Santa Cruz

HOMILÍA DEL CARDENAL TERRAZAS, 07-06-12

“Jueves 7 de junio: Solemnidad de Corpus Christi”

Queridos hermanos y hermanas

Esta mañana toda la iglesia ha rezado en la oración de laudes alabanzas a toda la creación. A todo lo que constituye la obra de nuestro Padre para que nosotros podamos también tomarlo en serio y hacer que se multipliquen los frutos en beneficio de todos.

Esta mañana me llamaba la atención un versículo que lo comento con ustedes: “Fríos y heladas bendigan al Señor”… creo que tenemos que tomar en serio esta invitación que hace el profeta.

En lugar de asustarnos creo que ustedes han sabido vencer la dificultad de moverse cuando hace mucho frio, les quiero agradecer en el nombre de nuestro Dios por este signo de comunión eclesial, por este signo de conciencia en un día en que como hoy, nos reunimos para poder purificar nuestra mirada, para hacernos realmente discípulos de un Dios que nos habla, que nos envía y que nos pide que llevemos a la práctica todo lo que El enseña.

La Palabra del Señor hoy, es una palabra que llega al corazón de nuestra Iglesia reunida en comunión con todas las iglesias de Bolivia y en comunión con la iglesia universal.

Somos el pueblo de Dios que recibe como centro de su vida la persona del Señor Jesús que se quedo en las formas de Pan y Vino para que nosotros no nos sintamos abandonados y olvidados, El está en medio de su pueblo. El Señor está presente en medio de los creyentes, en medio de todos los que se glorían de pertenecer a Cristo y de hacerlo conocer también por todos los demás.

Nos mueve la fe no otra cosa, nos mueve nuestra creencia, es una reunión de creyentes en el Señor, no es una reunión de gente amedrentada, asustada, de gente que cree convencer a los otros con gritos y amenazas.

Estamos reunidos para escuchar al Señor en un ambiente de Pascua, la Pascua que nos describe Moisés después de hacer a su pueblo las tablas de la ley y ese pueblo acepta la palabra de Dios y se compromete a llevarla a la práctica.

Aquí esta Jesús preguntando donde se comerá el Cordero pascual porque allí da inicio a la nueva pascua de la vida, la pascua del Señor que vence la muerte y el pecado, la pascua que no celebra cosas estériles o del pasado sino la pascua que lanza al creyente hacia adelante, que lo lleva a mirar con mayor confianza ese cielo abierto donde el Padre nos sigue bendiciendo en la persona de su Hijo y dándonos la fuerza de su Espíritu.

Es en este ambiente de Pascua cuando están reunidos todos los discípulos y la comunidad, allí se pronuncian las palabras que cambian la historia humana: “Este es mi Cuerpo”, lo dice tomando un pedazo de pan y partiéndolo, “este es mi Cuerpo y ustedes tienen que alimentarse de él”.

Hermanos y hermanas, ahí está el sentido de la Eucaristía, es una presencia del Señor humilde y sencilla pero llena de la fuerza de la Pascua capaz de terminar con todo lo que sea residuo del pecado o complicaciones con las injusticias con las maldades, alejándonos definitivamente de lo malo que tanto se pregona y adhiriéndonos al bien que el Señor nos ha traído cuando nos llama cada día, cada domingo de manera especial a compartir su presencia en medio de nosotros.

Este es el pan partido y compartido, esta es la esencia de la Eucaristía, por eso no tenemos miedo de pedir a todos los responsables que dejen sus actuaciones vánales y que escuchen por lo menos una vez al Señor que con humildad y sencillez siendo Dios se hace un pan que va alimentar no solamente (como hacemos nosotros las cosas materiales), sino el pan que alimenta el espíritu porque el espíritu es el que da vida, no es fuga hacia las nubes como quisieran algunos que fuéramos como creyentes en nuestra eucaristía.

En la presencia real del Señor en la eucaristía el cristiano se adhiere nuevamente al Maestro y el cristiano sabe que cuando el Señor nos pide compartir este pan –la Eucaristía- es también un llamado a mirar al hermano, a descubrirlo allí donde sufre, a tenerlo presente en su situación de pecado o de injusticia, allí donde la prepotencia no permite hablar con claridad, allí la voz del Señor que es voz suave del Espíritu debe llegar para que la esperanza nadie la mate sino todos trabajemos para que no muera entre nosotros la esperanza en la victoria final del Señor.

Hermanos y hermanas, nosotros también estamos convocados hoy a tomar el Cuerpo de Cristo con una realidad todavía mucho más llamativa y que nos llena de gozo, el Cuerpo del Resucitado somos nosotros, nosotros tenemos que hacer como el Señor el gesto de partir nuestra vida con los demás de compartir lo que somos y tenemos con los demás.

Debemos acercarnos para levantar al otro y no pisotearlo ni aniquilarlo. Tenemos que hacer como el Señor, el Pan que se entrega para que la vida sea abundante en nuestro medio, la copa que se comparte para que ya no estamos esclavos de una ley que ha pasado de una ley que no tiene porque repetirse nuevamente sino que somos herederos de la libertad de Jesucristo que entregó su vida libremente y nos manda a nosotros creyentes a hacer lo mismo en nuestros lugares de trabajo y existencia.

El Señor de la Vida nos dice una vez más que pertenecemos al pueblo renovado por El, ustedes pertenecen al pueblo que tiene vida, a aquellos que están llamados a hacer que todos los signos de vida de toda la creación nuestro bosques, aguas, todo absolutamente todo –sea- para el beneficio de la vida y no para negarla al hermano que pasa y que nos pide un vaso de agua para saciar la sed.

No valen escusas, no se trata de cerrar caminos para que nadie pase sino de animar a quienes todavía hoy pueden decirnos que la creación es para mantenerla y fructificarla no para derrocharla o dedicarla a otras cosas.

Tenemos que tener la capacidad hoy más que nunca de hacer como el Señor, signos concretos, para que la Pascua del Señor que ha sido el gesto más grande de la historia de la salvación, esa pascua la sigamos sintiendo al estilo de Dios, de Jesús, del Espíritu Santo con sencillez, con humildad sin discursos de esos que tratan de exacerbar más los ánimos.

Nosotros estamos llamados a sembrar esperanza, sembrar mayor amor a Dios porque la Eucaristía es el amor de Dios volcado a nuestro alcance, nos toca también ser testigos de la fraternidad de la solidaridad. Tenemos que tener la capacidad de poder enfrentar a todos no con palabras de odio sino con palabras de amor porque eso enseña el Señor en la Eucaristía.

Desde acá va nuestro abrazo a todos los hermanos y hermanas de Bolivia –decirles- que no tengan miedo al Señor, que no se asusten de la presencia del Señor, queremos realmente que en todo el país se vibre de amor, de comprensión de unidad.

Queremos que se acaben los espacios de temor y miedo, queremos que se mire a todos con cariño que miremos al que está sufriendo en lugares donde muchas veces los encontramos y pasamos de largo recordamos con cariño a quienes hacen de la calle su domicilio propio, recordemos con cariño a quienes no tienen un pan para almorzar durante un día, recordemos a todos aquellos que han perdido el sentido de la vida y matan y atracan sin pensar en las consecuencias.

Queremos llegar con nuestro afecto a todos los que no han pedido participar de la eucaristía a los que están privados de libertad a esos más de 4.000 hermanos que están en palmasola, a todos los que están en lugares de prisión en nuestro país.

Queremos llegar no con palabras huecas sino con la fuerza de la palabra del Dios que nos eleva y que camina con nosotros para que nadie nos pueda quitar la dignidad. AMEN.