando su fuerza para que también demos signos de solidaridad autentica, de solidaridad sobre todo para aquellos hermanos y hermanas que tanto sufren.

Por eso es que tenemos que volver siempre al Señor que está en la Eucaristía, no para cerrar los ojos, sino para mirarnos y animarnos en nuestro caminar.

Cincuenta años de este Congreso Extraordinario, al que acuño recuerdo hoy día se están uniendo muchos hermanos, nos alegra todo esto. Pero también esta esté otro símbolo, el Cristo redentor, el Cristo que levanta las manos para abrazar a todos, para bendecir a todos, el Cristo que derramo su sangre por nosotros, el Cristo que nos recuerda cada día, que Él es la Verdad, el Camino y la Vida que hoy tanto anhelamos y buscamos.

Ahí esta esta imagen, una imagen que ha sido testigo de tantas cosas bonitas que le hemos podido decir, pero también de haber escuchado a lo mejor tantas cosas en contra de Él mismo. De este que es muestro maestro, nuestro guía, nuestro Padre, nuestro amigo. Cuántas veces hemos pronunciado palabras en contra de ese gesto extraordinario de abrazar a todos, hemos pronunciado palabras de odios, de rencor, de revanchas de cosas que no buscan la gloria de Dios, sino la gloria de unos cuantos que son pasajeros en el caminar de la vida.
Hermanos y hermanas, este cristo lo han testimoniado muchos, sigue siendo el centro de las referencias de todos los que llegan a esta ciudad, ya lo decíamos una vez: Cuanta gente que viene por primera vez a Santa Cruz, la señal más segura que se les da: El Cristo.

De ahí pueden ir para un lado o para otro, o para el frente o para atrás, pero este Cristo no solo es una estatua, esa una representación de alguien que habla, de alguien que convoca, de alguien que manda, de alguien que nos exige ser hoy valientes testigos de sus palabras, valientes testigos de nuestra fe, de nuestro amor y de nuestra esperanza.

Hermanos y hermanas, nos alegramos con esta gran fiesta, nos alegramos porque hoy el Cristo Redentor ha vuelto o esperamos al menos que vuelva a ocupar el lugar principal en nuestros corazones, el lugar principal en nuestras vidas, que si ahora hay edificios más altos que esta imagen, que nosotros sepamos llevarlo con altura, que sepamos llevarlo en el corazón y en la conciencia y sepamos sobre todo sembrar lo que Él nos ha pedido que sembremos con abundancia, para recibir también sus dones y sus bendiciones.

Felicidades a la Iglesia de Santa Cruz por esta doble conmemoración: nuestro Congreso Eucarístico, que ya lo podemos ir diciendo desde ahora, está despertando también una inquietud de convocar pronto al Quinto Congreso Eucarístico de Bolivia, para que así Bolivia vuelva a mirar al Dios de la Vida y de la Esperanza y lo vuelva a palpar caminando en medio de sus preocupaciones y problemas. Ojala que pronto lo hagamos también realidad este hecho.

Felicitamos pues a todo el pueblo de Dios y a toda la sociedad de Santa Cruz, por esta imagen. Que la tenemos que volver a poner en el corazón de nuestra sociedad, le han achicado algunas cosas de la rotonda, nos gustaría que el crezca cada vez más en nuestras mentes, en nuestro grupos, en muestras sociedad y seamos realmente aquellos portadores de la vida y esperanza que Él nos ofrece en abundancia para todos, que el Señor pues los bendiga. Amen.